Cubanálisis - El Think-Tank

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Lo que el viento se llevó

Rogelio Fabio Hurtado, en Primavera Digital

Marianao, La Habana.- Llevo días buscando alguna huella, material o no, de las casi tres décadas de presencia soviética en Cuba, y la verdad es que no la encuentro, a menos que me conforme con mi propia subjetividad.

Sobre todo en la década del 70, ellos estuvieron hasta en la sopa, que era bastante buena, por cierto, porque no incluía nada de materialismo histórico

Aparte del fuego que consumió al Restaurant Moscú, muchísimos estudiantes nuestros cursaron en la URSS especialidades universitarias, muchas de las cuales resultaron después inaplicables aquí, acaso porque el CAME no duró lo suficiente o porque el Máximo Iluminado cambió de idea. Muchos de ellos, aprendieron allí a ejercer el mercado Negro y hoy medran en Europa o en los propios Estados Unidos gracias a eso. La verdad es que en Cuba ya no se ven…

El injustamente olvidado Capitán Más Martín, en sus años al frente de la emisora Radio Rebelde, hizo cuánto pudo por la enseñanza de la gran lengua rusa, y ni siquiera la más internacional de las Maruchas, gavaril niet.

Otro de los empeños suprainformativos de Más fue el ajedrez, que ha corrido mejor suerte, aunque Leinier Domínguez no proclame a Karpov como su maestro.

Culturalmente, pese a los muchísimos años de circular a un precio irrisorio, aquella Revista Literatura Soviética, con sus desangeladas traducciones de José Vento, no ha merecido, que yo sepa, citas ni coleccionismo de culto.

En especial, la gran poesía rusa tampoco ha merecido entre nosotros las merecidas ediciones. Essenin y Tvardovski circularon en ediciones soviéticas traducidas al inglés. Pasternak, ni siquiera eso. Evstushenko nos ha visitado con frecuencia, pero tampoco encontramos libros suyos en las librerías. Hace muchos años en La Habana publicaron un cuaderno endeble, con algunos de sus grandes poemas.

El cine soviético es uno de los más perjudicados por la generalización de un criterio superficial, fundado en algunas de las malas cintas apologéticas, unido al sospechoso ocultamiento y ninguneo practicado por nuestra crítica contra los mejores exponentes. El merecido culto al cine de Tarkovski nunca pasó del lobby de la Cinemateca, desgraciadamente.

En la música clásica, es cierto que nos premiaron con la formación de algunos artistas cubanos en sus centros más selectos. En su mayoría, jóvenes procedentes de familias pesepeteras, como los hermanos Tieles, quienes por cierto, le han dejado todo el campo libre al holguinero Frank Fernández, sin desdorar. Esta fecunda colaboración parece haber quedado interrumpida desde hace años.

¿Desde cuándo no nos visita el Gran Circo Soviético? Con esta evocación de sus presentaciones en el Coliseo de la Ciudad Deportiva, que tanto disfrutaba mi difunto padre, permítanme cerrar este texto nostálgico. Lo más triste de todo es que los Nacharnys de Birán permanecen aferrados a lo peor, a lo más estalinista y estéril de aquel legado.