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Los intereses del Estado

Juan González Febles, Primavera Digital

Lawton, La Habana.- Por primera vez y aunque no fuese esta la intención de sus redactores, una declaración del gobierno militar cubano o de una de sus dependencias dice claramente la intención que la motiva.

Se trata de la Declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores (Minrex) publicada el pasado día 2 de noviembre en el rotativo oficialista Granma y relacionada con actividades que la Sección de Intereses de Norte América (SINA) que funge en La Habana como representación diplomática de los Estados Unidos, lleva adelante.

La declaración en una de sus partes establece que en dicha sede diplomática se ofrecen cursos y funcionan centros ilegales de Internet, “con el objetivo que actúen contra los intereses del Estado cubano”. Lo más loable es que dicha declaración deja muy claro que en opinión de sus redactores, no se actúa en contra de los derechos inherentes a la persona humana, no se actúa contra el pueblo cubano o contra la nación cubana. Siempre de acuerdo con sus redactores, se trata solamente de los intereses del “Estado cubano”.

Hace años, los intereses del Estado Sudafricano consideraban que era necesaria la exclusión de una parte de los ciudadanos de Sudáfrica en un conjunto de actividades puntuales. A esta práctica se la llamó Apartheid y este complejo de medidas dirigidas contra un grupo humano, a partir de los intereses del Estado Sudafricano, cosechó una avalancha de críticas y contramedidas de los poderes reguladores internacionales, que no tuvieron en consideración los intereses del Estado sudafricano ni el principio de soberanía nacional que asistió en su momento al apartheid y a los más altos intereses de aquel estado sudafricano.

Habría que analizar el carácter ilegal de la enseñanza del periodismo, los idiomas o las nuevas tecnologías de la información a personas excluidas de estos conocimientos de acuerdo o bajo la prevención de que estos conocimientos no sean usados contra “los intereses del Estado cubano”. O esa peregrina concepción de que las exclusiones o el Apartheid solo son válidos si se trata de evitar “que actúen contra los intereses del Estado cubano”.

El Estado cubano, en defensa de sus más legítimos intereses, logró imponer el carácter extra territorial de su ley migratoria hasta los Estados Unidos. En la actualidad existen dos tipos de ciudadanos norteamericanos: unos viajan a Cuba con su pasaporte norteamericano, otros para hacerlo tienen que usar un pasaporte cubano. Con lo buenos que son los americanos, tengo el muy justificado temor de que vuelvan a ceder y entonces se impida el acceso a conocimientos y a la web, desde “locales y centros ilegales de internet para proveer entrenamiento e impartir cursos a personas, con el objetivo de que actúen contra los intereses del Estado cubano”.

Hasta este momento la exclusión de personas que ejercen su derecho a disentir con el “Estado cubano” nunca ha sido puesta en tela de juicio por los mecanismos reguladores internacionales. Las exclusiones sólo son condenadas cuando se trata de las motivadas por raza, sexo, orientación sexual u origen nacional. Los disidentes cubanos deben morir en huelgas de hambre o en oscuras y no bien aclaradas circunstancias para que se conviertan en noticia, o ser agraciados por los siempre sospechosos promotores y auspiciadores de celebridades y célebres descalabros.

Crucemos los dedos para que los “intereses del Estado” militar, excluyente y totalitario de Cuba, corran la misma suerte de los de aquel Estado racista y también excluyente de Sudáfrica.

 

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