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La reforma migratoria, el próximo desengaño

Jorge Olivera Castillo

LA HABANA, Cuba, julio, www.cubanet.org - Los cubanos que esperan algo trascendente de la demorada reforma migratoria, sufrirán el peor de los desengaños. Las señales apuntan a unos cambios parciales, aún sin fecha de estreno y caracterizados por un secretismo que genera dudas, rumores y burlas entre la mayor parte de la población.

Solo una exigua minoría se esfuerza por mantener viva alguna esperanza de que el gobierno reduzca ostensiblemente las prohibiciones para que los cubanos puedan entrar y salir de su país sin tantas trabas.

A juzgar por la lentitud en convertir tales transformaciones en ley, resulta difícil pensar que la dirigencia esté verdaderamente dispuesta a permitir el ejercicio de derechos que antagonizan con su filosofía.

Aparte de las ganancias que el gobierno obtiene por el cobro de los trámites de viajes de los cubanos, desde y hacia Cuba, la razón de ser fundamental de las actuales leyes migratorias es mantener el control social tan necesario en su diseño político-ideológico.

Eliminar las prerrogativas que le permiten al gobierno otorgar o denegar el permiso de salida, según su conveniencia, bajo cláusulas que muy pocos conocen, sería como quitarle las clavijas a un edificio en peligro de derrumbe. Y está claro que la élite de poder, no tiene intenciones suicidas.

Si acaso, habrá retoques en la fachada que ofrezcan algún pequeño respiro a los atribulados y alguna legitimidad a quienes apuestan a continuar haciendo malabares en vez de poner los pies sobre la tierra.

Existen dos zonas de alto peligro por donde la dictadura evitará incursionar a toda costa o en el mejor de los casos, si no le queda otro remedio, se circunscribirá a un tránsito por la periferia: Internet y Emigración.

Las esperadas aperturas en ambos sectores puede que pasen inadvertidas para una población que desea una liberalización integral e irreversible, pero que seguramente tendrá que conformarse con migajas.

Por tal motivo, la morosidad en poner en práctica lo que finalmente consideren oportuno, puede que se extienda por un tiempo que nadie puede prever.

Por el momento, la creación y reciclamiento de expectativas siguen siendo parte de una política que en esencia es inmune a los cambios reales.

Un mar de especulaciones continúa creciendo en todo el país a causa del choque entre las promesas oficiales, los interminables plazos para que la Asamblea Nacional del Poder Popular acabe de pronunciarse sobre el tema y la incertidumbre de los destinatarios.

Algunos comentarios, que circulan a lo largo y ancho de la Isla, estiman que el precio del pasaporte -válido por solo dos años- sobrepasará con creces los 100 pesos convertibles. Actualmente el costo por este documento es de 55 pesos convertibles, alrededor de 70 dólares. Valga apuntar que el salario promedio en Cuba, de acuerdo a estadísticas recientes, es de unos 20 dólares mensuales.

A modo de ilustración es preciso señalar que para un viaje a Estados Unidos, temporal o definitivo, es obligatorio desembolsar más de 700 dólares en el pago de las tarifas establecidas por el Ministerio de Inmigración y Extranjería.

 “No me hago muchas ilusiones. Ellos no van desmontar un organismo que crearon con fines muy bien delineados. Algo similar padecieron los ciudadanos de los países del campo socialista. Es decir que esto forma parte de la raíz de un sistema que solo funciona manteniendo a sus ciudadanos encerrados como presos. Al menos yo sé que mis posibilidades de viajar seguirán siendo limitadas”.

Así reflexionaba un neurocirujano, al preguntarle sobre la idea de visitar a un hermano residente en Miami.

 “Las regulaciones para los profesionales seguirán vigentes. De eso estoy seguro. No van a arriesgarse a que una apertura se les convierta en una crisis”, agregó.

En medio de este cruce de pronósticos y desasosiegos están los escépticos que preguntan:

¿Y tú crees que la dinastía esté en disposición de implementar los cambios que quiere la gente?

Después de medio siglo, la incredulidad se ha convertido para los cubanos en un método de defensa personal frente a los embustes del gobierno. Razones sobran para no bajar la guardia.

 

 

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