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Los milagreros y los pacienzudos

Luis Cino Álvarez, Primavera Digital

Arroyo Naranjo, La Habana.- Estos tiempos que corren, o que más bien se arrastran, reptan, no son de milagros -no hay que exagerar ni guiarse por espejismos-, sino de milagreros.

Milagreros, y de los más cándidos, de los que se dejan deslumbrar por cualquier truco de feria, son los compatriotas que esperan que todo cambie para mejor porque las secciones de intereses sean embajadas, con bandera izada y todo.

Milagreros grandes los que lo esperan todo en cuanto a democratización de Internet, las áreas con wi-fi, el servicio Nauta, twitter, las memorias flash y el resto de la cacharrería y los artilugios digitales.

Milagreros los que esperan que Obama, en el tiempo que le queda en la Casa Blanca, resuelva todo lo que no pudieron resolver en Cuba diez presidentes norteamericanos anteriores, demócratas o republicanos, los Castro, los anti-Castro, los cubanos de uno y otro bando o los sin bando, porque por no tener, no tienen ni opinión propia, y ni hablar de timbales para atreverse a otra cosa que no sea obedecer.

Milagrero Obama, si cree que con su buenismo gradualista va a conseguir que la dictadura castrista deje de serlo, y que los cambios económicos -si es que puede llamárseles cambios a lo que no es mucho más que parches y retoques- poco a poco traerán las libertades políticas. Como si China y Vietnam no bastaran para probar que eso no funciona así. Pero ahí va el bueno de Obama, que por culpa de los republicanos, no adelanta mucho el Obamacare o la reforma migratoria, pero consigue seguir, como un disc jockey, complaciendo in extremis las peticiones del general presidente y va y hasta logra -ojala- el levantamiento del embargo, lo que queda de él, que todavía es bastante, como para servirle de justificación para la gritería al castrismo y los camaradas solidarios, y la devolución de la base de Guantánamo, solo que ojala antes de devolverla, desmantelen antes hasta los cimientos la cárcel para talibanes, no vaya a ser que la utilice el MININT para encerrar disidentes.

Milagreros son los que esperan que mejore algo la situación de los derechos humanos en Cuba por las declaraciones difusas del gobierno norteamericano sobre el tema. Y qué va a decir y qué puede hacer el gobierno norteamericano por las Damas de Blanco y los opositores cubanos, tan ocupado como está en monitorear las cámaras de vigilar policías para que cada semana, por su excesivo celo en el cumplimiento del deber, no muelan a golpes o maten a otro adolescente afronorteamericano.

No llamo milagreros a los mandamases verde olivo, porque ellos, por mucho que esperen del pragmatismo yanqui, saben bien lo que se traen entre manos y el mejunje que resultará. Y va y hasta le dan el Premio Nobel de la Paz a Raúl Castro, no a Obama que ya se ganó uno por sus buenas intenciones y sus discursos bonitos; eso, si no le dan el Nobel al presidente Juan Manuel Santos por seguir enfrascado en negociar con los narcoguerrilleros de las FARC-EP.

Tampoco son milagreros Saladrigas, Fanjul, los lobistas del Engagement y los inversionistas que ya se afilan los dientes y se refuerzan los bolsillos, porque esos son sinvergüenzas, que aspiran a convertir a Cuba en una maquiladora gigante, con la mano de obra más barata, sumisa y sin derechos que exista. Es sabido, lo dijo alguien: la economía no tiene corazón.

Pero están tan bien los más que milagreros, pacienzudos de la Unión Europea, que ya reconocieron que el tema de los derechos humanos de los cubanos puede esperar. No obstante, tienen la cachaza de estar dispuestos periódicamente a reunirse con los representantes del régimen castrista para discutir de derechos humanos, o mejor, de los diferentes modos de interpretarlos. Total, si ya hay una Ley Mordaza en España, que no será como las de la época del franquismo o su tocaya cubana, la ley 88, pero por ahí se empieza…

Y nada de reunirse los políticos europeos con los opositores cubanos cuando viajen a La Habana para intercambiar cumplidos con los capitostes de la dictadura.

Ojala los políticos de las democracias europeas que tan fácil capitulan ante la dictadura castrista y tan comprensivos son de sus defectos, tuvieran la misma paciencia para tratar con los desesperados africanos que arriesgan sus vidas en el Mediterráneo para buscar refugio en Europa, ante los no se les ocurre mejor solución que los barcos de guerra y las amenazas de hundir a bombazos las barcazas que los transportan.

Ojala tuviera la Unión Europea la misma paciencia que con Raúl Castro, para tratar con Grecia, que es de la familia, y convencerla y ayudarla a que cumpla sus obligaciones y deberes, en vez del golpe de estado financiero que preparan contra el gobierno de Tsipras, similar al que en su momento y por otras razones, prepararon contra el gobierno de Berlusconi.

Afortunadamente, también somos pacienzudos y testarudos, aunque sigamos tan desunidos, desmañados y poco fotogénicos como de costumbre, los disidentes, que no nos damos por vencidos, ahora que todos los vientos parecen soplar en contra nuestra.