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Las bodegas se vienen abajo

Bárbara Fernández, en Primavera Digital

Artemisa, Cuba.- Desde hace muchos años se anuncia que la libreta de racionamiento está destinada a desaparecer. Quizás sea por eso que el Estado no se preocupa de dar mantenimiento a los establecimientos que venden los productos racionados, las bodegas. Aunque puede ser parte del mal nacional de no arreglar nada.

En el municipio San Antonio de los Baños hay varias bodegas en muy mal estado. Y dada la forma en que han dejado que muchas se deterioren, cada vez hay menos bodegas, debido a los derrumbes.

Ya hay otro de estos centros comerciales con el que no se puede contar: “La Punta de Rosa”, que se encuentra en la parte del pueblo que lleva ese mismo nombre.

Esta bodega era bastante amplia, hacía esquina. Era muy visible que estaba en pésimas condiciones, que constituía un peligro, tanto para los que trabajaban en el establecimiento, como para los vecinos que compraban allí.

El final es conocido: terminó derrumbándose. Quedaron solo las paredes.

El techo era de madera y tejas, y databa de la época colonial. Originalmente fue una taberna, alrededor de la cual se formó un pequeño caserío.

Contaban los más viejos que había una ceiba y un pozo en lo que era el patio de la taberna.

Convertida primero en una tienda del pueblo, como se conocía a estos establecimientos en los años 60, y luego en bodega, funcionó como tal durante muchos años.

El hecho de que se dejara deteriorar, sin que nadie se ocupara de ella, ni tan siquiera repararan el viejo techo para evitar que se derrumbara, es un ejemplo de lo que ocurre en todo el municipio: todo se deja abandonado hasta que se convierte en ruinas.

Es muy probable que muchas de las personas que iban a La Punta de la Rosa a comprar sus productos de la libreta de abastecimiento, desconocieran lo que había sido esta bodega antiguamente, que fue de las primeras construcciones que existieron en los tiempos en que se comenzaba a formar el pueblo como tal. Para ellos, quizás solo era una vieja bodega. De una generación a otra se sigue olvidando la historia local, igual que se pierden las viejas construcciones.

Al pasar por lo que fue la bodega, se ven sus viejas paredes de piedra de canto y lo que queda de las puertas de madera, pero para los ariguanabenses que hoy son niños, ni siquiera quedará el recuerdo de que allí sus padres y abuelos compraban los productos de lo que fue la libreta de abastecimientos, en tiempos bien difíciles, que si se logra la democracia, ellos no tendrán que soportar.