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Las compensaciones impracticables

Luis Cino Álvarez, Primavera Digital

Arroyo Naranjo, La Habana.- Más que el embargo, o lo que va quedando de él, que al paso que van las cosas, tarde o temprano será levantado, el tema más difícil para la normalización de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba, es la cuestión de las indemnizaciones que reclaman ambas partes.

En las reuniones “informativas” sobre el tema de las compensaciones económicas mutuas que tuvieron lugar en Washington los días 28 y 29 de julio, quedó evidenciado que el asunto está empantanado en un círculo vicioso.

Luego de las reuniones, el vicecanciller cubano Abelardo Moreno dijo que será muy difícil llegar a un acuerdo sobre las compensaciones mientras existan las sanciones contra Cuba.

Precisamente una de las condiciones para el levantamiento del embargo por parte del Congreso de los Estados Unidos es que el Estado cubano pague 4 000 millones de dólares de indemnizaciones por las propiedades norteamericanas confiscadas en los primeros años del régimen castrista.

Por su parte, el régimen cubano insiste en demandar que Estados Unidos pague una indemnización -calculada sin escatimar la cantidad de ceros a la derecha: 300,000 millones de dólares- por los daños económicos y humanos ocasionados durante más de medio siglo por el embargo, al que invariablemente sigue llamando bloqueo.

Resultan tan impracticables las indemnizaciones que reclaman ambas partes, que lo más sensato sería hacer borrón y cuenta nueva.

El régimen castrista exagera en su pose de guapo, al que hay que darle todo lo que pida, como si de veras se creyera el cuento de que “el imperialismo yanqui tuvo que rendirse ante la fuerza de las ideas de la revolución”, cuando a duras penas logra tenerse en pie y hasta por señas pide inversiones, créditos y turistas.

Los reclamos norteamericanos por las propiedades confiscadas le darían argumentos al régimen para lograr meter en su trinchera a los necios y sumisos en los que ha logrado inculcar el temor de que los echen de sus casas y les pongan los bultos en la calle, además de tener que empezar a pagar los hospitales y las escuelas de sus hijos.

Sería bien triste el espectáculo de los menesterosos habituales, atrincherados junto a un puñado de privilegiados con migajitas, para defender las mansiones y los privilegios de los mandamases.

Los que fueron expropiados deben acabar de convencerse de que en Cuba, luego de 57 años de terremoto castrista, no queda mucho que puedan recuperar de lo que una vez fuera suyo. Poco más que industrias tan obsoletas e improductivas que dan pérdida, centrales convertidos en chatarra, cañaverales transformados en marabuzales, extensiones de tierra cubiertas por el agua de los embalses, mansiones aristocráticas convertidas en cuarterías, edificios en ruinas o a punto de derrumbarse…

Con tanta ruina y atraso, Cuba no tiene dinero para pagar indemnizaciones multimillonarias.

Ni soñar que la elite castrista, para poder pagar las compensaciones a los confiscados, vaya a quedarse en bancarrota y estropear así el futuro de millonarios de sus descendientes.

Y ni remotamente estaría en condiciones de pagar las indemnizaciones un eventual gobierno democrático. Perdería la gobernabilidad con la imposición de medidas antipopulares para poder exprimir centavo a centavo los millones que tendría que pagar a los expropiados estadounidenses y cubano-americanos, además de la deuda contraída con el Club de París, que sigue siendo enorme, a pesar de las condonaciones hechas por varios deudores.

De decidirse un futuro gobierno democrático a pagar esas deudas a como dé lugar -terapias de choque y brigadas antimotines mediante- tendrían razón los que tildaran a ese gobierno de antinacional.

Y sería muy triste, porque a los que les viene como anillo al dedo el calificativo de antinacional es al régimen de los mandarines que una vez juraron -y hasta lo dejaron plasmado en la Constitución- amor eterno a la Unión Soviética, y hoy se desgañitan como jineteras tras los capitalistas extranjeros para venderles el país a pedacitos, quedarse con las ganancias y seguir aferrados al poder, dándose la gran vida, olvidados de la miseria de la inmensa mayoría de los cubanos.