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¿“Mano invisible” o puño de hierro?

Hasta la prensa oficialista cubana describe la calamitosa de economía nacional. De las calamidades que resultan de preferir el “puño de hierro” de la burocracia estatal a la “mano invisible” del mercado que describió con tanta elocuencia, hace ya siglos, el ilustre escocés Adam Smith

René Gómez Manzano, en Cubanet

LA HABANA, Cuba.- El pasado domingo 26 de octubre, y bajo el título “Los entuertos del banano”, el diario Juventud Rebelde publicó un interesante reportaje de Luis Raúl Vázquez Muñoz. En su trabajo de dos páginas, el colega oficialista, tomando como ejemplo a la provincia de Ciego de Ávila, describe las calamidades que confrontan los productores en ese sector del agro cubano.

El trabajo comienza por aludir a un caso puntual en que se perdieron 690 toneladas de plátanos. Tras describir lo arduo de las faenas realizadas para cosecharlas, el obrero agrícola entrevistado señala: “Aquello era una loma verde y linda y se perdió”. Como colofón, comenta con melancolía: “Y no es la primera vez que pasa”. El Director General de la empresa abunda en el tema: “La producción crece; pero muchos volúmenes se echan a perder en el campo”.

Considero difícil superar la forma en que Vázquez Muñoz narra el desastre confrontado en el sector bananero cubano. Si en algo se queda corto su reportaje es en no sacar de manera explícita las conclusiones ineludibles de todas las desgracias que describe. En ese sentido, el informador gobiernista se queda a mitad de camino. Como reza la colorida y certera frase popular, él juega con la cadena, pero no con el mono.

Luis Raúl no sólo menciona el despilfarro increíble que significan (¡en un país cercado por la carestía!) las repetidas pérdidas de toneladas de alimentos. También hurga en los mecanismos burocráticos que conducen a esos derroches. Punto fundamental del reportaje es la entrevista que realiza al Director Provincial de Acopio, la entidad encargada de comercializar los productos agrícolas.

El señor Nelson Concepción, quien ocupa ese cargo, dice también sus verdades. A la pregunta de por qué la Unión de Acopio no compra más banano, responde: “Nosotros no podemos comprar algo que no nos han pedido”, y puntualiza: “No se puede llenar un almacén con un plátano sin destino”. Se impone -pues- la “lógica” demencial de la burocracia. No son las personas las que fallan: es el sistema el que no funciona.

El reportaje cita las dificultades derivadas de los precios. La empresa “planificó vender el quintal a 70 pesos”, pero en definitiva debió hacerlo a 40, “una cifra muy cercana de los 38”, que representaban el costo de producción en ese momento. Las preguntas que se imponen son: ¿Por qué 40? ¿Por qué no 50 ó 60? ¿O los mismos 70 a los que se aspiraba?

Igual situación se confronta con los insumos. Vázquez Muñoz cita ejemplos concretos: “De 13 pesos, la caja de madera pasó a cobrarse a 45 -luego bajó a 25-; mientras la plástica subió a 60”. Con los abonos lo mismo: “Una tonelada de fertilizante cuesta ahora 3.000 o 3.500 pesos, y antes se abonaban 536”. Una vez más constatamos el imperio de la arbitrariedad, las reglas establecidas manu militari por un sistema de monopolios. Como señala el autor hacia el final de su reportaje: “Los precios no se establecen por la ley de la oferta y la demanda”.

El quid de la cuestión es uno: En estos sistemas dirigistas, es un burócrata quien, atrincherado tras su escritorio y con sus posaderas cómodamente instaladas en un mullido butacón, decide qué se producirá y a qué precio. Las tablas correspondientes tienen cientos de miles o millones de cifras. Éstas no son fijadas por el mercado, sino establecidas de modo arbitrario, y no poseen sentido económico alguno.

Lo mismo vale para la llamada “planificación socialista”, otra serie de decenas de miles de decisiones que, de manera también voluntarista, toman los funcionarios comunistas. En este aspecto, el autor del reportaje plantea cosas aún más alarmantes: “Otro escollo en la comercialización -y bien grande- son las planificaciones hechas sin tener un conocimiento pleno de la demanda y el comportamiento del consumo en el país”.

Según Vázquez Muñoz, los productores y comercializadores del banano coinciden en afirmar que lo anterior “es una asignatura pendiente en la economía nacional”. ¡Y esto se asevera tras medio siglo de vigencia de un modo de producción que se proclama superior! ¡Y al cabo de esos 50 años los líderes castristas siguen creyendo en lineamientos y en la “planificación socialista”! ¡Ni siquiera los ejemplos de “camaradas de luchas” como China o Vietnam han logrado que cambien su atávica concepción económica!

El reportaje del colega Luis Raúl es digno de ser leído. En él se ilustran, en el ejemplo de un sector específico, las infinitas calamidades que resultan de preferir el “puño de hierro” de la burocracia estatal a la “mano invisible” del mercado que describió con tanta elocuencia, hace ya siglos, el ilustre escocés Adam Smith.