.

Cubanálisis - El Think-Tank abre un espacio más a los heroicos y decididos profesionales que desde dentro del monstruo enfrentan innumerables y continuas presiones para ejercer cada día su derecho a expresar sus opiniones. No se publicarán materiales donde los autores no se identifican con sus nombres reales o no residan en Cuba. El único criterio restrictivo es la calidad: materiales escritos con rigor profesional se publican, aunque Cubanálisis - El Think-Tank no comparta necesariamente opiniones vertidas en dichos artículos.

 

La odisea de los orientales para viajar a sus provincias de origen

Osmar Laffita, Primavera Digital

Capdevila, La Habana.- Desde que los actuales gobernantes cubanos tomaron el poder en 1959 la emigración desde la desaparecida provincia de Oriente -las actuales provincias Guantánamo, Santiago de Cuba, Granma, Holguín y Las Tunas- ha sido indetenible.

Primeramente fueron los integrantes del reducido grupo de hombres armados que procedentes en un alto por ciento de la antigua provincia de Oriente, derrocaron al gobierno del General Fulgencio Batista.

Después de la huida del gobernante de facto, las fuerzas del nuevo régimen, en los primeros días de enero de 1959, tomaron las principales fortalezas militares y edificios gubernamentales y asumieron la dirección y el control de los destinos de Cuba. Un alto por ciento de ese nuevo ejército y sus principales jefes, que procedían de la provincia de Oriente, se establecieron junto con sus familias en las barriadas más exclusivas de La Habana.

A medida que transcurrían los años y sus responsabilidades aumentaban, al ver el confort, bienestar y las enormes posibilidades que significaba vivir en la capital, decidieron quedarse definitivamente en ella. Luego, comenzaron a traer a sus familiares más cercanos para que residieran con ellos.

La mayoría de los orientales, una vez establecidos en La Habana, decidieron no retornar jamás a su montañoso terruño. Solo lo visitan en una o dos ocasiones en el año, cuando más por una o dos semanas.

A pesar de las arbitrarias, injustas y anticonstitucionales restricciones que el gobierno impone a los residentes de las cinco provincias orientales, para que no puedan quedarse definitivamente en la capital, la emigración no cesa.

La corrupción es endémica en las diferentes instituciones estatales que están obligadas a hacer cumplir estas arbitrarias disposiciones. Todos aquellos que tienen suficiente dinero, entran en turbios negocios con funcionarios y agentes del orden público, a quienes sobornan para obtener la residencia principalmente en los repartos periféricos de La Habana.

Eso explica por qué la mitad de los más de dos millones de habitantes de la capital procede de las provincias orientales.

La emigración de orientales a la capital ha sido tal que en estos momentos resulta bastante difícil encontrar un habanero de pura cepa en el densamente poblado municipio Habana Vieja. Algo similar ocurre en barrios de Arroyo Naranjo como Mantilla, el Moro, La Güinera, La Palma, el Calvario y Managua. Los orientales, apodados despectivamente palestinos, también representan un importante segmento poblacional en los municipios San Miguel del Padrón, Marianao y La Lisa.

Este fin de año quedó corroborada la alta densidad de orientales que residen permanentemente en La Habana, cuando aquellos que decidieron pasar las fiestas navideñas juntos con los pocos familiares que les quedan en la provincia en que nacieron, acudieron a las terminales de trenes y de ómnibus y a la de vuelo nacionales del Aeropuerto "José Martí" para sacar un pasaje o poder salir por la lista de espera. Cuál no habrá sido su sorpresa y pavor al comprobar que literalmente todos los salones y exteriores de estas terminales estaban abarrotados por miles de personas, principalmente orientales, que hacían lo indecible para poder lograr un pasaje.

Como no tenían otra opción que meterse en el gran barullo de personas presentes en dichas terminales, luego de indagaciones conocieron asombrados y la vez decepcionados, que los presentes llevaban días en un ambiente agresivo , donde están ausentes las normas más elementales de convivencia civilizada y las más mínimas condiciones higiénicas. Solo desean escuchar su número anotado en la kilométrica lista de espera para poder viajar y salir de ese infierno que no se lo desean ni a su peor enemigo.

Muchos optan probar suerte por la lista de espera en la terminal La Coubre, en la Habana Vieja. Pero tanto dentro como fuera de ella, miles de personas esperan que les llegara el momento feliz de que les cantaran su número en la lista.

En La Coubre existe otra opción para aquellos que tengan bastante dinero para poder comprarle los pasajes a los coyotes y raqueteros que como sanguijuelas se mueven entre el salón abarrotado de público. Ellos ofertan al precio de 10 dólares el derecho de comprar el pasaje; el que lo adquiera automáticamente se puede montar en el ómnibus, los famosos Yutong chinos, y parten sin novedad para su provincia.

La otra oferta son los camiones debidamente acondicionados, con asientos acolchonados y reclinables, que parten tan pronto hayan completado los 40 pasajeros para Bayamo, Santiago de Cuba y Guantánamo. Su precio es de 10, 12 y 14 dólares por persona, respectivamente.

Como los camiones para Santiago de Cuba no abundan, aquellos que desean llegar a Baracoa, se trasladan para Bayamo, de ahí cogen un camión hasta Santiago de Cuba, cuyo precio es de 80 centavos de dólar. De esta ciudad a Guantánamo, los dueños de autos de alquiler cobran 1.60 dólares y una cantidad similar desde la ciudad del río Guaso hasta la villa primada.

Es decir, que los orientales -o palestinos, como mejor quieran llamarles- si desean llegar a tiempo y con cierta comodidad a la casas de sus familiares que residen en Baracoa, tienen que desembolsar 14 dólares por persona, que es el costo total del viaje.

Los que ganan 20 dólares mensuales de salario, no pueden ni pensar en hacer ese gasto para visitar a sus familiares. Si deciden viajar, la única opción que tienen es esperar pacientemente por días en el abarrotado salón de espera de La Coubre a que le canten su número para poder comprar sus pasajes y trasladarse en la Yutong a su provincia de destino.

Es esa la odisea de los orientales que residen en La Habana cuando quieren visitar su terruño, por ser tan numerosos y por el pésimo servicio que hoy brindan las empresas de transporte interprovinciales.

Ante tan frustrante realidad, en esta temporada, los orientales tienen tres opciones: permanecer tres o más días en los salones de espera de las terminales a la espera de que les toque su número; pagar el alto precio que cobran los dueños de los camiones para llegar a su provincia o quedarse en la capital sin poder celebrar con sus familiares las fiestas de fin de año y repetir -como en años anteriores- que por falta de dinero no pudieron viajar.

 

 

Cubanálisis - El Think-Tank

    LA PRENSA INDEPENDIENTE CUBANA

 DESDE EL CAIMÁN