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Los presos que faltan y los pichones sin permiso para volar

Luis Cino Álvarez

LA HABANA, Cuba, enero, www.cubanet.org -Ni siquiera el  anuncio  del indulto de más de 2,900 presos, hecho el 23 de diciembre por el general Raúl Castro ante la Asamblea Nacional del Poder Popular logró aplacar la decepción de los que esperaban la reforma de las leyes migratorias. Esta había sido anunciada anticipadamente por las agencias internacionales de prensa y ciertos habitualmente despistados cubanólogos. No sé por qué estaban tan seguros, pero evidentemente pesaron más los temores de los retranqueros del inmovilismo, que en definitiva, aun meten la cuchareta y son los que dicen siempre la última palabra.

Por mucho que intenten esforzarse -que no lo hacen- los mandarines, con sus reformas que no son tales, siempre se quedan por debajo de las expectativas populares. Todavía habrá que esperar, no se sabe cuánto, tan pacientes como son, por las modificaciones que “serán introducidas paulatinamente”.

No obstante, es más importante la liberación siquiera de una parte de los millares de personas que languidecen en condiciones infrahumanas en las cárceles cubanas antes que el permiso de Papá Estado a algunos de sus pichones para que puedan volar y regresar con los dólares en el pico.

Es el primer indulto propiamente dicho en 53 años de dictadura. Anteriormente, a las excarcelaciones de opositores, casi siempre con destierro, para complacer a personalidades internacionales y conseguir ventajas políticas, no las habían llamado indulto. Aunque con los mandarines es sabido lo poco relevante que es el nombre que den a sus actos.

No hay que exagerar con los aplausos. La Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN) calcula que hay entre 70 000 y 80 000 presos. De ellos, 43 por motivos políticos. De los indultados, sólo siete son presos políticos.

En vez de hablar de “la generosidad y la fuerza de la revolución”, habría sido más atinado pedir perdón a los centenares de personas, principalmente jóvenes, que estaban en la cárcel por motivos que en ninguna otra parte del mundo constituirían delitos, y que ahora difícilmente podrán rehacer sus vidas. En todo caso, la mayoría de los que realmente delinquieron, lo hicieron por culpa de un sistema fracasado que obliga a violentar cotidianamente su peculiar legalidad y sus prohibiciones absurdas para poder satisfacer malamente las más básicas necesidades.

Sería mejor modificar de una vez y por todas las anacrónicas leyes que hacen que la gente vaya presa por figuras delictivas tan aberradas como la peligrosidad social. Y por supuesto, descriminalizar la disensión política. De lo contrario, las más de 200 cárceles que existen en Cuba y que ahora se descongestionan un poco, muy pronto volverán a estar abarrotadas y de nuevo los presos tendrán que dormir en el piso, como denunciaban  reclusos del Combinado del Este que ocurría en dicha prisión hasta hace varias semanas.

De hecho, no habrá que esperar mucho para que se abarroten las cáceles. El general Raúl Castro anuncia que la batida contra los corruptos seguirá y que esta vez sí va en serio, porque de ello depende la supervivencia de la revolución. Ojala caigan en el jamo todos los corruptos, también los pejes gordos, y no sólo los corruptos caídos en desgracia y los matarifes de potreros. Porque las purgas y la represión que viene ya se huelen en el ambiente. No sea que ocurra como en el año 2003, que empezaron persiguiendo a traficantes de drogas y acabaron encarcelando opositores y periodistas independientes.