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Mientras el Papa estuvo en Cuba

Amarilis C. Rey, Primavera Digital

Managua, La Habana (PD). Unas horas antes de la misa del Papa en La Habana, el chofer de un taxi estatal comentó: "Nosotros tenemos que estar a las cinco de la mañana en las piqueras. Se van a formar grupos de diez personas con un jefe, porque no puede haber ni un pedacito de la calle vacío cuando pase el Papa y tenemos que estar atentos que nadie grite nada ni saque un cartel con alguna consigna contrarrevolucionaria"

El escenario estuvo muy bien preparado y los espectadores recibirían su día de haber por saludar al Santo Padre. Sin embargo no todos comprendían, aunque acataban la disposición gubernamental.

Rosa, de 60 años, militante del Partido Comunista, expresó: "Hay que ir y voy, pero estoy muy inconforme, primero porque no creo en Dios, y segundo, porque para nosotros ir a la iglesia representaba un pecado. Ahora se han arreglado un poco las cosas, pero no somos marionetas para que te digan que lo que era malo, ahora es bueno."

Julio, de 68 años, fue militar, combatió a las guerrillas anticastristas durante la llamada lucha contra bandidos en el Escambray. Ahora es trabajador por cuenta propia. Asegura que hasta los niños perciben el ambiente de hipocresía que se vivió durante la visita del Papa.

"Mi nieto, que tiene 7 años, me pregunta:

-¿Abuelo, el Papa es malo o bueno?

Pienso y no sé qué le voy a decir. Al final le respondo que es bueno y me pregunta de nuevo:

-¿Y si es bueno, por qué lo tienen encerrado en esa caja de cristal?

-Para que no lo piquen los mosquitos, le respondí."

Para la mayoría de los creyentes la visita del Santo Padre fue una renovación de la fe y un suceso donde todos ganaron.

"El Papa vino a mediar entre la Iglesia y el Estado. Este gobierno tiene que saber que a la Iglesia y a la fe hay que respetarlas. Aquí los creyentes hemos sufrido mucho y ya es hora que a eso se le ponga coto", dijo Isabel, de 70 años, quien proviene de una familia católica.

Pero quienes llevaron la peor parte mientras el Papa estuvo en Cuba fueron los opositores al gobierno: encarcelados durante horas y días, reprimidos en sus casas, con sus comunicaciones cortadas casi en su totalidad...

Algunos opinan que esto fue un ensayo de lo que ocurriría si en algún momento en Cuba se diera un estallido social.

Silvia Díaz Vázquez, de 54 años, profesora, está desocupada. Desde hace algunos meses se incorporó al movimiento Damas de Blanco "Laura Pollán". Asegura haber tenido una experiencia muy desagradable en estos días: estuvo por primera vez en un calabozo.

"Tenía un operativo alrededor de mi casa. El lunes 26, dos agentes de Seguridad del Estado vinieron a decirme que no podía salir de mi casa hasta el jueves. Me dejaron en la esquina dos carros patrulleros y varios policías vestidos de civil, para vigilarme. El lunes 27, a las 9: 15 pm se personaron en mi casa dos policías, tres o cuatro ancianos del barrio y dos mujeres de la Seguridad del Estado y me dijeron que debía acompañarlos pues iba a ser enjuiciada.

"En una patrulla, me llevaron para la estación policial del Wajay. Los policías que me recibieron, no sabían por qué yo estaba allí. Al poco rato, me trajeron un acta para que la firmara acusándome de actos contra la Seguridad del Estado. No la firmé. Les aclaré que solo pensaba diferente, que quería una transición hacia la democracia en Cuba.

"Me encerraron en un calabozo durante 22 horas. Sobre las cuatro de la madrugada sentí la voz de Berta Soler, que discutía con un agente de la policía política, nombrado José, quien la acusaba de traidora, y ella le contestó: Traidores son Fidel Y Raúl que traicionaron al pueblo de Cuba, traidor eres tú y traidor es Fidel que mató a Camilo. En aquel momento la representante de las Damas de Blanco no se identificó con los policías. Allí era una opositora más. El tal José no volvió a pronunciar palabra.

"A la misa del Papa en la Plaza solo pudieron ir los comunistas. Nuestra misa la hicimos en el calabozo. A las 10 de la mañana rezamos el Padre Nuestro y el Ave María. Berta y yo estábamos juntas, su esposo Ángel Moya y Julio Cedeño Negrín en el calabozo de al lado."

El Papa partió de Cuba en la tarde del miércoles 28 de marzo; los cientos de detenidos por su visita, fueron liberados horas después y los teléfonos móviles restituidos. Quizás pronto tengamos otro día de asueto en nuestro calendario: el Viernes Santo.

 

 

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