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Los dos contrasentidos de Raúl Castro

Roberto Jesús Quiñones Haces

LA HABANA, Cuba, enero, www.cubane.org -Valiéndose de sus testaferros, el régimen cubano arremete frecuentemente contra los disidentes. Al referirse a ellos, dice que son mercenarios adoctrinados por el gobierno de Estados Unidos, vende patrias, personas carentes de liderazgo y simuladores que sólo buscan aprovecharse del dinero de los contribuyentes norteamericanos. Con tales expresiones, y sin permitirle a esa tan descalificada oposición la más mínima oportunidad de defenderse en los medios donde la calumnian, el régimen ha mantenido un ataque constante contra su oposición interna.

Pero hay un proverbio africano que señala: “Lo que recorre la mentira en varios años, la verdad lo hace en un segundo”. Aunque a la disidencia le ha costado años ir quebrantando ese muro de mentiras, poco a poco la verdad ha ido estableciéndose, a pesar de que todavía la exposición de sus ideas debe ser airada en condiciones muy desventajosas.

El pasado 10 de diciembre, se realizó un desfile por las principales calles de Guantánamo, protagonizado por la oficialista Federación de Mujeres Cubanas, para  celebrar el Día de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Más allá de la manipulación, pues al régimen no le importan los derechos civiles y políticos, lo cierto es que ese desfile, realizado por indicación del partido comunista, único permitido en el país, se hizo para impedir que los disidentes realizaran actividades públicas relacionadas con la fecha.

Es obvio que en el futuro el régimen continuará apropiándose de efemérides e iniciativas propias del mundo libre para impedir que la disidencia aumente su presencia social. Y no le importará en lo absoluto conocer que la mayoría del pueblo piensa que esa es una conducta hipócrita y oportunista.

Pero a pesar de todo lo que puedan lograr, si hoy vemos algún cubano que anda por las calles con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, o si se puede celebrar públicamente la fecha, eso se debe al esfuerzo de la disidencia. También es un logro de su lucha cívica el hecho de que hoy, en todas las prisiones cubanas, los reclusos tengan la posibilidad de comunicarse telefónicamente con sus familiares, al menos una vez al mes.

Si los líderes de la disidencia no son más conocidos por el pueblo se debe a la conducta represiva, antidemocrática y anti martiana ejercida por el régimen, cuyos representantes dicen inspirarse en las doctrinas del Maestro. Nuestra disidencia no fue fabricada por el gobierno norteamericano, sino que surgió de las mismas entrañas del Movimiento 26 de Julio y de otras agrupaciones revolucionarias, muchos de cuyos miembros, desde los primeros años de la revolución, se percataron de que Fidel Castro estaba decidido a traicionar los ideales democráticos por los que tantos cubanos dieron su vida en la lucha contra la dictadura de Batista.

A esa disidencia histórica le sucedió la actual, que es fruto, principalmente, de los errores e injusticias, y de la incapacidad del régimen militar cubano para ofrecer un espacio de real participación económica, política y social a todos los cubanos. Eso, unido a la represión violenta, la cárcel, el fusilamiento o el aislamiento social a todo aquel que se le oponga, constituye la principal fábrica de disidentes en Cuba.

No creo que un simulador, carente de fuertes convicciones patrióticas, sea capaz de enfrentar con verdadero estoicismo la feroz represión del régimen, ni sus largas condenas a prisión. Es imposible que un simulador, tras recibir la libertad a cambio de que se vaya al exilio, elija renunciar a esa ventaja para continuar luchando por sus ideales democráticos. Muchos hombres así forman parte de la disidencia cubana actual.

Pero hay un punto donde el discurso oficial tiene dos contrasentidos admonitorios. El primero es el siguiente: si el presidente Raúl Castro Ruz ha afirmado públicamente que la unanimidad en todo es una falsedad, ¿por qué el gobierno que él encabeza sigue reprimiendo actividades sociales independientes y obstaculiza el establecimiento de blogs de intelectuales disidentes, o sanciona a quienes se le oponen, fabricándole causas por delitos comunes con la evidente intención de manipular  su imagen pública?

¿Por qué, entonces, no cumple con los postulados democráticos del programa inicial de la revolución, permitiendo la presencia pública y legítima de todas las corrientes políticas, en igualdad de condiciones? ¿A qué le teme tanto el régimen cubano, si en las recientes votaciones dijo que contaba con más del 95% del apoyo del pueblo?

Si ese apoyo fuera cierto, no tendría por qué temer a unas elecciones verdaderamente democráticas y libres, con presencia de observadores internacionales, y así dejar atrás este tiempo donde encarcela a hombres y mujeres por luchar por los mismos ideales democráticos por los que luchó la llamada Generación del Centenario del Apóstol José Martí

¿O será que los comunistas se creen su propio cuento de que ellos son los únicos patriotas? Ni siquiera en la república que ellos catalogaron como espuria, se entregó jamás una porción del territorio nacional sin que antes no fuera debatido por la sociedad y el cuerpo legislativo, como ocurrió en 1902, cuando desgraciadamente los norteamericanos impusieron a la naciente república la Enmienda Platt.

Sin embargo, el régimen comunista le entregó a la antigua URSS una parte de nuestro territorio nacional para que construyeran la que luego fue conocida como base Lourdes. Y el pueblo nunca fue consultado sobre aquel verdadero acto de entreguismo a una potencia extranjera.

En cuanto al segundo contrasentido: Si los disidentes son tan insignificantes y carentes de proyección social, ¿por qué el gobierno le dedicó tanta cobertura de prensa a la muerte de Oswaldo Payá Sardiñas? ¿Por qué transmite grabaciones ilegales para tratar de empañar la imagen de las principales figuras de la disidencia?

Como aseguran que dijo Abraham Lincoln: “Se puede engañar al pueblo una parte del tiempo; incluso, se puede engañar a una parte del pueblo todo el tiempo, pero no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo”.

 

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