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Monólogo exterior

Rogelio Fabio Hurtado, Primavera Digital

Marianao, La Habana.- Estábamos acostumbrados a que el Primero fuese el solista en las habituales sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Desde su butacón, a la izquierda del nombrado Presidente de la misma, quien hace las veces de maestro de ceremonias, disertaba incansablemente a propósito de cualquier tema.

Si bien se reservaba siempre la última palabra, lo cierto es que intercambiaba con otros diputados, e incluso entraba en diálogos con algunos, siempre desnivelados por el acceso respectivo a la información. No obstante, las sesiones casi siempre superaban el aburrimiento.

Al iniciarse su ausencia, era evidente que faltaba el primer actor. Entre el selecto auditorio, se apreciaba un temor masivo a dar la nota, pues el Dos más bien parecía disfrutar de la incertidumbre reinante. En aquellas primeras sesiones, llegó a parecer que el hombre, efectivamente, traía algo nuevo en la bola, por parcos y desangelados que sonasen sus parlamentos.

Él mismo fue ocupándose de deshacer aquella  ilusión política tan peligrosa. Para reforzar su conservadurismo, escogió al incondicional y antipático Machado Ventura por encima del relativamente joven Carlos Lage, junto a quien cayeron Felipe Pérez Roque y Fernando Remírez de Estenoz, en una clásica purga de delfines.

Sin embargo, ya desde los mutilados eventos partidistas, el Congresillo y la Conferencia, el General ha innovado, se ha sacado de la manga a un portavoz, que si vistiese de etiqueta, sería el perfecto muñeco del Ventrílocuo. Capaz de hablar -¿o lee de una pantalla que las obedientes cámaras del ICRT nos ocultan?- sin detenerse, con un tono enérgico que no admite réplicas, ni deja tiempo para ellas. Despliega un monólogo de largo metraje, sobre el silencio cerrado del resto de los diputados, quienes no osan interrumpirlo, porque lo más probable es que no entiendan casi nada, excepto que, cuando parezca concluir, deben aplaudir unánimemente, como si hubiesen entendido algo de la longaniza de cifras y referencias numéricas al catálogo de Lineamientos anteriores.

Al rato de oírlo reiterar su muletilla favorita, Seguimos, me percaté de las coincidencias estilísticas entre él y el pesadísimo personaje Antolín el Pichón, el Guajiro de Manacas, pésimo actor oriundo de Sancti-Spíritus: ambos hablan fuerte y presumen de no ser intelectuales (intelectualoides, dirían ellos); ambos huyen del diálogo. El que me haga sombra, se va muletilla favorita del actor, no sonaría fuera de lugar en ningún discurso de la familia gobernante. A favor del comediante, reconozco que a él podemos sacarlo del aire con sólo cambiar de canal.

Cuando comenzó a ascender la figura del personaje, lo califiqué de Super Ministro y llegué hasta a compadecerme de las grandes tareas que se le venían encima. Hoy creo que me lo tomé demasiado en serio, porque aún me quedaban algunas ilusiones respecto a las intenciones del Dos.

Hoy me parece clarísimo que el montón de Lineamientos es una entelequia retórica, ideada para perpetuar el inmovilismo real.  Si no entendemos lo que martillea el Ministro, él tampoco tiene interés alguno en explicarnos: basta con que aplaudamos y punto.

Francamente, con el Uno las sesiones siempre fueron más entretenidas. Ahora, no merecen ni la relectura en el periódico del día siguiente. El truco es tan tosco que no cabe hablar de magia.

 

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