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Las Delicias: vivir en el infierno

Nelson Rodríguez Chartrand, Primavera Digital

San Agustín, La Habana.- Dice un viejo refrán que el papel aguanta todo lo que le pongan. Si no fuera este refrán tan antiguo hubiese asegurado que la Constitución cubana fue la fuente de inspiración de este apotegma popular.

Nuestra Carta Magna nos dice que “el Estado realiza la voluntad del pueblo trabajador” y que “garantiza la dignidad plena del hombre”, así como “el disfrute de sus derechos”.

Se supone que el Estado, como poder del pueblo, en servicio suyo, trabaja por lograr que no haya familia que no tenga una vivienda confortable.

Pues bien, quien visite la comunidad de tránsito “Las Delicias”, ubicada en Mantilla, en el municipio capitalino de Arroyo Naranjo, se dará cuenta de inmediato de la gran sabiduría que encierra el antiguo refrán sobre lo que aguanta el papel.

En ese lugar viven aproximadamente unas 440 personas, entre ellas un número considerable de niños, que conforman un total de 88 familias que perdieron sus viviendas, en la mayoría de los casos, a causa de derrumbes, y por tal motivo, fueron ubicadas temporalmente, de tres a cuatro meses, tiempo en que las autoridades del gobierno se comprometieron en asignarles nuevas viviendas.

Muchas de estas familias ya llevan hasta 14 años viviendo en ese lugar parecido al mismísimo infierno.

El pasado día 26 de mayo, estuve allí, y aunque sé que la semántica no es capaz de describir en toda su magnitud la dolorosa y humillante realidad que viven ahora mismo estas 88 familias, a pesar de ello, trataré muy brevemente a través de sus propias palabras, de darles una leve idea de cómo se vive en este dantesco lugar, al que irónicamente dieron por nombre Las Delicias.

María Elena González Suárez: “Tengo 44 años. Soy la presidenta del CDR No. 13 “Camilo Cienfuegos de esta comunidad. Soy madre de dos hijos, uno de 6 y otro de 12 años. El menor es diabético. Vivía en un cuarto de madera en un barrio insalubre y en el año 2008 se derrumbó. Estuve viviendo en la calle hasta que me enteré de una vivienda que se encontraba vacía hacía dos años y penetré en ella. Al cabo de los 7 meses de vivir en ella, los funcionarios de Vivienda me propusieron venir a este lugar por un corto periodo de tiempo, de 3 a 4meses, término dentro del cual me asignarían una vivienda. Ya llevo 7 años viviendo en esta inmundicia. Aquí las aguas albañales contaminan la potable y los cubículos se inundan cuando se desbordan las fosas. El calor es insoportable por la falta de ventilación, por lo que se respira aire enrarecido. El pasado diciembre nos llevaron a ver unas viviendas en el municipio Cotorro, las cuales nos iban ser entregadas, y todo fue una mentira, una cruel mentira. Al pasar el tiempo fuimos al lugar y ya la habían entregado a otras personas.”

Yaneisy Morales: “Mi casa se derrumbó y me ubicaron en este albergue. Me dijeron que sería por un corto periodo de tiempo y ya voy por 3 años. Esto es un foco de enfermedades. Se han reportado casos de dengue y cólera. Tengo 2 hijos de 6 y 8 años, y el mayor estuvo hace poco ingresado por neumonía. El piso de mi cubículo es de tierra y a menudo se inunda con agua podrida, por lo que la humedad es inmensa. Mi padre es impedido físico.”

Altinay Valdés Zamora: “Mi casa se derrumbó y me trajeron engañada, diciéndome que sería por poco tiempo y ya voy por 5 años. Tengo 2 hijos de 8 y 15 años, ambos asmáticos, y el menor, además, tiene ulcera, y por si fuera poco, hace un mes estuvo ingresado reportado grave por un dengue mal tratado y todo ello por las condiciones inhumanas en que vivimos todos aquí.”

Yenisey de Armas Sánchez: “Vivo con un hijo y 2 hermanas y todos son asmáticos. Mi hermana de 12 años es asmática crónica hasta el punto de depender de un balón de oxígeno las 24 horas del día. El cubículo se inunda de aguas albañales, y la humedad y falta de ventilación es insoportable”.

Juana de la Caridad Labastida Mesa: “Soy la Presidenta del CDR No. 12 de la comunidad. Llevo 32 años de albergada y 9 en este albergue. Me han ilusionado con la entrega de una vivienda y todo ha sido un engaño, eso no se hace. Tengo 2 hijos de 6 y 8 años, ambos asmáticos, y sufro verlos vivir en estas condiciones deprimentes.”

Aloyma Vega: “Llevo 14 años como albergada y me han prometido vivienda en dos oportunidades y todo ha sido mentira. Tengo 3 hijos, una de 4 años asmática crónica, uno de 11 años con retraso mental, y una de 16 años que está embarazada. Las condiciones de vida en este albergue son para llorar.”

Y así también las familias de Melba Tejeda Aguilera, Romana Pérez Penna, Noel Berrier Beato, Elizabetha Guerra Pérez, Vilmary Matías, Jennifer Gómez y muchas más, están condenadas, sin esperanza alguna, a vivir en el infierno.

No sé qué van a decir estos gobernantes asesinos de la dignidad humana, cuando en apenas 2 años, en 2017, tengan que rendir cuenta ante el Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas respecto a las recomendaciones dejadas por este en el 2011 de elaborar programas encaminados a atender adecuadamente los problemas de salud de los niños, así como la adopción de las medidas necesarias para proteger a las familias y a los niños de las malas condiciones de vida.

Ya de vuelta a casa, abatido de tanto dolor y el peso de tantas miradas desesperadas, me preguntaba qué se puede hacer a través de las leyes para cambiar el color gris de la vida de estas familias. Desgraciadamente, nada.

¿A dónde podrían acudir estas familias para hacer valer sus derechos humanos y constitucionales, si ni siquiera el sistema de justicia cubano tiene concebido los Tribunales de Garantías Constitucionales donde ventilar estas violaciones?

¿Qué esperanza de justicia tiene el pueblo cubano ante los responsables de las tantas injusticias que lo agobian?