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La ortodoxia fidelista intenta dinamitar las conversaciones Cuba-EE.UU

Osmar Laffita Rojas, en Primavera Digital

Capdevila, La Habana.- Luego de concluidas las conversaciones entre los gobiernos de La Habana y Washington, celebradas en la capital cubana los días 21 y 22 de enero, las jefas de ambas delegaciones, Josefina Vidal Ferreiro, directora general de los Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX) y Roberta Jacobson, sub-secretaria asistente para los asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, declararon a los medios que en todo momento prevaleció una atmosfera de entendimiento, respeto mutuo y de comprensión acerca de las diferencias existentes entre ambos gobiernos.

Durante las conversaciones, las partes analizaron la marcha de los acuerdos migratorios y el complicado y engorroso asunto del restablecimiento de relaciones diplomáticas.

La prensa oficial, dirigida y controlada por el Departamento Ideológico del Partido Comunista, brindó una desacostumbrada cobertura mediática a las conversaciones.

Hasta ese momento, parecía que la intención del gobierno cubano era enviar un mensaje de reconciliación y entendimiento, a pesar de las profundas diferencias y desencuentros que han perdurado por décadas.

No parecía haber intenciones de minar las negociaciones. El lenguaje confrontacional y las descalificaciones estaban fuera de lugar.

Tanto Vidal como Jacobson dejaron claro que las posturas liquidacionistas y disociadoras quedaron fuera del marco de las conversaciones para la búsqueda de un acuerdo que fuese beneficioso tanto para La Habana como para Washington, si se trabaja con responsabilidad y constancia.

Al terminar la primera ronda de conversaciones entre los dos gobiernos, quedó dentro de la población de la isla un ambiente de esperanza y optimismo.

Cuál no sería la sorpresa de los cubanos cuando el 27 de enero la prensa oficial dio a conocer la carta enviada por el ex gobernante Fidel Castro a los estudiantes de la Universidad de La Habana, con el título “Para mis compañeros de la Federación Estudiantil Universitaria”.

En dicho texto, lleno de inexactitudes, incoherencias y errores históricos, el anciano ex-gobernante, de manera bien clara, pasa por alto el paso dado por el general presidente Raúl Castro de autorizar las conversaciones con el gobierno norteamericano.

Con la susodicha misiva, el anciano ex-gobernante puso fin a los rumores de que estaba en una nevera, en espera del multitudinario mega-acto fúnebre.

Como ha pasado en anteriores ocasiones, cuando la bola relativa a su muerte alcanzó grandes proporciones, Fidel Castro rompe el record de Jesucristo y resucita una vez más para llenar de minas el largo y tortuoso camino que tendrían que recorrer los gobiernos de Washington y La Habana para el restablecimiento de las relaciones diplomáticas.

Fidel Castro, de manera velada, se distancia del general presidente cubano, su hermano. Irónicamente, señala que “ha dado los pasos de acuerdo a sus prerrogativas y las facultades que le conceden la Asamblea Nacional y el Partido Comunista”.

Parece que la senilidad le ha hecho perder la memoria a Fidel Castro. En los 40 y tantos años que gobernó de manera omnímoda, para él el parlamento, el gobierno, y el Partido Comunista siempre fueron papel mojado. Nunca los tuvo en cuenta. Realmente es algo escandaloso.

Sin hacer los necesarios comentarios sobre las conversaciones, se limita a decir algo que todos los cubanos conocen: que no confía en los Estados Unidos.

Fidel Castro negó que esta desconfianza signifique “un rechazo a una solución pacífica de los conflictos o peligros de guerra”. Dijo que “cualquier solución pacífica y negociada entre los EE.UU. y los pueblo de América Latina deberá ser tratada de acuerdo a los principios y norma internacionales”.

Con tan pérfida afirmación lo que busca es poner en entredicho la decisión de Raúl Castro de iniciar las negociaciones con Washington.

Las negociaciones entre los dos gobierno habían sido posibles hasta ahora porque reinaba un ambiente de distensión y entendimiento. No existen amenazas y mucho menos guerra, y las negociaciones no son con América Latina: todos los gobiernos latinoamericanos tienen, mal que bien, relaciones con Washington. El asunto incumbe a Cuba.

Las negociaciones, desde su comienzo, tuvieron como base los principios refrendados en la Carta de la ONU, y estuvieron ajustadas a las normas internacionales. Es irrespetuoso cuestionar eso.