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Los dirigentes comunistas no son queridos por el pueblo, sino temidos

Rogelio Travieso Pérez, en Primavera Digital

El Cerro, La Habana.- En la última década del siglo XX, con el derrumbe del bloque comunista, quedó demostrado que la inmensa mayoría del pueblo ruso y de los demás países de Europa Oriental no quería a aquellos regímenes que les habían impuesto por la fuerza.

¿Han regresado algunos de aquellos países a esos regímenes comunistas llenos de crueldad y crímenes? Todos sabemos que no: nunca quisieran volver a aquellas tiranías.

Si cruel fue el ciclo leninista, más cruel aun fue el estalinismo.

Las campañas estalinistas de requisas forzadas contra el campesinado, en épocas atrás, ya en los campos rusos de manera lamentable se habían vivido. Cuando las masas campesinas iniciaban una revuelta, desataban un terror criminal contra los nobles y los terratenientes, y eran a su vez sangrientamente reprimidos. Solo citaremos dos ejemplos de estos sangrientos enfrentamientos que han quedado en la historia rusa, pero que en cuanto a enseñanzas, han servido de muy poco: las rebeliones de Stenka Razin (1667 y 1670) y especialmente la de Pugachov (1773 y 1775), que hizo temblar el trono de Catalina II y tiñó de sangre el valle del Volga.

Tomas Masaryk, político de una cultura vasta, fundó en 1918 la República Checoslovaca. Era un gran conocedor de la Rusia revolucionaria, ya que entre 1917 y 1919 vivió en ese país. En 1924 escribió: “Los rusos, tanto los bolcheviques como los otros, son hijos del zarismo. De él recibieron durante siglos su educación y formación. Pudieron acabar con el Zar, pero no con el zarismo. Siguen llevando el uniforme zarista, aunque puesto al revés […] Los bolcheviques no estaban preparados para una revolución administrativa positiva, sino únicamente negativa. En particular les reprocho el haber encontrado, a imitación de los zares, un autentico placer en el asesinato”.

Es una impostura presentar al comunismo como “la dictadura del proletariado”. Es dictadura, pero no proletaria.

En Cuba, en la actualidad, se transita en casi todos los sentidos para peor. Una clase obrera en la miseria y sin representación, una Constitución obsoleta y excluyente cuyo articulado viola el Estado de Derecho y contribuye a la impunidad, una Ley de Inversiones que excluye a los cubanos, se violan las regulaciones de la Organización Internacional del Trabajo en cuanto al salario que pagan los inversionistas y que no recibe el trabajador, el personal de la Salud recibe pagos miserables por su trabajo cuando cumplen misión fuera del país, no hay almacenes mayoristas, para los pequeños propietarios de negocios privados, lo que propicia delitos, etc.

El pasado 4 de septiembre se cumplió el aniversario 70 del ingreso de Fidel Castro a la Universidad de la Habana. Al respecto, La revista Cuba Encuentro publicó un material que contiene informaciones que estoy seguro que la inmensa mayoría de los cubanos, sobre todo los más jóvenes, desconocen. Por ejemplo, que en 1945, Alfredo Guevara dijo:

“Aquí ha entrado un muchacho que va a ser otro José Martí o el peor de los gánsteres”.

La entrada de Fidel Castro a la Universidad de la Habana pasó a la historia oficial, contada por el propio Castro, como el inicio de su conversión en revolucionario marxista-leninista.

La formación de Castro no se debió a Marx y Lenin, sino al ambiente que existía en la Universidad de la Habana.

Fidel Castro, cuando ingresó en la Universidad, había recién cumplido los 19 años. En aquel entonces no existía la censura en Cuba, como la que impusieron él y los suyos luego que se hicieron del poder.

En 1945, cuando Fidel Castro entró a la Universidad, los rusos se encontraban bajo el terror instaurado por Stalin.

En el momento de su conversión en “revolucionario marxista-leninista”, ¿conocería Fidel Castro los horrores de Lenin y Stalin en Rusia y en los demás países en que se impuso el Comunismo?

Fidel Castro no pudo ser “otro José Martí”, como dijo Alfredo Guevara. Martí no mató, ni mandó a matar a nadie, y jamás ha existido sospecha de que lo hiciera.

Fidel Castro y los que casi de por vida fueron dueños del poder en Cuba no han sido queridos por los cubanos, sino temidos.