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La moraleja de Wejebe Cobo

Luis Cino Álvarez, Primavera Digital

Arroyo Naranjo, La Habana.- Cada mes, Jorge Wejebe Cobo escribe historias de espionaje –de la CIA, el KGB, el Mossad o el G-2- en la publicación mensual La Calle del Medio. Aunque no me gustan los espías, las prefiero antes que las historias con moraleja –al parecer por encargo "de arriba"- como la que publicó en el número correspondiente al mes de febrero.

Se titula "Los jerarcas rusos y sus parientes pobres cubanos". Un artículo interesante y bien redactado en sus 16 primeros párrafos, los que tratan del caso ruso propiamente dicho. Los 18 párrafos restantes, sobre la parentela de la nomenclatura de acá, más que contener la moraleja -¡ay, Esopo, tú tan conciso!- es pura moraleja. Total, por gusto y para nada, como dicen en mi barrio. Porque los que ya están en la piñata y los que faltan por sumarse, de tan ambiciosos, no van a desanimarse por lo que diga Wejebe. Qué van a hacerlo si ni la batalla contra la corrupción los ha hecho sentirse no digamos amenazados, ni siquiera aludidos.

Wejebe explica que los restauradores del capitalismo en Rusia surgieron de la Nomenklatura: los altos burócratas, ejecutivos, funcionarios y generales que conquistaron sus inmensas fortunas apropiándose de los bienes del estado durante la privatización de la economía que siguió a la disolución de la Unión Soviética. Luego, cita los casos de algunos ex-camaradas convertidos en multimillonarios: Roman Abramovich, Yuri Milner, Mijail Jodorkovsky.

El tema no es traído por los pelos ni la comparación es forzada. Las similitudes son muchas. Pero Wejebe advierte a los funcionarios y militares de acá que pudiesen estar afilándose los dientes para el entierro del castrismo, que la Ley Helms-Burton les impedirá ser sus sepultureros.

Wejebe no debía ser tan categórico. Los de aquí saben hasta donde pueden estirar los pies y las manos. Acostumbrados al trapicheo y la economía de quincallas y bodegas, son pacientes, taimados y se conforman con lo que puedan rapiñar...por ahora. De momento, ya empezaron a acumular capital, conocimientos gerenciales y relaciones en el mundo de los negocios. Muchos capitalistas extranjeros, luego de tanto tiempo de tratar con ellos, pueden preferirlos antes que a ser los buenos por conocer, absolutamente ignorantes del know how gerencial. Los nuevos capitalistas no tendrán clase y carecerán de escrúpulos, pero no de mano dura para hacer que los cubanos trabajen como esclavos y no protesten. Como en China.

De aplicarse el capítulo III de la ley de protección de los derechos de propiedad de los nacionales estadounidenses, los bienes expropiados por la revolución –incluidos los de los cubanos exilados- tendrían que ser devueltos por el gobierno que sustituiría al actual régimen como condición indispensable para ser reconocido por el gobierno de Estados Unidos y el levantamiento del embargo.

Luego de las devoluciones y las compensaciones, bien poco quedaría del botín para "los burócratas corruptos, con cargos obtenidos a base de simulación y oportunismo, que utilizan las posiciones que todavía ocupan para acumular fortunas, apostando a una eventual derrota de la revolución", que dijera el general Raúl Castro ante la Asamblea Nacional en diciembre de 2011 y que Wejebe cita. Precisamente esa es la idea que quieren dejar sentada. Para convencer a los aspirantes a oligarcas de que no vale la pena el desmontaje, es mejor que se atrincheren, sean leales y se conformen con lo que ya tienen y lo que puedan robar.

Pero, ¿alguien cree todavía que la Ley Helms-Burton, más allá de complacer al sector más duro del exilio y de servir al régimen cubano para hacerse la víctima, es medianamente practicable y tiene probabilidades en un escenario post-castrista? Los hechos, cuando se precipiten, le pasarán por encima. Y ahí estarán los mafiosos de la piñata, con los paracaídas puestos, preparados para entrar en cualquier tipo de arreglo. Y no precisamente como porteros o aguanta-mamparas. Por supuesto que no podrán comprar yates de 100 millones de dólares, terrenos en la Luna o mansiones en Silicon Valley. No son tontos. Mejor que nadie saben en qué estado han dejado al país. Wejebe Cobo, que también debe saberlo, no debía estar tan confiado en que su moraleja los llamará al orden. Seguro que sus Jefes no lo están.

 

 

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