Cubanálisis - El Think-Tank

LA PRENSA INDEPENDIENTE CUBANA

DESDE EL CAIMÁN

 

.

Cubanálisis - El Think-Tank abre un espacio más a los heroicos y decididos profesionales que desde dentro del monstruo enfrentan innumerables y continuas presiones para ejercer cada día su derecho a expresar sus opiniones. No se publicarán materiales donde los autores no se identifican con sus nombres reales o no residan en Cuba. El único criterio restrictivo es la calidad: materiales escritos con rigor profesional se publican, aunque Cubanálisis - El Think-Tank no comparta necesariamente opiniones vertidas en dichos artículos.

 

Mítines para el final

Odelín Alfonso Torna

LA HABANA, Cuba, abril (www.cubanet.org) – Durante los sucesos de Mariel, en 1980, cuyo comienzo se conmemora por estos días, Panchita fue una de víctimas fatales de los mítines de repudio.  Panchita no era una “gusana”, era la presidenta del Comité de Defensa de la Revolución de su cuadra y murió cuando formaba parte de una turba progubernamental que acosaba a una familia en las calles Velarde e Infanta, en el municipio Cerro.

Paradójicamente, Panchita no murió a manos de un “gusano”, fue víctima de la ira de otro revolucionario que al ver a su madre entre los acosados por las hordas en el mitin de repudio, lanzó el automóvil que conducía contra las porras. Segundos después el agresor fue ultimado a tiros por un agente del Ministerio del Interior.

Panchita jamás fue elevada a la categoría de “heroína de la revolución”, solo la recuerdan algunos de los que tuvieron relación con los hechos.

Los horrendos mítines que proliferaron y se extendieron día y noche por todo el país durante cinco meses, no fueron espontáneos, ni fortuitos. Fidel Castro hizo un llamado personal a que se produjeran estos desórdenes sociales en un editorial del periódico Granma, publicado en 1980. El texto se titulaba “¿Qué carazo le pasa a Carazo?”, en alusión al entonces presidente de Costa Rica y su ofrecimiento de refugio a los cubanos que huían del país. En aquel editorial, Fidel Castro advertía: “El pueblo no conoce de sutilezas diplomáticas. Ahora entrará en acción el pueblo”.

Después de los sucesos de Velarde e Infanta, en otra nota del diario Granma, el propio Castro, con su habitual cinismo, se distanciaba de los hechos y ponía la responsabilidad sobre los hombros del pueblo. Dijo que a pesar del verdadero sentir revolucionario de la población, no debían continuar los desordenes. Pero no se hizo nada por detenerlos, por el contrario, el gobierno continuó fomentándolos.

Las jóvenes quizás no aprecien la magnitud del trauma que representaron para la sociedad los actos de repudio de 1980; acciones que evidenciaron el desprecio del gobierno hacia nuestro pueblo y en especial hacia los que trataban de abandonar el país. En nombre de la fidelidad a la revolución y a la familia Castro, amigos, compañeros de trabajo y de clases, familiares y vecinos, pasaron -por órdenes del gobierno- de la armonía al odio, de la convivencia a la agresión y la confrontación.

A lo largo de tres décadas, en mayor o menor grado según el momento, los barbáricos mítines de odio se han convertido en parte de nuestra cotidianeidad y a muchos hasta han llegado a parecerles “normales”. Hoy las víctimas no son los que quieren huir del país, sino las Damas de Blanco y otros miembros de la sociedad civil que se atreven a reclamar pacíficamente el derecho de los cubanos a la libertad y a una vida digna.

Treinta y un años después del Mariel, aunque con menos frecuencia y masividad, el gobierno y el partido comunista continúan organizando e incentivando los actos de repudio, fomentando el odio y enfrentando a los cubanos entre sí para beneficio de la misma familia Castro.

Aumenta la tensión en nuestras calles, existe un clima propicio para la desestabilización social y política y para nuevos estallidos de violencia, con el agravante de que es poco probable que la tensión social se pueda liberar esta vez abriendo las fronteras a un éxodo masivo, como el que permitió que más de 125 mil cubanos huyeran a la Florida en 1980. El mundo no es el mismo y es poco probable que los americanos caigan en la misma trampa.

Orientados por el Partido Comunista, los fratricidas mítines de repudio reaparecen con fuerza, para mantener mediante el terror una ideología sin fundamentos y un gobierno quebrado, moral y materialmente. Todo indica que el gobierno no planea dar tregua a nuestro pueblo.