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Los crímenes del comunismo

René Gómez Manzano

LA HABANA, Cuba, octubre, www.cubanet.org -En uno de sus más recientes pronunciamientos, el presidente venezolano Hugo Chávez, mientras enfatizaba que -supuestamente- las ideas de su “socialismo del siglo XXI” no eran las mismas que las del comunismo, afirmó y repitió que estas últimas son “muy respetables”.

Esta afirmación me hizo pensar en que algunos demócratas del mundo suelen plantear lo mismo que el teniente coronel de Barinas, aspirante a gorila frustrado que, tras llegar a la presidencia por el voto popular, ha hecho y continúa haciendo todo que de él depende para eternizarse en él, pese al cáncer que lo corroe.

Al oír ese tipo de declaraciones, uno no puedo menos que contrastar la crítica acerba que se hace de las ideas nazis y sus afines, mientras que se muestra tolerancia hacia las doctrinas inspiradas en Marx y Engels, que fueron llevadas a su enunciado clásico por el reformador de la secta, el fanático Vladimir Ilich Lenin, tirano de toda Rusia.

Debo hacer aquí una aclaración: Por supuesto que es justísimo el repudio de todas las personas decentes a las ideas monstruosas de Hitler y sus seguidores, que condujeron a genocidios espantosos como los perpetrados contra los judíos y otros grupos étnicos, así como al terrible desastre de la Segunda Guerra Mundial.

Mas los comunistas no se quedan atrás. Se calcula que el nefasto Führer alemán ordenó el exterminio de seis millones de hebreos, pero las muertes ocasionadas por los regímenes marxistas-leninistas son mucho más numerosas. Sólo en China, los muertos provocados por el llamado “Gran Salto hacia delante” y la “Revolución cultural” se calculan en más de veinte millones.

También en Rusia y la antigua Unión Soviética, los camaradas rojos, aplicando otras políticas demenciales como las del llamado “comunismo de guerra” en tiempos de Lenin y la “deskulakización” o “lucha contra los campesinos acomodados” en los de Stalin, ocasionaron muertes por millones.

Mención aparte merece la hambruna provocada en Ucrania por orden del “padrecito de los pueblos”. Este proceso se diferencia sustancialmente de los antes mencionados, pues en éstos la gran mortandad fue una consecuencia inesperada de las locas políticas aplicadas, mientras que en Ucrania se trató de un exterminio intencional, diseñado para castigar a los ciudadanos de esa república por su rechazo decidido a la socialización.

En la Camboya del Khmer Rouge, la matanza fue menor en términos absolutos, aunque de amplitud similar a las ya mencionadas. No obstante, si tomamos en cuenta la pequeña población de ese país, la carnicería fue aún mayor en términos comparativos. Conste que he mencionado sólo los procesos de aniquilación que pueden medirse en millones.

El nombre de Auschwitz provoca un merecido horror en las personas decentes, pero conviene recordar que los tenebrosos campos de concentración fueron ideados no por Hitler ni su verdugo Himmler, sino por los comunistas. Cuando el líder nacionalsocialista sólo soñaba con llegar al poder, ya en Rusia eran mencionados con horror parajes como Vorkutá o Kolymá, en el lejano Norte.

Lo más irónico de todo es que los llamados neonazis actúan de manera vergonzante, pues ninguno de ellos reivindica la herencia del Führer ni enarbola la suástica. Los comunistas, sin embargo, no tienen empacho en reconocer la paternidad ideológica de un carnicero como Lenin, ni en blandir con orgullo el símbolo abominable de la hoz y el martillo.

¿Y qué hacen al respecto algunos demócratas del mundo? Mientras la hipotética participación de fuerzas supuestamente neonazis en gobiernos como los de Austria y Bélgica provocó en su momento el airado repudio de la mayoría de los países de la Unión Europea, los declaradamente comunistas han ocupado ministerios en gobiernos de coalición ante el complaciente beneplácito de esos mismos demócratas.

Volviendo al señor Chávez, debo decir que lo planteado por él es completamente falso: su “socialismo del siglo XXI” se parece muchísimo en el fondo al de tipo tradicional, sólo que es más taimado y tiene un poco de colorete. Y los comunistas respetables son los que se reciclan y son capaces de dejar atrás la herencia negra de Lenin, Stalin, Mao y Pol Pot, condenar abiertamente sus crímenes espantosos y respetar las ideas ajenas.