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Los sepultureros de la dictadura cubana entierran la Posición Común

Osmar Laffita, en Primavera Digital

Capdevila, La Habana.- Resultan verdaderamente indignantes y ofensivas para los luchadores prodemocráticos cubanos las declaraciones a la prensa de Federica Mogherine, Alta Representante de la Unión Europea en Política Exterior y Política de Seguridad y vicepresidenta de la Comisión Europea, luego de concluida la VII sesión del Diálogo Político Ministerial entre el gobierno cubano y la representación de la Unión Europea, celebrada en La Habana el 11 de marzo.

Mogherine aseguró que el acuerdo de diálogo político y cooperación que la Unión Europea ha firmado con el gobierno cubano permitirá “superar la Posición Común”, pero recordó que el abandono formal de esa política necesita la aprobación del Consejo Europeo, integrado por los 28 países miembros del bloque regional.

Al hacer sus declaraciones a la prensa, Mogherine estuvo acompañada por Bruno Rodríguez Parrilla, el jefe de la diplomacia de la dictadura cubana, a la que la alta representante de la política exterior europea calificó como su amigo.

El acuerdo de diálogo político y cooperación marca el fin de la Posición Común y el inicio de una nueva fase de las relaciones entre Cuba y la Unión Europea.

Dicho acuerdo, que es el acta de defunción de la Posición Común, fue rubricado en La Habana por los jefes de los equipos negociadores, Christian Leffler, secretario general adjunto para Asuntos Económicos y Globales del Servicio Europeo de Acción Exterior y el vicecanciller cubano Abelardo Moreno.

La Posición Común fue adoptada en 1996 a propuesta del jefe de gobierno español José María Aznar y condicionaba la cooperación de la Unión Europea con el gobierno cubano a la apertura democrática y el respeto a los derechos humanos y las libertades civiles.

Mogherine ha tirado al cesto de la basura la Posición Común a pesar de la invariable posición de la dictadura cubana de que la Posición Común y cualquier otra exigencia de respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales es una intromisión flagrante en sus asuntos internos que rechaza de plano.

Mogherine, indiferente ante la terrible realidad que vive el pueblo cubano, se ha hecho cómplice de una dictadura militar totalitaria, que desconoce los más elementales derechos de los ciudadanos.

La vicepresidenta de la Comisión Europea no tuvo el pudor de manifestar su entusiasmo ante el acuerdo el que posibilitará enterrar la Posición Común a cambio de nada.

Mogherine, durante su estancia en La Habana, ante el carácter dictatorial del gobierno cubano, desempeñó magistralmente el papel de los tres monitos: se mostró sorda, ciega y muda. Lo mismo hicieron recientemente los jefes de gobierno de Italia, Eslovaquia y Francia, durante sus visitas oficiales a Cuba. Ninguno de ellos ignora que dicho régimen además de desplegar una férrea y brutal represión contra los opositores pacíficos, le niega la personalidad jurídica a la organizaciones de la sociedad civil independiente, lo que les cierra todas las puertas para que puedan desempeñarse ajustadas a la ley y mantener vínculos normales dentro y fuera del país.

El Sr. Leffler aseguró que “la conclusión de las negociaciones no está sujeta a concesiones políticas específicas o compromisos por cualquiera de las partes”, y que era partidario de “rubricar el acuerdo de diálogo político y cooperación con La Habana primero y después fijar las metas”, postura que fue respaldada por la Alta Comisionada de Política Exterior de la Unión Europea.

Muestra del claro entendimiento de Mogherini con la dictadura fue su cordial reunión de despedida con el general Raúl Castro, el 11 de marzo.