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La saga cubana de la iniciativa privada

Steve Michael Pardo, en Primavera Digital

Arroyo Naranjo, La Habana.- Como era de esperar y muy a pesar de los tantos ingenuos que creyeron en las disposiciones de los llamados Lineamientos aprobados en el VI Congreso del Partido Comunista, donde se planteaba la creación de “cooperativas de primer grado, como nueva organización económica, de propiedad colectiva con personalidad jurídica propia, con la finalidad de producir y prestar servicios a la sociedad, todo ha quedado casi que en letra muerta: son mas los obstáculos que las facilidades para el emprendimiento privado.

No disertaré sobre el tema, que sería en realidad trabajo de economistas, pero me hallo en la obligación de ilustrarles con unas pocas fotos de lo que sucede hoy en la capital  cubana, principalmente en las esferas del transporte y del expendio de alimentos.

Estos cuentapropistas son constantemente asediados por los inspectores estatales y por la policía, que  violan constantemente lo estipulado por el Consejo de Ministros, que amparado en dichos lineamientos, dictó el Decreto-Ley 305 del 15 de diciembre de 2012 donde autorizó la constitución de las llamadas Cooperativas no Agropecuarias.

El Decreto No. 309 recoge el reglamento al que se atendrían en su funcionamiento dichas cooperativas.

A inicios de octubre de 2014 se constituyeron las primeras cooperativas no agropecuarias. Al cierre del pasado año en toda Cuba funcionaban 345. En La Habana es donde se concentra la mayor cantidad: 173. Le siguen Artemisa  (64), Matanzas (20), Mayabeque  (15) y Pinar del Río (12).

Según el gobierno, las cooperativas no agropecuarias están autorizadas para establecer relaciones contractuales con empresas estatales, unidades presupuestadas, con pequeños negocios privados y otras cooperativas, tal como reza en el lineamiento no. 27. Pero también el lineamiento 27 señala, a modo de camisa de fuerza, que “después que las Cooperativas cumplan sus compromisos con el Estado, podrán realizar venta libre”. Esto se contrapone a la naturaleza jurídica de estas nuevas formas de producción que se supone sean independientes y no estén sujetas a ninguna de las estructuras económicas del Estado.

Inicialmente, a modo experimental, el gobierno autorizó  la constitución de 498 de estas cooperativas, pero dos años después solo funcionan y con bastantes problemas 345.

Recordarán como Marino Murillo Jorge, titular de Economía y Planificación, el todopoderoso zar de la economía cubana, fue claro al señalar que las cooperativas tendrán prioridad de acceso al mercado mayorista sobre los dueños de los pequeños negocios privados.

¿Dónde está ese fabuloso mercado mayorista con ventas en precios diferenciados?

Otro elemento aparentemente a favor de las cooperativas es que su carga tributaria será 50% menor que la que se aplica a los pequeños empresarios privados.

Según Murillo, estos pasos están dirigidos a estimular la creación de cooperativas y ralentizar, mediante altos impuestos, la actividad privada, para así evitar la extensión y consolidación de los pequeños negociantes privados, e impedir que surja una clase media adinerada e influyente, divorciada por demás de los intereses e ideología gubernamentales, algo simplemente inaceptable para la cúpula que ostenta el poder gracias al totalitarismo que rige los destinos de La Isla.

Estas cooperativas se rigen por las leyes del mercado, por lógica económica, y no por la planificación y la centralización, por las absurdas consignas que han mantenido por décadas a las empresas y unidades presupuestadas estatales.

Afortunadamente, el sector privado ha llegado a Cuba para quedarse, tras décadas de socialismo ortodoxo.

201 oficios han sido abiertos ya a la iniciativa privada.

Aun así la economía de mercado, en la Cuba de Raúl Castro, también tiene sus peros.

 “No todos los negocios han podido consolidarse y prosperar”, explicaba Granma. Hasta noviembre de 2013 se habían registrado 407.608 bajas del trabajo por cuenta propia.

Los problemas también tienen mucho que ver con la falta de mecanismos de abastecimiento, con las crónicas carencias diarias cubanas

Economistas como el fallecido Oscar Espinosa Chepe han acusado al gobierno de Raúl Castro de autorizar a los cubanos únicamente la creación de pequeñas “empresas bonsai”, que posibilitaran la recaudación de impuestos pero sin permitir el surgimiento de un sector privado robusto. Esto, basados en la realidad de que los 201 oficios aprobados para el cuentapropismo se concentran en oficios sencillos como reparadores de muebles, fundidor o vendedor ambulante, excluyendo por ejemplo a profesionales de alta calificación, como los médicos, los miembros de colegios de abogados independientes y otros,  demostrando que no hay una verdadera voluntad de permitir el paso hacia un emprendimiento privado de alto porte, que cambe la faz de la economía y la sociedad cubanas.

Recuerden que un puesto de fritas o un almendrón no son indicadores de que exista un verdadero gremio de emprendedores privados, algo clave para el verdadero desarrollo sostenible del país y la consiguiente democratización de Cuba.