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La plenitud de la barbarie

Juan González Febles, Primavera Digital

Lawton, La Habana.- Los sacrificios humanos fueron comunes a todas las culturas en sus fases primarias en todos los continentes a lo largo del mundo.

Era la práctica religiosa por excelencia y resulta común en todas las culturas en que este rito fue practicado. En muchas culturas ha quedado documentado que los sacrificados fueran guerreros capturados o miembros de grupos rivales, pero no fue así en todos los casos. En ocasiones, los sacrificados fueron los propios que iban al sacrificio felices de ayudar a los suyos con esa entrega. Efebos y doncellas marcharon al sacrificio para promover el bienestar y la prosperidad de los suyos. Así sería hasta que el cristianismo desapareció esta práctica o al menos modificó su esencia.

Los sacrificios humanos marcaron la plenitud de la barbarie y aparejada a esta plenitud, el concepto o idea compartida de que los humanos no son iguales y que existen unos mejores que otros, complementaba tal visión. La esclavitud cuenta entre sus basamentos en todos los lugares del mundo en que fue conocida y documentada, con esta visión o concepción de que los hombres no fueron creados iguales. Como contrapartida, desde los mismos albores de la humanidad, los términos libertad-igualdad-fraternidad entre los hombres han pugnado por marcar la diferencia desde la Grecia clásica y desde antes. La diferencia en términos de lo milagroso, fue marcada por dioses de la luz y amos de las sombras, presentes en todos los panteones legados desde la antigüedad.

El trece de junio de 1989 comenzó un proceso que contribuyó a romper los falsos esquemas románticos que aureolaron el triunfo de las partidas armadas que tomaron el poder en 1959. La causa # 1 que nació entre las brumas del secreto y la conspiración condujo ante el pelotón de fusilamiento a cuatro oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y el Ministerio del Interior (MININT). Lo más significativo de este caso como el de otros similares a lo largo del mundo fue, que los supliciados, según muchas versiones que he escuchado, marcharon al suplicio como quien lo hace en el cumplimiento de una misión, en el viejo estilo del sacrificio humano antiguo. Es decir, lo hicieron para el bien supremo de su clan y de su rey, o en este caso, su führer o Comandante en jefe.

Al igual que en la antigüedad los jóvenes efebos y doncellas partían al sacrificio, felices de servir o al menos resignados, los supliciados en la Causa # 1, he escuchado que también marcharon al suplicio no felices pero sí resignados. Como en los tiempos antiguos, sus familiares cercanos fueron respetados, conservaron determinadas prebendas e incluso algunos fueron autorizados a partir hacia el exterior, esto cuando no existía reforma migratoria. Por tanto, todo apunta a que hubo un compromiso previo en este sentido y el compromiso fue cumplido y respetado por ambas partes.

El nacimiento del socialismo marca la plenitud de la barbarie en la era contemporánea. Marx justificó el exterminio de grupos humanos e incluso promovió limpiezas étnicas contra escoceses, gitanos, etc. Su lucha de clases no es más que el exterminio de grupos humanos desafectos con sus ideas y fue llevada a la práctica por Lenin, Stalin, Pol Pot, Mao y otros sinvergüenzas de ese corte. Otros socialistas como Hitler, Mussolini, etc., lo hicieron contra judíos, gitanos, etc. En nuestro medio, no hay que olvidar las UMAP y otras expresiones de este antiguo principio.

Todos promovieron el gobierno de los superiores (ellos) sobre el resto (todos nosotros), así lo dijo y dejó escrito Benito Mussolini. Este socialista (fascista corporativo, pero socialista) fue un enemigo acérrimo de los sistemas electorales vigentes en los países democráticos. Depender del juicio de una mayoría que se imponga a la minoría selecta e ilustrada, era algo que calificó en no pocas ocasiones como abominable.

Los socialistas promueven la continuidad y permanencia de la plenitud de la antigua barbarie, sacrificios humanos incluidos. Bueno, esto del sacrificio continúa y se promueve. Ya ven que luego de más de cinco décadas de incompetencia, el régimen militar pide más y más sacrificios a la población. Esta debe sacrificarse más aún, para que los elegidos por nadie sigan al frente de los destinos nacionales. Seguimos en la plenitud de la barbarie.

 

 

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