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Londoño el ilusionista

Luis Cino Álvarez, Primavera Digital

Arroyo Naranjo, La Habana, (PD) Si ya le concedió el honor de, más que comentar, reproducir casi íntegro en una de sus reflexiones su primer editorial en The New York Times donde abogaba resueltamente por el levantamiento incondicional del embargo norteamericano, el Compañero Fidel, si está en condiciones, debería ser agradecido y aprovechar que Ernesto Londoño está de visita en Cuba para recibirlo en Punto Cero.

Vendría a ser algo así como un nostálgico remake de su reunión en su campamento de la Sierra Maestra, a principios de 1957, con el periodista Herbert Mathews, también de The New York Times, cuando no solo logró demostrar que estaba vivito y peleando y no muerto, como aseguraba Batista, sino que también consiguió engañar al entrevistador –el primero de los muchos yanquis ingenuos con que se toparía más adelante- y convencerlo de que su gavilla de alzados era un ejército guerrillero mediante el matrero expediente de hacerlos pasar una y otra vez, con distintos gorros, cascos y sombreros.

A Herbert Mathews había que engañarlo. A Londoño no: ya viene engatusado. O sobornado. No sé si por el régimen castrista, los granjeros y empresarios norteamericanos que desean hacer negocios aquí, por los millonarios anticastristas-comecandela- arrepentidos como Carlos Saladrigas o Alfy Fanjul y otros que sueñan con invertir en Cuba para restaurar la maltrecha industria azucarera cubana y sonando el cuero, volver a ser los barones de la sacarocracia que fueron, ellos o sus padres, antes de 1959.

Por el motivo que sea, con Londoño no hacen falta trucos. Más bien, del ilusionismo se encarga él, con sus editoriales sobre Cuba en el influyente The New York Times.

Londoño, por sus servicios al castrismo, en sus esfuerzos por conseguirle, a costa de los yanquis, un aire, que no sería el segundo sino el enésimo, ahora que está contra las cuerdas de la economía, la historia y la biología, se merece ser recibido, con alfombra roja, en Punto Cero, y no simplemente en la sala de redacción del periódico Granma, a donde acudió sin sacudirse el polvo del camino, a cambio de nada, porque, dejémonos de boberías, ¿qué puede enseñarle a un editorialista de NYT el aburridísimo órgano oficial del Comité Central del PCC? Al contrario, periodistas como Londoño son los que necesita la prensa oficialista para ser medianamente creíble, ahora que el castrismo se prepara para su sobrevida.

En su serie de seis editoriales dominicales sobre Cuba en NYT, además de la normalización de las relaciones de los Estados Unidos con el gobierno cubano sin que tenga que hacer concesiones a cambio, Londoño ha abogado a favor del canje de los tres agentes de la Red Avispa por el contratista Alan Gross, y en contra de que el gobierno norteamericano financie a la oposición pro-democracia y dé asilo a los médicos cubanos que cumplen misiones en el exterior.

Para defenderse de quienes lo acusan de complacencia con el castrismo, Londoño ha alegado: “Al gobierno le hemos llamado régimen, hemos dicho que es autoritario y que se ha beneficiado de la política del embargo usándolo como una justificación para sus fallas”. ¡Mire usted qué cosa! ¡Qué crítico tan ácido!

Sé que sería pedir demasiado que se entreviste con opositores, porque ya en uno de sus editoriales los ha calificado de antemano -tal vez basado en lo que dice Granma, Cuba Debate y la Mesa Redonda- como “charlatanes y ladrones”. En cambio, resultaría muy oportuno para sus próximos editoriales, que Londoño, ahora que está en Cuba, aproveche para recopilar experiencias de primera mano y se reúna no solo con representantes del oficialismo, sino también con cubanos de a pie, dispuestos a hablarle claro, que le hablen de la vida miserable que llevan, no tanto por causa del embargo, sino más que todo por la absoluta ineficiencia del sistema y la falta de libertades de todo tipo; que converse con médicos para que le expliquen que son esclavos de este régimen que los mueve a su antojo y dispone de ellos, y que por eso, muchos se quedan en cuanto ponen un pie en otro país.

Por lo pronto, Londoño ha anunciado su intención de reunirse con blogueros independientes. Ojala sean los de verdad, y no los de La Joven Cuba y otros chiringueros que dicen ser -como si eso fuese posible en un país donde la Internet es controlada por las autoridades- practicantes del oficialismo por cuenta propia. Sería bueno que nos escuche a algunos de los independientes de verdad. Y escucharlo a él. A ver si logra convencernos de sus buenas intenciones. Si es que las tiene, y no se trata, como parece, solo de negocios.