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Navidad sin fiestas y alegría por decreto

Juan González Febles, Primavera Digital

Lawton, La Habana.- En el espacio limitado por la Avenida de Acosta, calle Dolores, calle Porvenir y calle Reyes en Lawton, asesinaron a un botero (taxista por cuenta propia) para robarle.

Es el cuadro típico de las navidades de hoy en Cuba. Se veían pocas luminarias navideñas. Sólo las de los autos-patrulla del Departamento Técnico de Investigaciones (DTI) y estas no son exactamente luminarias navideñas.

En el tramo comprendido entre la calle E en la barriada Lawton, hasta la avenida de Acosta, siempre en la línea recta a lo largo de la calle Armas, casi entre 12 y 14 cuadras, sólo hubo el 24 de diciembre, siete casas adornadas con motivos navideños. Esa noche del 24 de diciembre, sólo las familias habitantes de siete casas, tenían música o algún tipo de festejo.

La Habana está enferma de tristeza y de ira. Se convirtió en una ciudad violenta, sucia y triste. Quienes festejan la navidad hoy día, lo hacen por mandato del gobernante Partido Comunista, el mismo que eliminó por decreto la tradición en 1969. El gobierno necesita crear la imagen de una aceptación que no existe a nivel popular, para el régimen militar.

Doris M. tiene a su hijo en Chile hace años. Es un buen hijo que la ayuda y gracias a esto, vende pasta Colgate, desodorante Gillette y perfume Dolce Gabbana, entre otras maravillas del primer mundo que pone al alcance de gente, que de otra forma nunca tendría posibilidades para semejantes lujos. Para Doris, "...La Navidad murió en Cuba. Nadie quiere a nadie y la Navidad es amor. ¡Esto se jodió! No hay más na..."

La falta de espíritu y aliento navideño habla a partes iguales de tristeza, infelicidad, desamor y decepción. La tradición que predominó en la Isla, antes de 1959 fue la de los Reyes Magos. La destructiva y nociva revolución que se impuso en aquel momento, la destruyó en 1969 por decreto. En algunos limitados y exclusivos círculos, Santa Claus hacia incursiones. Pero a quienes esperaban los niños cubanos de todas las extracciones sociales eran a los Tres Reyes Magos, Melchor, Gaspar y Baltasar.

Eran muchos los lugares donde se vendían juguetes en La Habana. Uno de los más emblemáticos de aquel entonces era la juguetería "Los Reyes Magos", en la habanera calle de San Miguel. En aquellos tiempos pasados, existían juguetes al alcance de todas las economías, ya no es así. Aquellas navidades de antaño, era muy común ver a los padres con los niños frente a las vidrieras surtidas de aquel entonces. Los niños, con los ojos llenos de maravilla les contaban a sus padres los juguetes que pedirían a los Reyes Magos. Este es uno de los recuerdos más preciados de mi niñez, de mi viejo ausente y de mi madre que aprovechaba para decirme que los Reyes estaban al tanto de mis travesuras y que recibiría por ser tan travieso un saco de carbón, cosa que felizmente nunca pasó.

En el Bulevar de la calle Obispo en la Habana Vieja, la zona turística caracterizada y conocida como "Casco Histórico", existe una juguetería con precios que ofenden la sensibilidad de una mayoría que no puede asumirlos. Hace muy poco, dos niños de entre 8 y 10 años de edad, pegaban sus naricitas a la vidriera de la mencionada juguetería. Por alguna razón, ambos niños se dirigieron a mí para que les comprara un carro por control remoto que costaba $18,00cuc, esto es mucho más que el salario mínimo promedio en Cuba. Al ver mi negativa, una mujer gorda y rubia, europea para más información, se acercó y los tomó de la mano y entró con ellos a la juguetería. Salieron cada uno, con su juguete soñado y la gorda siguió con ellos hasta la heladería de la esquina. Los dejé a los tres muy felices. Ellos con helados gigantescos y bizcochos, ella mirándolos con una ternura que me recordó a mi abuelita, tan gorda como ella, pero negra.

Las navidades actuales pactadas con la traición del cardenal, son tristes. Quienes las celebran lo hacen con el mismo espíritu con que agitan banderitas en apoyo de su mala palabra; revolución. Quizás lo que mejor define la mala palabra son las navidades sin fiestas o la alegría por decreto del partido único, la violencia y el miedo que le sirve de emblema.

Las calles oscuras, silenciosas, sucias y tristes de Lawton, resienten el color, la luz, el amor y la alegría de que fueron privadas. En las afueras del agro mercado de Octava, un anciano explica al policía que va a multarlo que lo que vende no es robado. Sólo necesita comer.