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Los infalibles

Emilio Carrillo González, Primavera Digital

La Conchita, Pinar del Río.- Cualquier parecido es pura coincidencia: Cuentan que en una isla muy lejana, tan lejana que el mundo se ha olvidado de ella, los infalibles tomaron el poder mediante una revolución violenta: hacían estallar bombas en los pueblos, cortaban el tendido eléctrico, mataban y morían. Estos seres son distintos a los demás miembros del planeta, poseedores de facultades nunca antes vistas.

Los iluminados son capaces de hazañas que Julio Verne no hubiese imaginado. Tienen maestría para cambiar conceptos, sustituyen los bueno por lo malo y viceversa, dueños de poderes hechiceros que les han permitido engañar fácilmente a muchos en el mundo y a otros tantos entre el pueblo que martirizan.

Exhiben una extraña mezcla de bondad con ferocidad, critican hechos que cometen a escala superior, son capaces de mentir con la verdad y decir verdad con la mentira, dibujan paraíso donde realmente existe infierno. Son incomprensibles, se creen dueños del monopolio de lo bueno, la dignidad para ellos solo existe en sí mismos.

Van por el país destruyendo sueños, pisoteando almas, rompen corazones indefensos, se burlan de lágrimas justas. ¡Ay de la humanidad si estos infalibles contaran con grandes recursos! Serían capaces de crear otro infierno para competir con Satanás, porque no pueden existir sin tener enemigos poderosos.

En la isla donde habitan y que fue comprada con sangre, las personas son inducidas a hacer casi todo al revés: en la fechas luctuosas se celebran fiestas, aplauden lo que no quieren, critican lo que añoran, existen leyes que permiten sancionar a las personas antes de que cometan el delito, se le imponen multas a campesinos por la pérdida de su propia vaca y cuentan con una democracia tan exclusiva que permite saber con certeza quien será el presidente años antes de que se celebren las elecciones.

Desdichados los que se atreven a discrepar del poder de los infalibles. Están muertos, presos o en el exilio, en los mejores casos se les humilla ante el mundo, tildándolos de traidores y de estar al servicio de Gobiernos extranjeros, la coartada sirve para mostrar su omnipotencia y dejar bien claro que hasta un poderoso imperio necesita colaboradores internos en la feroz lucha injustificada que sostienen contra ellos.

No se entiende como un país líder, que siempre ha contado con brillantes hombres para dirigir su política exterior, a veces brinda tontamente los instrumentos para que los infalibles hagan su propaganda; su torpeza es tanta que en ocasiones parece complicidad.

Los infalibles se engañan: creen tener un sistema perfecto, no admiten que otros con criterios diferentes muestren sus ideas a través de los medios, su mente es tan cerrada que son incapaces de entender que hasta el mismísimo cristianismo tuvo y tiene oposición. Se atribuyen el derecho de escogerles a las personas lo que deben ver o escuchar.

En el país que gobiernan, casi todo es del Estado, pero este, en un acto de bondad, le regala casi todo al pueblo, así las personas no tienen que agradecer sus bienes al creador, sino al Estado y a sus líderes. El enredo emite el mensaje de que todo es del pueblo, pero te lo regala Papá Estado, al cual debes servir sin violar sus mandamientos para no ser un malagradecido. Hay apasionados que lo aceptan y lo creen así porque durante años los medios y el sistema educativo se encargaron de hacer creer que pueblo, Estado y patria son sinónimos. Es por eso que algunos quizás estén dispuestos a morir por los infalibles, porque en la isla significa algo así como morir por la patria.

Si se analiza la situación desapasionadamente y obviando todo tipo de ideología e intereses políticos, en la isla, tanto los gobernantes como los gobernados hemos sido víctimas del olvido del mundo civilizado y democrático, porque todos estamos engañados: los gobernantes creen tener razones para violar los más elementales derechos a los ciudadanos, y los gobernados -no todos, pero sí muchos- no creen ser merecedores de libertades que otros pueblos poseen desde hace siglos.

Para realizar estas hazañas sin recibir el rechazo de pueblos vecinos y de otros que no lo son, los infalibles cuentan con un fuerte escudo casi invisible: "el escudo dadivoso". Muchos pobres en remotos parajes de diferentes países reciben los beneficios del enigmático escudo; este fuerte protector es reforzado con la solidaridad de otros pichones de infalibles que también sueñan con añejarse en sus respectivos países.

Pero todo tiene su tiempo, y la verdad emergerá, como siempre ha ocurrido. Lo que preocupa es el precio que ha de pagar el pueblo, porque en la isla de los infalibles, nunca antes los cambios fueron por la vía pacífica.

 

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