Cubanálisis - El Think-Tank

    LA PRENSA INDEPENDIENTE CUBANA

 DESDE EL CAIMÁN

.

Cubanálisis - El Think-Tank abre un espacio más a los heroicos y decididos profesionales que desde dentro del monstruo enfrentan innumerables y continuas presiones para ejercer cada día su derecho a expresar sus opiniones. No se publicarán materiales donde los autores no se identifican con sus nombres reales o no residan en Cuba. El único criterio restrictivo es la calidad: materiales escritos con rigor profesional se publican, aunque Cubanálisis - El Think-Tank no comparta necesariamente opiniones vertidas en dichos artículos.

 

La victoria opositora venezolana desde una cola en Cuba

¿Cómo relacionar la derrota del chavismo y el acercamiento entre La Habana y Washington?

Alberto Méndez Castelló, en Cubanet

LAS TUNAS, Cuba.- “¡Ay, si los cubanos tuviéramos la suerte que tienen los venezolanos!”, exclamó alguien esta mañana en el pueblo costero de Puerto Padre, mientras aguardaba para comprar a diez pesos la libra de masa de maíz para tamales.

“¿Suerte por qué, por el petróleo?”, pregunté.

“No, por las elecciones”, dijo el hombre mientras desembolsaba 100 pesos por 10 libras de maíz para hacerse unos 30 tamales.

“Las elecciones no son una suerte, sino un derecho, y los cubanos también aquí tenemos elecciones, ¿no?”, dije.

“¿Elecciones en Cuba? ¡No me haga reír!”, espetó el hombre, dando la espalda con su bolsa de maíz.

“Caballeros, él tiene razón, pero aquí es mejor estar callados. Y con los resultados de las elecciones en Venezuela, ustedes van a ver, en Cuba nos las vamos a ver negras”, dijo una mujer que, detrás de este corresponsal, también aguardaba por maíz tierno.

“¿Usted cree?”, dije.

“¿Que si yo creo? Oiga, de que nos las veremos negras, que no le quepan dudas. Esa gente (la oposición) no va a permitir que Nicolás Maduro nos siga mandando petróleo”, aseguró la mujer.

“No, señora, no. Eso no es como usted dice”, dijo un hombre de poco más de 60 años luego de preguntar por el último en la cola.

“¡¿Ah, no?!”, exclamó la mujer.

“Claro que no. Ya las cosas cambiaron. Ahora tenemos relaciones con los americanos”, dijo el recién llegado.

“¿Y usted cree que los americanos nos van a cambiar petróleo por médicos?”, preguntó la mujer.

“No, los americanos no nos van a cambiar petróleo por médicos, pero muy pronto los vamos a tener a ellos aquí como turistas por millones, y con las divisas del turismo compramos petróleo, así de sencillo”, dijo el último en la cola.

Dándome con el codo en las costillas, como diciéndome, “ahora verás cómo jodo a este viejo comunistoide”, mi amigo Alexis se volvió diciendo:

“Oiga, eso no es así tan sencillo. Usted porque llegó ahora y no escuchó, pero aquí ahorita alguien dijo que qué suerte la de los venezolanos por sus elecciones, y acá mi amigo, dijo que las elecciones no eran una suerte sino un derecho, y por dar chucho (incitar) dijo que los cubanos también teníamos elecciones, ¿y sabe lo que el tipo respondió?”

“No, yo no había llegado”, dijo el último.

“Pues dijo que no lo hiciera reír con eso de las elecciones en Cuba. Y así me hace reír usted con eso de los millones de dólares de los americanos en Cuba, porque mientras aquí no se den elecciones como esas que acaban de darse en Venezuela, entre Cuba y Estados Unidos no habrá relaciones normales; pero eso lo decidimos nosotros, los cubanos, como ahora acaban de decidirlo los venezolanos, y para eso hacen falta huevos, que parece que son los que sobran en Venezuela y faltan en Cuba. ¿Usted me entiende?”, dijo Alexis, pero el último en la cola no respondió a mi amigo, sino dijo al antepenúltimo: “Siga usted, yo me voy”.

Y, optando por tomar las de Villadiego, el anunciador de los billetes verdes cuales reemplazos de los petrodólares venezolanos se marchó. Su ida significaba todo un símbolo, acercándose ahora a la realidad: estando en Estados Unidos, tiempo antes del 17 de diciembre de 2014, cuando se hicieron públicas las conversaciones Obama-Castro, un ex oficial de la CIA dijo a este corresponsal que, por mera lógica, el “disparate” que era el gobierno de Nicolás Maduro no podría sostenerse, que nadie tenía necesidad de derrocarlo pues por sí mismo se desplomaría, y que tal ineptitud era del conocimiento del general Raúl Castro no sólo por sus muy fiables fuentes de inteligencia, sino también por lo que en las ciencias sociales se llama “estudio de zona”, tarea ampliamente ejecutada por los cubanos en Venezuela.

De regreso en Cuba, y poco después del 17 de diciembre pasado, un ex oficial de la inteligencia, amigo desde la niñez de este corresponsal, a propósito del acercamiento Washington-La Habana comentó: “Por fin, estamos consiguiendo el sustituto de Moscú y de Caracas”.

Coincidentemente, aquel día estábamos almorzando tamales, como hoy. Pero fue hoy en la cola por el maíz tierno cuando este corresponsal pudo complementar la información dada por el ex agente de la CIA estadounidense y el ex agente de la inteligencia cubana: Con su victoria la oposición venezolana acaba de aportar el dato oculto; no hay fanfarronada que valga cuando gente unida decide ir adelante. No valieron las baladronadas de Nicolás Maduro con aquello de echarse a la calle. Ni podrán las del castrismo si los cubanos hacen lo que los venezolanos hicieron. Y eso está en gestación. ¡Ojalá no vengan la administración Obama a malograr esa criatura!