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Lección, experiencia y legado

Ernesto Travieso Hernández, en Primavera Digital

El Cerro, La Habana.- El 10 de diciembre de 1898 quedó excluido el ejército independentista cubano en el Tratado de París. La diplomacia estadounidense soslayó sus 30 años de heroísmo y sacrificios.

Todo lo que comienza mal casi seguro termina mal. Nuestra república comenzó coja y más de 50 años de avances democráticos fueron torpedeados el 10 de marzo de 1952 por un golpe militar que aprovechó la débil gobernabilidad, la corrupción y el desencanto político del pueblo. Los tentáculos del Kremlin y sus secuaces caribeños habían sembrado la semilla comunista. No tardaría mucho en brotar la revolución castrista, que se hizo del poder en 1959, y que de tan verde como las palmas, mutó a roja, con la hoz y el martillo.

Craso error político de los gobiernos norteamericanos fue dar luz verde al general Batista después del golpe anticonstitucional. Después, lo fue también jugar a la ruleta rusa con el comandante Fidel Castro al subestimarlo.

Fidel Castro prometió instaurar la democracia al tiempo que manipulaba las fuerzas populares y aniquilaba lo que quedaba del estado de derecho. Cautivó al mundo con una propaganda excelente y enmascaró su real objetivo: el poder absoluto

Moscú y sus aliados del Este apoyaron económica y militarmente al régimen cubano durante 30 años, a un costo billonario. El dictador utilizó aquella “generosidad” para fabricarse una imagen a los ojos del mundo como el Quijote de la justicia social de los países del Tercer Mundo. Fue fácil el camino del despótico estadista bajo la sombra del imperio soviético, exportando la revolución hacia América Latina y África.

A partir de la invasión de Bahía de Cochinos, Fidel Castro logró asestarle algunos golpes demoledores al gobierno norteamericano y su Agencia Central de Inteligencia (CIA).

Nunca estuvo tan amenaza la seguridad nacional de los Estados Unidos como en la crisis de los misiles, en octubre de 1962. El presidente Kennedy se jugó hasta la última carta y salvó al mundo de la tercera guerra mundial. La Casa Blanca y el Kremlin pactaron, y los rusos retiraron los misiles nucleares de Cuba. Un arsenal atómico en manos castristas hubiera inclinado las fuerzas a favor del totalitarismo comunista de aquellos tiempos y condenado a millones de seres humanos a vivir como esclavos. Si Adolfo Hitler hubiera imitado a Fidel Castro, posiblemente el mundo no existiría.

Más temprano que tarde el régimen autoritario de los hermanos Castro terminará y empezará una nueva etapa en la sociedad cubana. Será un reto de gran magnitud. Nuestra historia republicana, desde el 20 de mayo de 1902 hasta hoy, servirá de lección para reconstruir la nación.

La democracia comienza a edificarse pero en América Latina nunca termina de construirse. Hay una peligrosa tendencia al totalitarismo en la mente humana. Solamente las instituciones podrían evitarla.

Es imprescindible, pero no solo las democracias funcionan cuando existen partidos políticos y economía de mercado. Si se asesina a periodistas, a activistas de derechos humanos, si no existe la seguridad y la paz ciudadana, si el crimen organizado y la corrupción se institucionalizan, si no hay derecho a la educación y a la salud pública, si se permite el racismo, la violencia de género, la discriminación de la mujer, el abuso y el trabajo infantil, podemos estar seguros que el estado de derecho no existe y surgirán ideologías populistas, que a la larga se transformaran en totalitarias.

A los buenos cubanos les espera una labor titánica: erradicar males heredados de todos estos años y otros que se avecinan. Garantizar un próspero futuro con paz para nuestros hijos, será nuestro legado.