.

Cubanálisis - El Think-Tank abre un espacio más a los heroicos y decididos profesionales que desde dentro del monstruo enfrentan innumerables y continuas presiones para ejercer cada día su derecho a expresar sus opiniones. No se publicarán materiales donde los autores no se identifican con sus nombres reales o no residan en Cuba. El único criterio restrictivo es la calidad: materiales escritos con rigor profesional se publican, aunque Cubanálisis - El Think-Tank no comparta necesariamente opiniones vertidas en dichos artículos.

 

Lo que nunca se dijo de los sucesos de la embajada de México en 2002

Michel Iroy Rodríguez Ruiz, Primavera Digital

Marianao, La Habana.- En el año 2002, 23 jóvenes a bordo de un ómnibus de la ruta P1, penetraron en la embajada de México en La Habana.

Al informar sobre aquel hecho, los medios oficiales mintieron a la población cubana y al mundo. Los hechos no fueron como los contaron.

Este reportero se encontraba presente en el lugar de los hechos. Fui uno de los 23 jóvenes que penetraron en la sede diplomática mexicana. Por ello, fui encarcelado y condenado a 9 años de prisión.

El gobierno cubano fue el promotor de los autos destruidos y los daños ocasionados en ese día.

El lector sacará sus propias conclusiones.

Los sucesos ocurrieron luego de una declaración del entonces canciller mexicano Jorge Castañeda que fue divulgada por medios internacionales. Muchos dicen que fue por Radio Martí. Yo me enteré por comentarios de la gente, pues era la noticia del día. Castañeda había expresado en la Florida, con motivo de los 100 años de relaciones entre México y Cuba, que se habían acabado las relaciones con la revolución cubana, y que comenzaban las relaciones con la República de Cuba. Y según decían, siguió diciendo el canciller que para todos los cubanos que quisieran emigrar, la embajada de México en Cuba estaba abierta.

Muchos cubanos, principalmente jóvenes, se volvieron locos con aquella noticia insólita. Cuando yo llegué al lugar, ya había más de 3000 personas, todas con la intención de emigrar. Buscaban la oportunidad de penetrar dentro de la sede diplomática que se encontraba rodeada de agentes de Seguridad del Estado y policías uniformados.

En medio del tumulto y la confusión, muchos divisamos a un señor de tez negra que trepado al techo de una de las casas frente a la embajada, empezó a lanzar piedras a la muchedumbre.

Todo era muy raro.

Los agentes de Seguridad del Estado que vigilaban el lugar incitaban a que los agredieran. Te ponían la mano en el pecho, como para detenerte y te decían "no me vayas a dar un golpe", pero luego te empujaban y te golpeaban.

Cuando los presentes comenzaron a defenderse, la policía y los agentes de Seguridad del Estado empezaron a agredir descaradamente. Llegaron a azuzar a perros entrenados para que mordieran a los que se les enfrentaban.

Recuerdo que a un periodista extranjero, varios agentes vestidos de civil le arrebataron la cámara y se la rompieron contra el piso.

Hubo muchos detenidos, varios de ellos heridos.

Pedro Placencia Achon, Ramón Méndez Sosa y Henry Urrutia Pérez, tres de los 23 jóvenes que lograron penetrar en la sede en el ómnibus, fueron salvajemente golpeados. Fueron incitados por un desconocido, del que no se supo más, a apropiarse del ómnibus.

En aquel ómnibus había alrededor de 70 personas, entre ellas embarazadas, niños y ancianos, que fueron bajadas por los jóvenes que se apoderaron del vehículo.

Al proyectarse el ómnibus contra la sede y chocar con un árbol, dos de los tripulantes quedaron atrapados en la primera puerta. Los demás logramos salir y trepar al techo de la embajada. Luego de más de una hora y bajo la presión de nosotros, que a gritos pedíamos que fueran atendidos los heridos, un grupo de ambulancieros lograron el permiso para acceder a la sede diplomática y dar los primeros auxilios a los heridos. Luego, a empujones y en medio de maltratos verbales y físicos, fueron sacados y conducidos a un hospital. Recuerdo que algunos esbirros les gritaban que deberían morirse.

El embajador mexicano no impidió las agresiones contra los dos heridos.

