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La nueva “legitimidad histórica” del partido único

Orlando Freire Santana, Primavera Digital

Cerro, La Habana.- Uno de los pilares ideológicos de los gobernantes cubanos lo ha constituido el intento de justificar históricamente la existencia del partido único. Hasta ahora semejante argumento se había basado en el hecho de que el actual Partido Comunista de Cuba sería el heredero del Partido Revolucionario Cubano fundado por José Martí, en las postrimerías del siglo XIX, para hacer la guerra necesaria contra el colonialismo español.

Sin embargo, la cantaleta anterior, al parecer, va quedando solo en el arsenal de la vieja dirigencia de línea dura, esos dinosaurios políticos de pensamiento corto, incapaces de comprender que su coartada se desmorona como arena entre las olas, pues una misma persona, en su sano juicio, no debe de fundar más de un partido político. Y, por otra parte, no existen evidencias de que Martí convalidara la presencia de un partido único una vez instaurada la república.

En los días que corren, en cambio, la denominada “nueva izquierda cubana”, ese grupo de intelectuales que emplean un lenguaje crítico y demandan mayor velocidad en las reformas, pero que en el fondo se cuidan de no romper el cordón umbilical que los ata al castrismo, se aparecen con nuevos argumentos con tal de darle el visto bueno al sistema unipartidista. En ese contexto se inscribiría, por ejemplo, la intervención del señor Carlos Alzugaray durante los debates que ocasionó la reciente presentación del folleto “Por un consenso hacia la democracia”, una actividad organizada por la revista católica Espacio Laical, y que tuvo lugar en el habanero Centro Cultural “Félix Varela”.

Después que uno de los asistentes abogara por el multipartidismo como el camino más expedito para el arribo a la democracia, el catedrático Alzugaray, que también fue representante del gobierno cubano ante la Unión Europea, expresó que el partido único poseía legitimidad histórica en Cuba debido a que en 1959 todos los partidos políticos que operaban en la isla estaban desacreditados, además de que sus principales líderes abandonaban el país ante el empuje de la revolución. Es como si los comunistas, frente al vacío creado por la corrupción y las idas al exilio, y parafraseando a un humorista de nuestra televisión, afirmaran: “Que nadie toque nada; yo solo puedo tocar”.

Por supuesto que el planteamiento del señor Alzugaray es tan discutible como aquellos que también esgrimieron la emigración de sus propietarios para justificar la clausura o confiscación, hacia 1960, de importantes órganos de prensa (Diario de la Marina, Prensa Libre, Bohemia etc.), así como la expropiación de las medianas y grandes empresas nacionales. Semejante punto de vista contribuye a encubrir el afán totalitario que acompañaba a las huestes castristas desde el mismo momento en que bajaron de la Sierra Maestra.

Pero bueno, en el hipotético caso que le otorgáramos alguna credibilidad a la aseveración de Alzugaray, habría que convenir en que de esa supuesta legitimidad ya no queda nada. Cualquier observador de la realidad cubana aprecia la pluralidad política que se abre paso en nuestra sociedad, y que se manifiesta en la labor de la prensa independiente, el trabajo de los grupos de oposición, y el desempeño de espacios más reducidos como Estado de Sats, los eventos organizados por la Iglesia Católica--- como este de Espacio Laical--, y hasta las discusiones de los jueves en la revista Temas. Y, claro está, no es posible que un partido sea capaz de abarcar un espectro tan amplio de opiniones políticas (liberales, socialdemócratas, democratacristianos y hasta comunistas), aunque sus dirigentes, haciendo gala de un inocultable narcisismo, nos lo presenten como “el partido de la nación cubana”.

En fin, que entre el pluripartidismo y la democracia anida una relación más que curiosa: no se identifican, pero se presuponen. Porque es cierto que el pluripartidismo, por sí solo, no garantiza la democracia. Pero tampoco es posible una auténtica democracia sin la multiplicidad de agrupaciones políticas.

 

 

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