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Más de lo que realmente es

Luis Cino Álvarez, Primavera Digital

Arroyo Naranjo, La Habana.- El pasado 16 de octubre, una nota del Ministerio de Relaciones Exteriores explicaba a los cubanos interesados en viajar al extranjero que “a partir del 14 de enero del 2013 solo se exigirá la presentación del pasaporte corriente actualizado y la visa del país de destino, en los casos que la misma se requiera”.

¡Como si eso fuese poco! El permiso de salida del país, la ominosa tarjeta blanca, es sustituida por la actualización del pasaporte, que las autoridades se arrogan el derecho de conceder, el doble de caro, a quien estime oportuno concedérselo.

Con el argumento siempre a mano “del derecho del Estado revolucionario de defenderse de los planes ingerencistas y subversivos del gobierno norteamericano y sus aliados”, el editorial del periódico Granma del 16 de octubre que convoyó la nota del MINREX, advertía que se tomarán “las medidas necesarias para proteger el capital humano creado por la revolución”.

Es decir, que el Ministerio del Interior se reserva el derecho de retener en el país a los profesionales, en particular a los médicos -esos esclavos de bata blanca que tanto costó formar y que tanta divisa convertible y dividendos propagandísticos aportan en sus misiones en el exterior-, deportistas de alto rendimiento, funcionarios, muchachos en edad de pasar el servicio militar, ciudadanos que tengan deudas pendientes con el estado y una amplísima categoría de personas que resulten –a discreción del régimen- “de interés público”.

Suponemos que entre estas últimas personas englobadas en el inciso h del artículo 43, estén, por ejemplo, determinados disidentes a los que no conviene tenderles el consabido puente de plata al enemigo que huye, sino machucarlos un poco más para hacerles purgar sus pecados y si es posible, chantajearlos y largarlos desmoralizados.

Tan desmoralizados como los cubanos residentes en el exterior que sean obedientes y respetuosos de la dictadura, quienes ahora podrán permanecer en Cuba no uno, sino hasta tres meses.

Según el editorial del órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista, las nuevas medidas migratorias “se inscriben dentro del proceso irreversible de normalización de las relaciones de la emigración con su patria”. Léase, diluir el exilio anticastrista en una masa de inmigrantes económicos, que además de aportar sus remesas a la colmena verde olivo, está obligada a “portarse bien” para que les permitan visitar a sus familiares en Cuba.

Los pichones autorizados por Papá Estado a volar del nido, los que no le interesen particularmente y que dispongan de dinero suficiente o de parientes en el exterior que se lo envíen, ahora pueden permanecer fuera del país, no once, sino 24 meses. Y si así lo deciden, si lograron burlar el tamiz consular de “los posibles inmigrantes” y sus parientes están dispuestos a pagar las elevadas multas correspondientes, podrán quedarse a probar fortuna en otras tierras.

En la metamorfosis al capitalismo mercantilista de estado y partido único, como en los tiempos de Camarioca, Mariel o la crisis de los balseros, conviene aliviar presión social de la caldera, no vaya a ser que reviente.

Que más da, si ya hay demasiados, que se vayan unos cuantos macetas de poca monta –los de mucha ya sabemos quiénes son-, jineteras y timbiricheros protocapitalistas poco confiables, que no tendrán más remedio que emplear una buena parte de sus dólares o euros en enviar remesas a sus familiares en Cuba o gastarlos en las Tiendas de Recuperación de Divisas cuando vengan a visitarlos.

La modificación de la ley migratoria es una estafa. Otra más. Digamos que es un poquito menos de lo mismo. Por algo advirtieron que como todas las demás medidas raulistas, tomadas “sin prisa y sin pausa”, no es una reforma sino una actualización. Como la del modelo económico.

Por lo pronto, luego del optimismo inicial de los que se aprestaban a vender casas y carros para irse del país, ya hay bastantes decepcionados que supieron leer entre líneas la habitual trampa en la nota del MINREX y el texto legal de la Gaceta Oficial, todas redactadas de un modo lo suficientemente ambiguo como para aparentar que es mucho más de lo que realmente es.

 

 

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