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Los 20 millones, la soberanía y la mala espina

 Luis Cino Álvarez, Primavera Digital

Arroyo Naranjo, La Habana.- Mucha mala espina da la lectura del artículo aparecido el día 30 de julio en el periódico Granma, firmado por Oscar Sánchez Serra, “Nada que atente contra la soberanía nacional puede quedar impune”. Nada más leer el título y ya asusta. Supongo sea el objetivo.

El artículo “informa” -si es que se puede llamar informar a lo que hace el órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista, que es referirse a lo que autorizan los Jefes, exactamente de la forma que deseen que se haga- al análisis que hicieron los diputados de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Asamblea Nacional sobre el descongelamiento por parte de John Kerry, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos, de los 20 millones de dólares de ayuda a la disidencia interna en Cuba.

Desconfiado que soy con los teje-manejes (des)informativos del periódico Granma, me pregunto si el tal Sánchez Serra es un periodista de la plantilla del órgano oficial del Comité Central del PCC. Incluso me pregunto si en la vida real existe alguien con ese nombre en los medios oficiales, porque en estos casos, es sabido que la tarea de hablar de “temas sensibles” no se la encomiendan a cualquiera. Particularmente si se trata de lo que el régimen está dispuesto a tolerar a los opositores antes de enviarlos a prisión.

Evidentemente, esas no son atribuciones de la aburrida y monocorde Asamblea Nacional y mucho menos de un periodista de la prensa oficial, la que dicho sea de paso, tiene más o menos las mismas características del Sanedrín del Poder Popular, que de tal sólo tiene el nombre.

Que no me vengan con el cuento de que a los diputados les preocupan las marrullerías de Kerry (¿ya se nos olvidó aquella campaña electoral tan sucia en que George W. Bush al lado de su rival demócrata parecía un niño bueno?) y las trapisondas de la más barata politiquería norteamericana, porque de eso exactamente se trata este asunto de la liberación de los fondos para la disidencia. ¿O alguien se creyó el cuento de que este pugilato por los dichosos fondos o la enmienda de Mario Díaz Balart para revertir las medidas del presidente Obama de liberalizar el envío de remesas y los viajes de los cubano-americanos a la isla, tiene algo que ver con un real interés por la libertad y la democratización de Cuba?

Si de algo sirve leer lo que Granma está autorizado a informar, no es precisamente para enterarse de los chanchullos de la politiquería yanqui, sino para tratar de adivinar por dónde vendrán los tiros de un régimen que en materia de represión no suele medirse demasiado, especialmente cuando se asusta.

De ahí la mala espina. Se disparan todas las alertas cuando se habla de soberanía nacional según el estrecho concepto decimonónico en que los mandarines verde olivo la entienden. De algo les tiene que servir el enfrentamiento más histérico que histórico de la nación cubana -también según como ellos la entienden, equivalente a revolución, socialismo, Partido, Comandante en Jefe ¡ordene!- con los Estados Unidos.

En el artículo ¿de Sánchez Serra? se esfuerzan por equiparar la recepción de dólares por los opositores cubanos con el castigo que afrontaría, según las leyes federales, el ciudadano estadounidense que recibiera dinero de un gobierno extranjero para subvertir el orden establecido. Lo cual, por cierto, no parece ser el caso de los Pastores por la Paz, Gloria de la Riva y sus tracatanes de los comités por la libertad de los Cinco y otros grupos de solidarios y cabilderos, la Brigada Venceremos (que tal vez cobre en marihuana), el periodista Lázaro Fariñas (más combativo en Miami que sus colegas habaneros) y el camarada Andrés Gómez y su brigadita floridana de respuesta rápida. ¿O es que los cabildeos, los votos y la solidaridad no implican desembolso de dinero y otros favores que también cuestan al régimen de La Habana y a su vicaría sostenedora y bolivariana de Caracas?

No hace falta que algún plumífero del Granma o los corifeos del Sanedrín recuerden que la fascistoide Ley 88 está ahí, aceitada y afilada, aunque haya sido relativamente poco utilizada –sólo en casos puntuales-, que para reprimir sobran los mecanismos legales en Cuba.

De eso se trata. Ahora que en la normalidad raulista, además de remendar el modelo económico, se esfuerzan en que Cuba empiece a parecerse un poco al resto de los países de América Latina, en particular a los de la Alianza Bolivariana, va y los mandarines siguen las experiencias de Correa y Chávez y en lugar de olas represivas y primaveras negras al estilo nazi, amparados en la legalidad socialista (¿cuál si no?) empiezan a procesar a opositores y a meterlos presos por difamación, desacato, o por ¡horror! recibir dinero de la USAID. Y será una represión institucionalizada. Poco habrá que objetar en el Parlamento Europeo, donde están locos por creer que Cuba se democratiza a pasitos cortos.

En el caso de los más inconvenientes para el régimen, si Cuba se va a parecer tanto al resto del continente, va y sin que se pueda probar que sea culpa del gobierno, hasta empiezan a aparecer periodistas muertos en las cunetas. Como en México o Colombia. O en Rusia, que nos queda más cerca (putinerías mediante) aunque esté más lejos.

Luego que no digan que nadie advirtió del peligro de dar pretextos a la dictadura para reprimir a sus anchas y luego poder alegar que está en su derecho a defenderse. La disidencia interna necesita ayuda de donde sea, lo que no precisa para nada es el alarde y el pataleteo. Total, para casi nada. Ya sabemos que si no se organiza su entrega de otra forma mejor, la mayor parte de los 20 millones dólares los despilfarrarán allá. El dinero quedará, como diría José Alfredo Jiménez, “en la misma ciudad, en el mismo lugar y con la misma gente”. O quedará enredado en las mallas del embargo, que es bloqueo sólo para lo que conviene a ciertos personajes de uno y otro bando.