No nos dieron comida durante las 29 horas que permanecimos dentro de la embajada. Solo pudimos ingerir agua mineral y una taza de café que según algunos afirman, contenía algún sicofármaco.

Alrededor de las 3 y 15 de la madrugada fuimos atacados por los miembros de un comando especial, que usaban cascos y petos verdes. Fui golpeado varias veces en el abdomen, y proyectado otras tantas veces contra el piso, mientras oía los gritos de dolor de los demás.

Esposados, fuimos sacados a la fuerza.

Me montaron a empujones en un auto negro, que se encontraba en la esquina de la embajada, muy bien custodiado.

Luego de permanecer tres años en espera de juicio en la prisión de máxima seguridad Combinado del Este, cuatro fuimos sancionados por el delito de robo con violencia e intimidación a las personas, daños y delitos contra la seguridad del estado, a penas de 3 a 5 años de cárcel; el resto, a penas de entre 7 y 15 años de privación de libertad. A los que eran menores de edad, esperaron 5 años para imponerles penas de 7 años de privación de libertad.

Fuimos sacados de la prisión el día antes del juicio y llevados a Villa Marista, la sede de Seguridad del Estado, para ser interrogados. Esto fue en el año 2005, cuando faltaban dos meses para que se cumplieran 3 años de los sucesos de la embajada,

En el juicio, el chofer del P1 descartó el robo con violencia. Declaró que nunca fue amenazado y mucho menos golpeado. Pero los fiscales del régimen tenían que cumplir la orden.

Tiempo después supe que el chofer del P1, fue sancionado y nunca más lo dejaron manejar una guagua, porque se negó a decir en el juicio las mentiras que los instructores de Villa Marista querían que dijera.

Los 23 fuimos instruidos de cargos en la sede del DTI en 100 y Aldabó, por un delito de violación de una sede diplomática, pero luego, la mayoría de nosotros fuimos sancionados por "robo con violencia".

En el caso mío, acepté el delito de "violación de sede diplomática", y firmé las confesiones dadas por mí. Por este delito, el tribunal me sentenció a 9 años de privación de libertad. Pero por "robo con violencia", con declaraciones falsas y firmas falsificadas, fuimos instruidos de cargos por el DSE y sancionados en una sala de delitos contra la seguridad del estado.

Los incitadores de aquellos hechos no fueron vistos nunca más.

Hoy, luego de más de 12 años, comprendo que todo fue una manipulación del gobierno. Las autoridades no trataron de prevenir el disturbio, más bien lo incitaron. Algunos tipos, que no sé de dónde aparecieron, incitaron a la ocupación del ómnibus. El señor de tez negra que trepó a la azotea a tirar piedras, seguramente era un agente de Seguridad del Estado.

Años después, durante una cumbre presidencial que se celebró en México, por vía telefónica el presidente mexicano Vicente Fox le pidió a Fidel Castro que de lo sucedido en la Embajada de México en La Habana no se hablara nada.

Muchos de los sancionados, como yo, cumplimos casi la sanción completa.

Según supe luego de ser liberado, el gobierno mexicano pagó los daños ocasionados y pidió que los que penetraron a la sede, no fueran juzgados. Fue la condición que pusieron los mexicanos para permitir que nos extrajeran de la embajada. Eso, y que no penetraran en ella con armas, y no fuéramos golpeados. Pero las autoridades cubanas hicieron todo lo contrario.

Al embajador mexicano ni siquiera le permitieron entrevistarse en la prisión con nosotros.

En el proceso de instrucción, en ocasiones nos decían que por culpa de nosotros se habían roto las relaciones de Cuba con el gobierno mexicano. Más bien fue a la inversa. Parece que Fidel Castro algo se traía entre manos, porque todo estuvo muy bien planeado...

Mintieron asquerosamente cuando nos acusaron de haber sido manipulados y pagados por el gobierno norteamericano y por "la mafia anexionista de Miami", y cuando dijeron que éramos delincuentes. Muchos era la primera vez que cometían un delito, y los demás, si habían cometido alguno, era no portar encima el carnet de identidad en algún momento, o vender guayabas en la esquina de su domicilio.

¿Quién fue el beneficiario de este incidente? ¿Quién le sacaría partido?

 

 

Cubanálisis - El Think-Tank

    LA PRENSA INDEPENDIENTE CUBANA

 DESDE EL CAIMÁN