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Los derechos humanos, un año después

Poco ha cambiado su tratamiento en Cuba, pese al acercamiento con Estados Unidos

Camilo Ernesto Olivera Peidro, en Cubanet

LA HABANA, Cuba.- Una fuerte ola represiva está teniendo lugar en Cuba. Mientras el mundo libre celebra los 67 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en nuestro país han sido amenazados, detenidos e incomunicados decenas de activistas pro democracia para impedir que conmemoren la fecha.

Dentro de una semana habrá transcurrido exactamente un año del anuncio de la reanudación de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Lo ocurrido en la isla durante este periodo en materia de violaciones a los derechos fundamentales podría resumirse en la perturbadora imagen del rostro ensangrentado y cubierto de vendas de Antonio Rodiles que recorrió el mundo en el mes de julio.

Pero lamentablemente ha ocurrido mucho más. Durante este año domingo tras domingo las Damas de Blanco y los activistas de UNPACU y otros grupos han sido reprimidos en la Iglesia de Santa Rita y a lo largo de todo el país. Ni la visita del papa sirvió de nada.

Simultáneamente la pobreza y la indefensión de los ciudadanos frente a la corrupción del sistema aumentan y, mostrando su desesperanza, miles de cubanos huyen en estampida en balsas o a través de Centroamérica, rumbo a Estados Unidos temerosos de que el vecino país les cierre las puertas en cualquier momento.

Los derechos humanos

Hace un año, el 10 de diciembre de 2014, mientras los gobiernos de Cuba y Estados Unidos ultimaban en secreto los detalles de su nueva luna de miel, el panorama represivo en la isla lucía exactamente igual que hoy: fuerzas paramilitares y uniformadas de la policía golpeaban a opositores pacíficos a pleno día, en el mismo centro de La Habana y en todo el país. Siete días después de las golpizas, Raúl Castro y Barack Obama anunciaban por televisión la reanudación de las relaciones diplomáticas entre sus respectivos países.

En el documento publicado por la Oficina del Secretario de Prensa de La Casa Blanca el 17 de diciembre de 2014, se especificaba en lo referido a los DDHH en la isla lo siguiente: “… (La nueva política hacia Cuba) incluirá un apoyo continuo y sólido que perseguirá la mejora de las condiciones en materia de Derechos Humanos y la implementación de reformas democráticas en Cuba”. Más adelante, dentro del acápite denominado “Compromiso firme con la democracia, los derechos humanos y la sociedad civil” añadía que “incluirá un apoyo fuerte de los Estados Unidos para que haya mejores condiciones de derechos humanos y reformas democráticas en Cuba”. Un párrafo más abajo, la administración estadounidense especificaba que…  “continuará implementando programas de EE.UU. enfocados en promover el cambio positivo en Cuba”.

A un año de la publicación del alentador documento de la Casa Blanca, la situación no ha mejorado en nada y muchos sienten que la promesa no se ha cumplido. Cuba es hoy una nación en fuga, y el único nuevo derecho que Raúl Castro le ha concedido a los cubanos es el de vender la casa para costear esa fuga. Derecho que ya ha sido revocado a los médicos-esclavos –sin que nadie haya hablado del tema– y podría revocarse al resto de la población.

Mientras tanto, muchos opositores perciben que la administración norteamericana se distancia de ellos, gradual pero obviamente. En la denominada política real, hay palabras y compromisos que, víctimas del  pragmatismo, se lleva el viento.

Los Castro se sienten impunes y reprimen con mano dura ante la indiferencia de Estados Unidos y el resto del mundo; ganan tiempo y se empoderan para convertirse en los nuevos capitalistas dueños del país.