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¿Mamá, qué cosa es un bisté?

Vaquerías abandonadas. Ferias ganaderas para extranjeros. Ubre Blanca una momia del pasado

Reinaldo Emilio Cosano Alén, en Cubanet

LA HABANA, Cuba.- Al llegar Castro al poder, Cuba contaba con más de seis millones de cabezas de ganado vacuno, una vaca por habitante, el triple del promedio mundial de 0.32 bovino per cápita. Hoy, con el doble de habitantes, el país tiene 3.6 millones de cabezas. En 1958 se produjeron 2.6 millones de litros de leche diarios, casi medio litro por habitante. Pero en 2013, según la ONEI, se produjo solo un millón de litros diarios, la onceava parte de un litro per cápita.

Antes de la revolución, no había zona ganadera en Cuba que no tuviera su feria ganadera. Hoy ferias, rodeos, torneos, de vaqueros están camino de desaparecer arrastrados por el colapso de la ganadería. La de Rancho Boyeros, en La Habana, se mantiene para extranjeros. Pantalla turística para exhibiciones y venta de ejemplares.

El vaquero Juan Carlos del Sol Rivero, de 52 años, residente en Guanabo, comenta: “Desde muchacho me gustó la ganadería. Casi todos los fines de semana había feria en Sancti Spíritus, donde nací. Ahora dos veces al año. Las ferias, rodeos, torneos existen desde la colonia como demostración de fuerza del vaquero, sus habilidades con el ganado, estimular el desarrollo de la ganadería, que grandes y chicos disfruten del espectáculo. Hoy pocos campesinos, menos los jóvenes, quieren emplearse en la agricultura por malas condiciones laborales, sueldos bajos, demasiadas restricciones.”

Lo corroboró el ministro Marino Murillo ante la Asamblea Nacional del Poder Popular: “Somos un poco más de 11 millones de habitantes de los cuales laboran 5 millones. De estos, solo 960 mil trabajan en el sector agrario. […] De esa cifra 300 mil no están vinculados directamente a la producción […] La agricultura solo aporta el 3% del PIB”. Murillo remarca que Cuba importa el 70% de los alimentos y cerca del 50% corresponde a la alimentación animal.

Dice Del Sol: “Años atrás vendías al Estado la mayor parte de la leche y te vendían pienso con muchos nutrientes. Ahora ni un gramo, pero tenemos que venderle la leche. Las vacas casi no dan leche y los caballos ni tienen fuerza para jalar un carretón por falta de forraje y yerba por tanta sequía”.

Horacio Marrero Viciedo, de 46 años, residente en Bajurayabo, Guanabo, expone: “Tenía veinte años cuando trabajé en la ganadería. Atendía reses, ordeñar vacas, pastoreaba, limpiaba establos. Otros domaban toros, vacas, caballos salvajes a los que nunca se les había tirado el lazo. Había muchas vaquerías cerca de mi casa hace diez años, y hasta había centros de ingeniería genética lográndose cruzamientos de cebú con Holstein, F1, F2, F3. Ya eso ni se menciona, solo se ven vaquerías abandonadas, ocupadas por gente que no tienen donde vivir.

 “Y no creas que en el campo todo era trabajo -agrega Horacio- había diversión, rodeos casi todos los sábados o domingos, torneos, juegos a caballo. Confieso, participaba más como espectador que concursante. Se necesita mucho valor, fuerza, habilidad para enlazar al torete, amarrarlo, derribarlo, cuidándote de las embestidas. En la carrera a caballo se ensarta la argolla con una uña. Cuelgan de una larga cinta. Nos entusiasmaba el aplauso del público desde las barreras, era el premio. Fiesta popular sana. Vallas y pistas de rodeo han desapareciendo en muchos lugares. ¿Ahora? Reunirnos varios vecinos y beber ron de mala calidad para escapar de las miserias”.

 “Solo 960 cubanos mil trabajan en el sector agrario. Y 300 mil no están vinculados a la producción. La agricultura solo aporta el 3 por ciento del producto bruto del país”, afirma el ministro Marino Murillo

Del Sol, retoma la palabra: “Era bonito ver los jinetes sobre hermosos caballos. Los jinetes cubanos nos diferenciamos de los extranjeros, principalmente de México y Colombia en cómo usar las espuelas. Ellos las clavan profundamente en el animal para sujetarse, no caer, correr con el brazo derecho suelto como mandan las reglas. Nosotros usamos espuelas con estrellas para que no penetren demasiado. Jineteamos amarrados a la silla y podemos soltar el brazo”.

Ramona Muñiz Hernández, de 78 años, de origen campesino, residente en Tarará, Habana del Este, recuerda con melancolía: “Las jineteras -amazonas- no podíamos faltar en los torneos con nuestros vestidos anchos de colores vivos, con canciones y poemas para animar la fiesta. Todo se ha venido abajo”.

Para comprender el desastre, en 1827 “habían 6,190 sitios dedicados a la crianza de ganado, cuyo número superaba el millón de reses”. (*) Hoy, la ganadería cubana ha colapsado. Y sin ganadería las ferias agropecuarias no tienen razón de existir. Tampoco el gobierno podrá garantizar el prometido vaso de leche para cada cubano. Menos aún el bisté.

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 (*) Calixto C. Masó, Historia de Cuba, p.157, Ediciones Universal, Miami, Florida, 1968.

 

 

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