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Los desatinos del canciller

Osmar Laffita, Primavera Digital

Capdevila, La Habana.- El actual equipo de gobierno cubano, oficialmente en el poder desde 2008, eliminó el llamado Grupo de Apoyo, que fue el verdadero gobierno de Cuba en los años que Fidel Castro gobernó de manera omnímoda.

Si bien el actual gobernante no ha renunciado a los métodos de ordeno y mando propios de un gobierno militar, para garantizar que sus órdenes se ejecuten se ha rodeado de un reducido círculo de fieles generales y coroneles que fungen como sus consejeros. Juntos toman las decisiones que imponen al resto del gobierno.

Para mandar una señal falsa de que se ha superado la manera monárquica y absoluta en que se gobernaba, en estos casi cuatros años que Raúl Castro lleva en el poder, el pueblo ha conocido de legislaciones que pusieron fin a algunas de las arbitrariedades del anterior gobernante. De ahí la publicación frecuentes de Decretos-Leyes que están llenos de limitaciones e incongruencias, pero es obvio que han sido cualitativamente superiores que lo legislado por el anterior gobierno.

Parece que Bruno Rodríguez Parrilla, ministro de Relaciones Exteriores, todavía no goza de la suficiente confianza, como la que si tuvo el anterior ministro del Exterior, el defenestrado Pérez Roque. Bruno Rodríguez no forma parte del estrecho círculo que rodea al Presidente Raúl Castro, en el que se destacan Marino Murillos, Zar de la economía, Adel Izquierdo, ministro de Economía y Planificación, Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, jefe del grupo GAESA perteneciente al MINFAR, y Manuel Marrero, ministro del Turismo, que si bien no es militar, por su lealtad se ha ganado el derecho de formar parte de ese exclusivo club

Muestra de ellos es que durante la estancia del canciller cubano en Nueva York para participar en la Asamblea General de la ONU, el 28 de septiembre, se reunió con una representación de la organización de emigrados moderados Cuban Americans for Engagement (CAFÉ). En la reunión se abordaron las relaciones de la emigración con el gobierno cubano.

Los integrantes de CAFÉ le plantearon a Bruno Rodríguez la posibilidad de la participación de los emigrados cubanos en el proceso de reformas económicas, principalmente las dirigidas al surgimiento y consolidación de la pequeña empresa.

Si bien los cubanos que radican en los Estados Unidos están limitados por el embargo, los residentes en otros países pudieran hacerlo de acuerdo a las regulaciones vigentes hoy en Cuba. Con su dinero pueden contribuir al fomento de las pequeñas empresas cuentapropistas dentro de la isla.

El otro aspecto planteado por CAFÉ fue el referido a la necesidad de compatibilizar las prácticas migratorias con los estándares internacionales y la necesidad de buscar soluciones para que los emigrados cubanos puedan viajar sin ninguna traba a Cuba, debido a que la actual política migratoria vigente en Cuba lo dificulta.

Los integrantes de CAFE se refirieron al escandaloso precio de los pasaportes, que perciben como abusivo, así como su rechazo a los permisos de entrada y salida.

Sobre lo referido a la posibilidad de que los emigrados inviertan para el desarrollo de las pequeñas empresas en Cuba, el canciller planteó que al gobierno cubano, en estos momento, las inversiones que le interesan están en el orden de los 200, 300 o 400 millones de dólares.

Como un cubo de agua fría que les tirara a los representantes de CAFÉ, el canciller cubano les dijo que La Habana no busca el fomento de pequeñas empresas con presencia de capital procedente de la emigración. Dichas partidas calculó que podían estar en el orden de los 100, 200 o 400 mil dólares, y dijo que en estos momentos eso es prioridad del gobierno.

Tales planteamientos se contraponen con la actual política del gobierno cubano de flexibilizar cada días más el trabajo por cuenta propia porque es la principal vía de empleo para los centenares de miles de trabajadores que sobran en las plantillas infladas de empresas y ministerios. Una muestra de que el canciller cubano está totalmente desubicado.

Parece que Bruno Rodríguez desconoce que al cierre de mayo tenían licencias 387 275 cubanos que ejercen el trabajo por cuenta propia; de ese total, el 16% son trabajadores contratados. Desde diciembre del pasado año funcionan centenares de pequeñas empresas como paladares, pizzerías y cafeterías, en las que estos trabajadores se desempeñan como cocineros, dependientes, cantineros y personal de servicio. La mayoría de los dueños de estos pequeños negocios pudieron ponerlos en marcha por los miles de dólares que les enviaron sus familiares radicados en el exterior, principalmente en los Estados Unidos, algo que el canciller cubano olvidó decirle a los representantes de CAFÉ o que premeditadamente omitió.

Referente a las la solicitud de flexibilización de las medidas migratorias, el canciller cubano reconoció la necesidad de acercarla a los estándares internacionales, pero para sorpresa de los representantes de CAFÉ, el no conocía la existencia de un mecanismo de permiso de entrada. Aseguró que la habilitación del pasaporte permite a los cubanos radicados en el exterior entrar y salir de Cuba sin la necesidad de algún otro tramite. Tal medida, para Rodríguez Parrilla, es un gran salto en la política migratoria. De los cubanos que están dentro de la isla no hizo ninguna referencia: es como no existieran.

Sobre el precio del pasaporte, Bruno Rodríguez se .limitó a decir, que es algo que se tendrá en cuenta, pero dejó claro que obedece a determinadas razones que no se dignó a explicar. .

Pero todo apunta a que el Presidente Raúl Castro y su círculo de generales y coroneles dejaron mal parado al canciller: a los 17 días de sus dislates escenificados en la reunión con los representantes de CAFÉ, el 16 de octubre, la prensa oficial dio a conocer la nueva política migratoria que entrará en vigencia el 14 de enero del próximo año.

No existe la menor duda de que a los reales gobernantes de Cuba, pertenecientes al MINFAR y el MININT, no les importó lo que Bruno Rodríguez dijera sobre las medidas migratorias en Nueva York y lo han puesto en una situación incómoda en su condición de responsable de la política exterior cubana.

En este desagradable acontecimiento hay dos cosas: o Bruno Rodríguez mintió impúdicamente a los integrantes del grupo CAFÉ o simplemente no está en el cocinado que a fuego lento hace cuatro años prepara el presidente Raúl Castro junto sus leales generales y coroneles.

 

 

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