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Los crecimientos económicos en los que nadie cree

Los mandamases verde olivo, a la hora de anunciarlos, se mandan, se zumban y se encaraman

Luis Cino Álvarez, en Cubanet

LA HABANA, Cuba.- El pasado año el Producto Interno Bruto PIB creció un 4%. Y los cubanos, con los bolsillos agujereados, el cinto bien apretado y las tripas rugientes, viendo como suben los precios de los alimentos a pesar de los topes y las preocupaciones de los mandamases, seguimos todavía sin entender y sin creer ese crecimiento, a más de un mes de que fuera anunciado por Marino Murillo, el ministro de Economía.

Murillo ha dicho que lo sabe, está consciente de esa incomprensión y descreimiento. Pero qué va a hacer si no consigue hacer inteligibles sus informes ante la Asamblea Nacional.

Y uno se pregunta si realmente se esfuerza el obeso zar de la economía por hacerse entender, porque parece más bien como si hiciera lo contrario, y se esmerara en hacer los dichosos informes lo más enrevesados e ininteligibles posibles. Siempre se puede más. Sí se puede, lo dijo el jefe.

Los informes económicos de Marino Murillo, con su galimatías de números y palabras que no concuerdan y menos aún dicen algo coherente, parecen hechos con la intención de que el 95 % del público se quede sin entender y el 5 % restante, conformado por los que no tienen que entender, sino obedecer, repetir consignas y chivatear, apruebe sin chistar.

Según Murillo, en 2014 la economía había crecido un 1% con respecto al año 2013. Y en 2015 creció un 4%. Murillo considera que fue un buen resultado, pero que se pudo haber crecido más…

Advertidos como estamos del más que calamitoso estado de la economía nacional, creer en el 4% de crecimiento del PIB conllevaría tanta fe como creer a pie juntillas en la concepción de María por el Espíritu Santo.

Pero no hay por qué extrañarse demasiado. Sabemos que los mandamases verde olivo, a la hora de anunciar crecimientos económicos, se mandan, se zumban y se encaraman.

En el verano de 2004, la crisis energética puso al país al borde del colapso. La sequía y luego los ciclones provocaron un descenso en la producción agrícola que obligó a aumentar las importaciones de alimentos. Pero ese año, en medio de los apagones, las cosechas arruinadas y la paralización de 120 fábricas, el gobierno no tuvo reparos en anunciar que la economía había crecido un 5%.

En el año 2006 se anunció un crecimiento económico del 12,5%. En el 2005, había sido de un 11,8 %.

El gobierno explicó aquella bonanza por “el crecimiento de prácticamente todas las ramas de la economía, la revolución energética y el desarrollo de obras sociales”(¡!).

De haberse mantenido aquellos insólitos niveles de crecimiento, para el año 2010 la economía cubana casi se hubiera duplicado. Hubiera sido un milagro económico digno de los tigres asiáticos. Pero no ocurrió. Era totalmente imposible.

El crecimiento de la economía cubana es calculado por los mandamases a su manera, con muy peculiares métodos, que incluyen la exportación de médicos a Venezuela, Brasil y otros países, y los turistas esquilmados, pero ignoran los millones de dólares que entran al país producto de las remesas que envían a sus familiares los emigrados, chuleados y chantajeados emocionalmente por los mismos que los hicieron irse de su país y ahora graciosamente, si se portan bien y están dispuestos a gastar sin reparos, les permiten ir de allá para acá, de aquí para allá…

Esos anunciados crecimientos económicos sólo sirven a los fines propagandísticos del régimen con destino al exterior. Van dedicados a cierta prensa internacional que se deja embaucar, a cándidos inversionistas y a los camaradas solidarios. En Cuba, nadie se los cree. Chotas como somos, esos crecimientos económicos solo nos causan risa. Menos mal, porque si no riéramos, arderíamos de tanta irritación. Que nuestra inteligencia y credulidad se merecen un poco de respeto, ¿no?