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Los verdaderos promotores de nuevos ricos

Osmar Laffita, Primavera Digital

Capdevila, La Habana.- Todo indica que los sectores más ultraconservadores que todavía tienen determinado poder en las estructuras del gobierno cubano tratan de entorpecer de manera solapada las medidas dirigidas a la flexibilización del negocio privado en los sectores de la agricultura y los servicios.

Los que entorpecen el afianzamiento de la actividad privada no desean que se ponga al descubierto que el saldo económico de los 40 y tantos años que gobernó el Dr. Fidel Castro, y que recibió su sucesor Raúl Castro, fue totalmente negativo y se manifestó en graves problemas estructurales. Pero contrario a lo que se imaginaron muchos, tal situación en vez de mejorar en los 6 años del actual equipo de gobierno ha empeorado.

Estos grupos inmovilistas, que son contrarios a la apertura y consolidación de la actividad privada y a la inversión extranjera directa, están contra la pared por el negativo saldo productivo que obtuvieron las empresas estatales productoras de bienes en el primer semestre del presente año, motivado por los graves problemas sistémicos que las aquejan. Se les atribuye estos problemas a la inoperante e inviable planificación centralizada.

Estos inmovilistas no disponen de argumentos para sostener su ofensiva contra los pequeños empresarios.

Finalizado el primer semestre de este año, los principales renglones de la producción de bienes se incumplieron. En el caso de la zafra azucarera, se dejaron de producir 195 000 toneladas de azúcar de un plan fijado de 1,7 millones de toneladas; la agricultura incumplió en más de 12 renglones; no se llegó a las toneladas fijadas de exportación de níquel; hubo una significativa caída en la producción de materiales de la construcción; no se cumplió con el plan de edificación de viviendas, y se registró un significativo incumplimiento de las inversiones fijadas para la etapa.

Es cierto que este sector inmovilista apuesta a que los productos del agro se acopien y comercialicen por empresas estatales, sean las de acopio o los Mercados Agropecuarios Estatales (MAE). Pero el gobierno cubano se desatendió de sus consejos y el 11 de diciembre del pasado año puso en vigor el Decreto Ley 305 que autoriza la constitución de las cooperativas no agropecuarias. A tenor de dicho instrumento legal, a partir de julio los MAE de las provincias La Habana, Mayabeque y Artemisa, 99 en total, pasaron a ser cooperativas, basadas en el principio de venta ajustado al mercado.

Otra muestra del fracaso de este sector inmovilista en su apuesta a las empresas estatales y no a la actividad privada, queda al desnudo en el hecho de que el mayor grueso de las empresa agrícolas, de la gastronomía, del comercio, los servicios y no pocas del turismo, están descapitalizada, endeudadas, con elevado índice de inventarios ociosos que incide negativamente en los costos finales de sus producciones, lo que ha motivado que hayan pasado la línea roja que indica su total bancarrota.

Una muestra de la ineficiencia de la actividad productiva y de servicios de las empresas estatales la tenemos en la ciudad de Artemisa. Los cientos de personas que visitan diariamente el área que abarca las dos manzanas totalmente cercadas en las que están instalados diferentes equipos para la recreación y el entretenimiento de niños y mayores, se percatan de que los únicos aparatos que funcionan son de los particulares. La mayoría de los que pertenecen a la empresa estatal del municipio hace meses que por infinidad de causas no funcionan.

Algo similar ocurrió con las ventas de los productos del agro. En el primer semestre del año, los que más produjeron y comercializaron sus cosechas fueron los campesinos, cooperativistas y usufructuarios de tierra. Durante todo ese tiempo, los puntos de ventas y carretilleros tuvieron ofertas variadas, abundantes y de calidad, pero los precios minoristas de estas mercancías, por lo general, no están al alcance de aquellos cuyo salario no rebasa los 20 dólares mensuales.

Los pequeños propietarios que tienen negocio en la agricultura, en la gastronomía y los servicios, por su alto espíritu emprendedor y de innovación, de disponer de suficiente dinero para hacerle frente a los desafíos que plantea la actividad privada, han sabido sacado mucho provecho del desorden reinante en el sector empresarial estatal y los malos resultados de su gestión.

Es esa y no otra la realidad que ha permitido a estos nuevos pequeños empresarios acumular dinero suficiente, lo que les ha hecho cambiar de manera radical su estatus, su forma de vida y la de sus empleados y familiares. Esta mejoría los aleja de manera abismal de la mayoría de los trabajadores, que ganan mensualmente cuando más 20 misérrimos dólares. La culpa de que esto ocurra hay que atribuírsela a las empresas estatales que no han sabido estar a la altura de los retos que impone la competencia con los privados.

 

 

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