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Males banales y tiempos amables

Juan González Febles, Primavera Digital

Lawton, La Habana.- Cuando Hanna Arendt acuñó su "banalidad del mal" para describir al carnicero Adolf Eichman y Anatole France su "amabilidad del tiempo" para tratar de describir la atmósfera que en ciertos salones, creaban los arquetipos universales de "lo político y lo socialmente correcto", se sentó la pauta para la comprensión y la creación de una imagen potable para los oportunistas del mundo. Oportunistas son los que tiempo después y en el momento preciso, afirman que Eichman no era totalmente un monstruo y que el holocausto pudo ser exagerado.

En su momento, estos mismos oportunistas, pasaron por alto que el padrecito Stalin mataba de hambre a siete millones de ucranianos y que quizás, sería correcto detener a Hitler a tiempo en Munich. De haber actuado así, no habría consumado con éxito las anexiones que entonces tenía programadas. No lo hicieron, confiaron en la amabilidad del tiempo y lo verdaderamente lamentable es que no hayan perecido en un campo de exterminio o en un campo de batalla. Lamentablemente sobrevivieron para lamentar el error, o repetirlo más adelante, siempre cómodos en sus salones.

Es cierto que el totalitarismo, ya sea en sus proyecciones 'progres' de izquierda o en sus vertientes más duras de socialismo o fascismo reales 'banaliza el mal', en la medida que lo hace cotidiano y parte integradora de los intereses y afanes de gente muy decente. Aun así, es necesaria la erosión que aporta la "amabilidad del tiempo" y el silencio adecuado para lograr el efecto deseado.

La batalla por la igualdad en los derechos civiles de los negros en los Estados Unidos, llegó a cansar a algunos, por la repetición de noticias sobre los actos de violencia incurridos por racistas por cuenta propia, policías, agentes federales y otros, contra los activistas de aquel entonces. Tanta repetición pudo haber cansado a la opinión pública nacional en los Estados Unidos e internacional en el resto del mundo, pero felizmente no fue así.

Claro, nunca será igual luchar por la reivindicación de un derecho, en un estado derecho como lo fue y como lo es, los Estados Unidos, que hacerlo en las condiciones creadas por una dictadura militar totalitaria. En el primer caso, siempre habrá algún político, periodista o al menos un ciudadano, que no se rinda a la "banalidad del mal" o ceda a la amabilidad del tiempo. Entonces, todo correrá contra los malos.

El segundo caso es diferente. Como ya explicó la Sra. Arendt, la burocracia totalitaria en su control enajenante y totalizador hará pasar el mal como bien y este –el mal- se hará presente cada instante de la existencia. Ni el general jefe de la policía de Seguridad del Estado ni el resto del elenco de maleantes a él subordinados, son monstruos horrendos. Tampoco los fiscales, jueces y demás miembros del aparato represivo cubano. Al igual que Eichman son o pueden ser padres afectuosos, amantes de la música o del deporte. Aun así, -orden mediante- harán cosas horribles. Estas cosas harán dudar sobre si se está o no en presencia de seres humanos.

El caso es que en estas condiciones en que el mal banaliza el componente humano en cada uno, serán capaces de condenar a larga pena de prisión a una madre por no denunciar a sus hijos o condenar a pena de muerte por fusilamiento a tres infelices jóvenes negros que no lastimaron a nadie, solo por dar una "medida ejemplarizante" y poner punto final al empeño por muchos compartido, de escapar de una vida que no se les permite vivir.

Cada semana, se reprime en toda la Isla a Damas de Blanco, opositores, periodistas blogueros, etc. Los reportes sobre estos y otros actos, por repetidos comienzan a aburrir. Por aquello que definió en su momento France, la amabilidad del tiempo favorece a la banalidad del mal. Esto abre un nuevo paréntesis. Este paréntesis nos lleva a un dilema profesional y ético. ¿Aburre ya la información y descripción del avatar represivo del régimen militar cubano? Si el relato de los actos inciviles y represivos del régimen militar totalitario cubano aburren, ¿debe abandonarse la información y descripción de los mismos?

En tiempos de males banales y tiempos amables, ¡quizás alguien desde la seguridad y el amparo de un estado de derecho en el mundo libre, democrático, ancho y ajeno que nos rodea, aporte una respuesta! Quizás y hasta la respuesta sea digna.

 

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