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La toma de La Habana

Adolfo Pablo Borrazá, Primavera Digital

Centro Habana, La Habana.- La Habana volvió a ser tomada. Y no por los ingleses. Un ejército de agentes policiales y jóvenes recién egresados de las FAR se adueñó de cada esquina de la capital para asegurar con creces y varios días de antelación el desfile militar del 16 de abril.

Apostados en las esquinas, vigilaron durante varios días la ciudad. No portaban armas pero estaban, para susto de la población, en las cuadras, parques y avenidas de la ciudad.

Pensé que nunca más volveríamos a ver uno de esos desfiles militares. Pero el gobierno quiso que esta parada tenga “el éxito” de siempre. Para ello, convocó (léase mejor obligó) a participar a estudiantes, trabajadores y demás. La película se repite y los actores son los mismos. Nada nuevo en la era de Facebook, My space, Twitter o alguna otra red social. Al menos en Cuba no sucede así.

El Stadium Latinoamericano, en El Cerro, quince días antes de la marcha fue invadido por el obsoleto arsenal de los mandamases lo que tiene a los residentes del lugar sin dormir con tantos tanques, fusiles y armamentos del más viejo estilo soviético. Los niños que viven en los alrededores del más emblemático estadio de béisbol de Cuba, ven delante de sus narices un espantoso ambiente bélico.

Previsto para una fecha que enorgullece a los caciques, “la marcha del pueblo combatiente” ha traído a la capital días de desencanto. Como las calles están llenas de policías y guardias del MININT, todos están quietos en base. Los negocios, especialmente los ilícitos, han menguado por estos días.

Es bien sabido que el gobierno utiliza estos eventos para agrandar más su propaganda política. O mejor dicho, para engañar aun más al pueblo con la hipótesis de la invasión imperialista. De tanto esperar a “los enemigos”, estamos a punto de irlos a buscar. Medio siglo en espera de ver como son los marines norteamericanos y estos muchachones no acaban de llegar. Algo que ha hecho quedar mal al Comandante reflexivo y adivino.

Es interesante ver como la alta jerarquía, cuando quiere, mueve todos los hilos a su favor, aunque en ello vaya el presupuesto de cinco años. Si la cosa es para enaltecer su Partido Comunista, no dude que ellos harán lo imposible para tratar de conseguirlo.

¿Por qué en vez de malgastar dinero en desfiles que nadie mira, no compran las cosas elementales que tanto pide y necesita el pueblo cubano? ¿Cómo es posible que un país que se da el lujo de despedir millón y medio de trabajadores porque dice estar al borde del precipicio, se gaste una millonada en un desfile militar?

Está claro que cuando quieren hacer algo, lo consiguen. Por supuesto que no les interesa nada. El único jodido es el pueblo que tendrá que asumir, una vez más, las consecuencias de una política estéril.

Al amanecer del 16 de abril, La Habana estaba tomada. Nadie se pudo mover hasta que dieron la orden de arrancada. Entonces, lean bien, millón y tantos de habaneros marcharon por la Plaza de la Revolución en celebración de “la primera derrota del imperialismo en América Latina” aquel 16 de abril de 1961. El millón y tantos de participantes en la marcha, sin necesidad de tener dotes adivinatorias, ya se sabía de antemano. Es lo mismo de siempre.