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Los hijos de papá se divierten

Para ellos, el capitalismo no es una maldición. Todo vale para los príncipes de la Revolución, lo demás es historia antigua

Víctor Manuel Domínguez, en Cubanet

LA HABANA, Cuba.- (Cuba Sindical) ¿Se fotografiaría Fidel Castro Díaz-Balart con Lola, Yaíma, Mirta u otras supuestas o reales heroínas del trabajo por imponer récords en la limpieza de tripas en el Combinado Cárnico Habana, la recogida de café en Guantánamo, o el despalille de hojas de tabaco en Viñales, Pinar del Río?

¿Caminaría como un rey, calzado con botas de goma, gorro, delantal blanco y nasobuco por el comedor obrero de la empacadora de carne? ¿Usaría sobre su real cabeza revolucionaria un sombrero de guano para cubrirse del sol en las montañas orientales? ¿O, tal vez, una gorra verde para visitar una fábrica de puros en Vueltabajo y así rendir homenaje a estas dignas mujeres? No lo creo.

El problema es que a cualquier hijo de un papá que habita en las cumbres borrascosas del poder en Cuba, le causa mareos mirar para abajo. Desde niños, dice Radio Bemba (chismorreo popular), les enseñan a marcar distancia de la plebe, hacer algo que los demás no pueden ni soñar, y sobre todo, a vivir bien.

Los hijos de papá

En los últimos años, y pese a que las autoridades del régimen mantienen para el pueblo el mismo cinturón de castidad ética, social y económica de siempre, los hijos de papá y su excelsa parentela visitan museos de artes en Nueva York, se retratan junto a la Torre Eiffel, en París, u organizan torneos de Golf o de Bridge en las zonas de Cuba que aún no han sido tomadas por las ruinas

Por eso es que la foto de “Fidelito” junto a Paris Hilton no toma por sorpresa a ningún cubano con acceso a internet. Tampoco que salga de fiesta y pachanga con Naomi Campbell, a pesar de que ambas son supuestos símbolos de lo que no debe ser o admirar un comunista, identificado en teoría con la humildad.

Para ellos, el capitalismo no es una maldición, la fortuna una ignominia, ni el glamour un gesto de frivolidad, como hicieron creer sus padres a sangre y fuego, nacionalizaciones, marginación, empobrecimiento y consignas por más de medio siglo. Todo vale para los hijos de papá; lo demás es historia antigua.

No importa que sus padres no hayan tirado un chícharo para que ellos sean, presuman o actúen como ricos, compartan con millonarios de visita en la isla, empresarios, deportistas, jeques, políticos, gurúes de cualquier corriente, o ídolos de una farándula light, distantes de la majomía marxista-leninista.

Lo demás, es decir, las guerras, el racionamiento, las colas, el dengue, la crisis habitacional, la falta de agua, el calor, los baches, el infernal transporte, la picazón, el temor, la música, el ruido, el dominó, el sálvese el que pueda, el aquí no se rinde nadie y Seremos como el Ché, hasta la muerte, para el pueblo.

Los hijos pobres de la Revolución

Celestino Mendoza perdió un hijo de 19 años en Angola. A punto de casarse, y sin nunca haber salido de la capital, con tal de cumplir sólo dos años de los tres que comprende el Servicio Militar Obligatorio (SMO), se fue a una guerra que no era la suya. Voló hecho pedazos en un tren en esa lejana geografía.

De Osmani sólo tiene recuerdos de la infancia, adolescencia y efímera juventud, además de una chapilla con un número y el sitio donde reposan unos huesos que dicen las autoridades son los de su hijo mayor, traídos a la patria durante la Operación Tributo. También es dueño de un dolor interminable.

 “No guardo ningún tipo de rencor, ni le deseo mal a nadie, pero cuando veo las fotos de estos hijos de p… (¿Papá?), haciendo todo lo contrario de aquello por lo que murió mi hijo, me dan ganas de ni se sabe qué. Ni el más lejano pariente de estos vividores ha visto, sino en películas, un campo de batalla”

Por su parte, una joven ex modelo de La Maison, expresó mientras miraba la foto y leía el artículo de Cubanet: “No es extraño. Ese es su hábitat natural. Si lo menos que hacen sus descendientes es pasear su impostura por El Tocororo, Don Cangrejo, El Pedregal, La Cecilia y otros sitios suntuosos para el encuentro entre pudientes del jet set y los hijos de papá, qué no harían ellos”.

A los pocos que se les preguntó sobre la foto de Castro Díaz-Balart con Paris Hilton, les sorprendió el hecho, aunque sí les indignó desconocer la visita de la modelo y actriz a Cuba, al contrario de lo sucedido con Beyoncé y su esposo Jay-Z, quienes durante su visita a la isla revolucionaron La Habana.

 “Los hijos de papá se adueñan de todo. Pero aquí no se sabe si no es a través de internet. Por eso le temen más que el Diablo a la cruz. Ellos saben que Beyoncé asomada al balcón del Hotel Saratoga, movilizó a más cubanos en un día, que todo un año la parafernalia propagandista para reunir al pueblo en un acto de ‘reafirmación’ revolucionaria”, expresó para Cubanet un chofer.

Por su parte, una joven sentada en la escalinata de la Universidad de La Habana, mirando a todos lados, expresó: “Y así nos piden fidelidad a los postulados socialistas de la Revolución. Puro embauque. Haz lo que te digo y no lo que yo hago. Para nosotros, más austeridad, estudio, trabajo y fusil”

Por estos días, en que la televisión cubana no cesa de pasar la foto que Korda le tomara al Che durante el sepelio de las víctimas por la explosión del vapor La Coubre en la bahía de la Habana (1963), muchos quisieran ver en pantallas la cara sonriente de París Hilton junto al rostro de Fidel Castro Díaz-Balart.

Pero ni lo sueñen. En silencio tiene que ser. El festín de una nueva clase que, sin heredar nada y aportar menos, vive a todo tren, ocupa cargos de interés , juega a ser Dios o rey, trafica influencias, domina feudos, viaja y retoza sin importarle lo demás, es bendecido por sus “austeros” padres desde el poder.