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Los pretorianos

 Juan González Febles, Primavera Digital

Lawton, La Habana.- El general y presidente designado Raúl Castro, al llegar a Cuba después de su tournée política en el Caribe, ascendió al grado de general a más de treinta coroneles que le juraron fidelidad a la revolución y al propio Raúl Castro a título personal.

Estos militares no juraron defender y hacer respetar la constitución y la ley. Su servicio irá dirigido a preservar el poder absoluto de quien los ascendió, las estructuras totalitarias que le afirman en el poder y las que sostienen a eso que dan en llamar “revolución”.

Cuba carece de un ejército constitucional. En su lugar, dispone de una guardia pretoriana que responde a los intereses y la voluntad de dos hombres o quizás de una o unas pocas familias. No se trata del ejército nacional cubano, son fuerzas armadas revolucionarias. Quiere esto decir, que son tan de los revolucionarios, como las calles. Entonces, el poder militar cubano está en manos de pretorianos consagrados a mantener el poder político en las manos que hoy lo sustentan.

Las reglas del juego entre emperadores, imperios y pretorianos son harto conocidas. Está reciente en nuestra memoria la triste suerte corrida por el más emblemático entre los generales cubanos, el general y héroe de la república, Arnaldo Ochoa Sánchez. Pocos o ninguno en Cuba creyeron en las alegaciones en su contra esgrimidas por aquel patético personaje, el fiscal y también general Juan Escalona. Este general ganó sus estrellas a partir de una lealtad perruna a Raúl Castro, trifulcas oficinescas y escaramuzas de buró.

Para mantener el orden y la lealtad de este peculiar colegio de generales y de este atípico grupo armado, existe la jefatura de Contrainteligencia Militar. Al frente de este grupo represor-policial, se encuentra el almirante Julio César Gandarilla, con poca o ninguna experiencia como marino. Para tener mayor comprensión de esto, debe destacarse que las llamadas Fuerzas Armadas Revolucionarias se conformaron con los elementos más marginados y marginales de la zona oriental del país, con ingredientes predominantemente rurales y locales. Por tanto y a pesar de ser Cuba un archipiélago, la constitución de una marina de guerra o una flota mercante medianamente eficiente, no estuvo ni está entre las prioridades de los caciques de Birán. Entonces, la experiencia castrense de Gandarilla, tiene más en común con la de polivato, (mitad policía, mitad chivato) que con la de militar ortodoxo.

En la actualidad, la guardia pretoriana verdeolivo que preserva al gobierno cubano y a su élite, es una institución que no se orienta a la defensa del territorio nacional frente a una eventual invasión desde el extranjero; tampoco a expediciones ni campañas guerreras allende los mares. Hoy día, su finalidad es intimidar al pueblo y a la sociedad civil, e infundirles un fundamentado miedo a las consecuencias reales de una rebelión.

Al igual que los pretorianos de la Roma clásica, los pretorianos verdeolivo disponen de las prerrogativas, prebendas y ventajas afines con el reforzamiento de la militarización de una dictadura totalitaria de izquierda. La lealtad de la guardia pretoriana se afirma en la férrea vigilancia de los hombres de Gandarilla y en el disfrute de las antes mencionadas prebendas en detrimento del resto de la población.

Entre la guardia pretoriana verdeolivo, los mecanismos de ascenso y promoción están dados, más que por el mérito y la capacidad, por la lealtad demostrada a la familia o las familias gobernantes. Residir en zonas “congeladas” y viajar en vehículos climatizados que el estado rentista pone a su disposición, son sólo la punta de un iceberg, que tendría mucho que mostrar en términos de corrupción, nepotismo, privilegio y flagrante desigualdad.

La buena noticia es que su falta de legitimidad facilitará al primer gobierno democrático post transición la inmediata disolución por decreto de la guardia pretoriana verdeolivo. Medida esta que de seguro, pocos desaprobarán en su momento.