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Los precios topados y el estancamiento

La población está harta de promesas incumplidas, y sin esperanzas de mejoría

Miriam Leiva, en Cubanet

LA HABANA, Cuba.- Incrementar la producción agrícola es un problema estratégico en Cuba, declaró el gobernante Raúl Castro hace años. Pero alimentar a la población, así como disminuir las grandes importaciones y alcanzar exportaciones no fueron logrados por los Lineamientos del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), de 2011, y se desconoce su actualización en el VII Congreso, realizado en abril pasado.

Los precios topado se decretaron para 23 productos a partir del 3 de mayo mediante las Resoluciones 157-C y 162 del Ministerio de Finanzas y Precios, porque “no podemos quedarnos con los brazos cruzados ante la irritación de los ciudadanos por el manejo inescrupuloso de los precios por parte de intermediarios que solo piensan en ganar cada vez más”, anunció una nota publicada el 2 de mayo.

La precariedad  alimentaria de los cubanos se constata en los productos esenciales que requirieron las resoluciones ministeriales: boniato, plátano vianda, plátano burro, malanga, ajo, acelga, cebolla seca, cebolla verde, calabaza, col, lechuga, pepino, pimiento, tomate consumo, plátano fruta, guayaba, mango de clase, piña, papaya madura y frijoles. Esos productos eran fácilmente cultivados en las feraces tierras cubanas muchos años atrás.

El gobierno ha desviado la irritación de los cubanos hacia los intermediarios, y revivió el  acopio estatal, mecanismo ineficiente durante decenios, con los mismos métodos aplicados de fijación de cultivos y precios de compra a los campesinos. Las medidas adoptadas en la agricultura no han estimulado la producción en los cinco años transcurridos por limitadas e insuficientes, y la renuencia a dar libertad a los productores -incluso a los nuevos usufructuarios de tierras atados a cooperativas, notoriamente ineficientes- también ha afectado la producción.

A esto se unen las dificultades para la aplicación de las supuestas medidas aperturistas por funcionarios acostumbrados al control y celosos de no perder sus posiciones; la emigración de los campos a las ciudades y la inexperiencia de los nuevos agricultores; la degradación de las tierras por inapropiados manejos durante períodos prolongados y las malas yerbas como el marabú; la ausencia o mala calidad de aperos, botas y ropa de trabajo que, además de vendidos en cantidades insuficientes, tienen precios muy elevados; dificultades para la irrigación, y otros.

Por su parte los comercializadores, llamados “intermediarios”, tienen que disponer de un transporte que el Estado no vende ni alquila, y pagar altos precios por el uso o mantenimiento de los camiones y el combustible. Todas las personas involucradas en la agricultura, al igual que el resto de la población, deben adquirir la mayoría de los artículos en las carísimas Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD) del Estado, pues no disponen de mercado mayorista.

El hecho de que los precios sean topados para todos los tipos de mercados agropecuarios, excepto los de Oferta y Demanda (MAOD), es síntoma de que se requiere esta opción como alternativa a las posibles dificultades de abastecimiento y demostrar a los inmovilistas la inevitabilidad de esa modalidad reconocida por los Lineamientos del PCC, más que dejar mercado para la producción no contratada a los agricultores. Además, de manera excepcional podrán mantenerse algunos mercados agropecuarios con productos de calidad más elevada y mayores precios, y para el resto de los productos agrícolas que se acopian por empresas estatales con precios no centralizados, se fijan márgenes comerciales que no excedan el 40%.

En La Habana se amplió la excepción para los trabajadores por cuenta propia autorizados a ejercer esta actividad como arrendatarios en los MAOD y los carretilleros ambulantes por las calles. Aunque la televisión mostró mercados surtidos y clientes satisfechos el 3 de mayo, fundamentalmente en La Habana, se trató de los sitios habituales para la propaganda, como el Vedado, adonde concurren dirigentes, extranjeros y prensa.

En otros lugares, como Lawton, no se apreciaron ofertas similares. Sin embargo, las rebajas de precios son medidas comerciales ligadas al abastecimiento por el sistema de Acopio y la organización local,  pero dependientes del productor, a los campesinos que deben ser incentivados a producir más, mientras el retorno a la a los férreos mecanismos estatales continuará desestimulando la producción agrícola.

También el 22 de abril, aduciendo los acuerdos del VII Congreso y la necesidad de aumentar de manera gradual la capacidad de compra del peso cubano (CUP), se había rebajado centavos de CUC para algunos alimentos en las TRD, y el arroz y el chícharo vendidos en CUP fuera de los pocos rubros aún racionados.

La irritación de la población por el incremento de sus miserables condiciones de vida se ha esparcido por toda la sociedad, harta de promesas incumplidas y sin esperanzas de mejoría. Raúl Castro afronta una compleja situación social, cuando tiene que mostrar resultados de sus años de gobierno en un país que heredó destruido, pero cuyo proceso de deterioro él apoyó; debe acometer el remplazo generacional en el curso de los próximos cinco años sin haber logrado la unidad de la cúpula histórica para aprobar las directivas en el VII Congreso del PCC; necesita  avanzar en las relaciones con Estados Unidos para lograr incentivar la inversión extranjera, incluida la norteamericana y cubano-americana, al tiempo que neutralizar el impacto de las palabras del presidente Obama durante la visita en marzo; debe consolidar los vínculos con los miembros de la Unión Europea y otros países; y requiere continuar incrementando el turismo, fundamentalmente norteamericano.

La paz social resulta imprescindible a las autoridades para que los derechos, más allá de la educación y la atención sanitaria que el pueblo tiene por sus sacrificios y no por dádivas de sus mandatarios, sean esquinados por la comunidad internacional y la represión pase inadvertida.