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Los más perjudicados del socialismo próspero y sostenible

Osmar Laffita Rojas, en Primavera Digital

Capdevila, La Habana.- En los cuarenta y tantos años que gobernó de manera omnímoda Fidel Castro, con miras a evitar el más mínimo brote de protesta popular, aunque no reza en ningún documento, estuvo vigente un pacto social entre él y pueblo, en que este último le brindaba apoyo político a cambio del mantenimiento de un modelo igualitario y de gratuidades.

La educación, la atención médica, el deporte y la cultura las sufragaban el presupuesto del Estado. Los precios para la venta a la población de los alimentos, el vestuario, los enseres para el hogar y los productos de aseo eran subsidiados. De esa manera, el salario que devengaban los trabajadores -que no rebasaba en aquel entonces los 10 dólares mensuales- alcanzaba para sufragar los gastos de una familia, en los que se incluía el pago del consumo de electricidad y agua, el alquiler de la casa y quedaba dinero para la cultura y la recreación, incluso para excursiones, cuyo costo era realmente simbólico.

La política igualitaria y voluntarista de Fidel Castro, de manera inesperada sufrió un duro golpe con la desintegración de la Unión Soviética, en 1991. Hasta ese momento, el dinero soviético había mantenido a su gobierno que se caracterizó por su ineficiencia económica, la dilapidación de los recursos y las locuras injerencistas y napoleónicas en América Latina y África, en vez de destinar ese dinero al desarrollo y consolidación económica de Cuba.

Como consecuencia de su fallida política, el artificial bienestar cayó a límites que hasta entonces eran inconcebibles. En los hogares cubanos se comenzó a sufrir escasez de alimentos y otros artículos. Esa época de grave crisis económica fue oficialmente bautizada como “Periodo Especial en Tiempo de Paz”.

El régimen cubano pudo capear aquel inesperado temporal, porque a regañadientes autorizó los pequeños negocios privados, puso en vigor la hoy derogada Ley 77 que autorizaba la inversión extranjera en determinados sectores de la economía nacional, y por la expansión del turismo, que se convirtió en la principal entrada de divisa del país, muy por encima de la producción de azúcar, que sufrió un gran descalabro por la irresponsable demolición de más del 50% de los 142 centrales existentes en aquel entonces en Cuba.

A pesar de que la crisis provocó la abrupta caída del Producto Interno Bruto (PIB) en un 36%, Fidel Castro no puso fin a la arquitectura igualitaria y voluntarista en la que se sostenía su régimen totalitario. Lo más importante para él y sus seguidores era contar con el apoyo de segmentos importantes de la población a pesar de las penurias en que estaban sumidos.

Al desaparecer de los anaqueles de los comercios la mayoría de los productos que se vendían de forma liberada y al no tener dólares para comprar en las Tiendas de Recaudación de Divisas (TRD), los alimentos a precios subsidiados que se vendían a través de la libreta de abastecimiento, para la gran mayoría de la población eran un alivio.

Por razones de enfermedad, en julio de 2006 Fidel Castro se vio obligado a renunciar a sus responsabilidades de gobernante omnímodo. Lo sucedió Raúl Castro, que fungía como ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. En 2008 fue “electo” presidente.

Raúl Castro heredó de su predecesor una economía en ruinas. Solamente en la descabellada y antieconómica “Batalla de Ideas”, se despilfarraron cientos de millones de dólares. Ante esa situación, el nuevo gobernante, con el total respaldo del ejército, comenzó a desmontar todo lo que tuviera que ver con el igualitarismo, el paternalismo y los subsidios, porque los recursos disponibles no son suficientes para mantener tan irracional política.

En el VI Congreso del Partido Comunista lanzaron la indefinida y la aun no concretada “actualización del modelo económico”, que tiene como sostén teórico los 313 lineamientos económicos. Aprobados el 18 de abril de 2011, estas son las santas horas en que el pueblo cubano desconoce cuántos de los lineamientos se han implementado y los que todavía están pendientes.

La bandera que preside la tal actualización es la del “socialismo próspero y sostenible”.

El gobierno de Raúl Castro para sanear la economía, mantener el déficit fiscal en los límites tolerables y evitar que se produzca un exceso de circulante en poder de la población, aplica una despiadada política en la esfera de la circulación y no en la producción, caracterizada por la reducción a su mínima expresión de los subsidios y las gratuidades. Es la versión de los gobernantes cubanos de las políticas de ajuste, que son propias del más que criticado, satanizado por ellos, modelo neoliberal

El equipo económico que dirige el vicepresidente del Consejo de Ministros, Marino Murillo Jorge, ha reducido a más del 50% los alimentos subsidiados de la canasta básica y ha puesto término a un elevado número de gratuidades; solo ha dejado aquellas que son banderas de su propaganda política, como la educación y la salud. Ha sido liberada la venta de materiales de la construcción y los insumos que se venden a los productores agrícolas que comercializa el Ministerio de Comercio Interior.

En las cooperativas no agropecuarias, fundadas en lo que anteriormente eran Mercados Agropecuarios Estatales (MAE), los precios de los alimentos están regidos por la ley de la oferta y la demanda.

Con los 18 dólares que devengan de salario mensual la mayoría de los trabajadores cubanos y los casi 14 dólares que reciben los alrededor de 1,2 millones de jubilados -estos últimos con más de 40 años trabajados- tienen que enfrentar la triste realidad de que en el cacareado “socialismo próspero y sostenible”, el dinero que perciben solo les alcanza para malcomer una semana.

Para no verse en la mendicidad total, en vez estar en asilos, ya es normal encontrar a ancianos por las calles de pueblos y ciudades, dedicados a la venta de los más diversos artículos, a expensas del decomiso de sus mercancías por los inspectores y la policía, y a la imposición de multas cuyo monto, muchas veces, es el triple de lo que devengan como pensión en el mes. Pero no les queda otra alternativa que arriesgarse a todo eso, porque es la única manera de buscarse 2 ó 3 dólares para tan siquiera garantizar la comida del día.