Cubanálisis - El Think-Tank

    LA PRENSA INDEPENDIENTE CUBANA

 DESDE EL CAIMÁN

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La mentirosa prensa cubana

Monótona, gris, vigilada, censurada, panfletaria, triunfalista, más de medio siglo vocera de éxitos fantasmas

Víctor Manuel Domínguez, en Cubanet

LA HABANA, Cuba.- La prensa cubana “revolucionaria”, calificada como panfletaria,  monótona, manipuladora, con un diseño gris, mala calidad en  el papel, sin diversidad estilística y conceptual, nació de los restos mortales de un periodismo libre que fuera censurado y más tarde prohibido desde los inicios de la revolución.

Siempre bajo control estatal, su papel de vocera  de la política y la ideología gubernamental, la obliga a la falta de objetividad,  y a la omisión o disfraz de lo que acontece realmente en el país. Ante su patético rol, varios  cubanos hablaron  sobre  la censura, las bolas y el secretismo en la prensa nacional.

La coletilla

 “Todavía  tenemos la suerte  de que por limpiarnos  el trasero con la imagen de Marx,  Mao, Stalin,  o el rostro victorioso de un líder del país en una primera plana,  no seamos condenados a la cárcel,  como lo hacían en Pyongyang los seguidores de Kim Il Sung, dijo con ironía, Ernesto Peñalver.

Ex trabajador gráfico del periódico Avance, primer medio de prensa clausurado por la revolución (19-1-1960), Peñalver, con 75 años de edad, revende periódicos para vivir. “Gajes del oficio, señor. No puedo dejar el giro. Aunque ahora lo hago de forma clandestina y por la puerta de atrás”, señaló.

Según el septuagenario linotipista, desde la imposición por parte de las autoridades cubanas de “La coletilla” (27-12-59),  especie de opinión de los trabajadores gráficos que  refutaban,  debajo de cada artículo, los supuestos ataques contra la revolución, el fin de la libertad de prensa se veía venir.

 “Nosotros no escribíamos nada. Lo dictaban e imponían los viejos agitadores comunistas. Después de Avance, fueron confiscados y nacionalizados El País, El Mundo, y las estaciones de radio y televisión CMQ quedaron agrupadas el 31 de Marzo de 1960  en el Frente Independiente de Emisoras Libres (Fiel)

El malhadado Fiel  fue el principio del fin. Luego caería el Diario de la Marina, y las revistas Bohemia, Carteles y Vanidades, todas con calidad, sin restricciones ideológicas y diversa información, agregó Peñalver. “En ese año no quedó mono con cabeza en la prensa que se opusiera a Fidel. Se acabó”.

Tras levantarse entre las cinco y las seis de la mañana, Peñalver dice, tomarse un traguito de café (si hay), una taza de cerelac, si aún queda, y asearse con agua almacenada y jabón sin ningún tipo de olor.  Luego se reúne con decenas de ancianos que hacen colas para comprar y revender la prensa nacional de hoy.

El secretismo gubernamental

“En Cuba tenemos buenos periodistas, señaló una joven que dijo llamarse Isel. Lo único es que están atados de pies y manos, y más que todo, castrados de la opinión. Quien se salga de la línea oficial jamás escribirá una línea en Cuba. Al menos, en la prensa nacional. Y sobran ejemplos para ilustrar este tema”.

Según la joven, el papel de héroe y de villano del corresponsal del diario Granma en Santiago de Cuba -José Antonio Torres-, primero elogiado por Raúl Castro en el propio periódico, y luego acusado como espía y condenado a 14 años de prisión, es más que suficiente para desestimular cualquier tipo de objetividad que cuestione los intereses del partido comunista y la revolución.

Un trabajador de Acueductos y Alcantarillados que rompe la calle Escobar desde San Rafael a Malecón, preguntado si le gustaba la prensa cubana, expresó: “Leo entre líneas. La verdad es lo contrario de lo que se dice aquí. Pero, acere, ¿en qué me llevo un pan o lo que caiga pa´ los chamas en el gao?”

Asimismo, una señora que compraba el suplemento Cartelera, con información de los eventos artísticos del mes, señaló: “Esto es de lo poco en que se puede creer. Aunque a veces llegas a una exposición o un teatro y es completamente distinta la programación. Pero al menos se puede leer”.

Más adelante, ante una pregunta sobre la objetividad de la prensa nacional, agregó: ¿Puede ser creíble una prensa plana, televisiva o  radial que habla de sobrecumplimientos, avances, logros, cuando la realidad es inversamente proporcional a la información que dan, como sucede cada día en este país?

Además, añadió, son ocultos, o casi nulos, los datos sobre los índices de violencia en el país, el nivel de la droga y la prostitución, el alcoholismo, los robos,  algunas enfermedades, la corrupción estatal, y otras informaciones   que pudieran servir de alerta para el comportamiento de la población”.

Otra señora, que venía de una batalla campal para comprar unas papas en un agro mercado de Belascoaín, indicó: “Ni siquiera se ruborizan cuando hablan del despliegue victorioso de la cosecha de papas, a sabiendas de que la gente, y ellos mismos, tienen que fajarse y no alcanzan, o comprarla por fuera, a los revendedores, a dos dólares el kilo. Son unos mentirosos de marca mayor”.

De acuerdo con muchos de los que hablaron sobre el tema, lo más leído en la prensa nacional son las secciones de quejas y sugerencias Acuse de Recibo, de diario Juventud Rebelde, y Cartas a la dirección, de Granma, por ser una especie de muro de las lamentaciones, donde el pueblo se queja aunque nada resuelva.

En estas secciones -un típico reservorio de calamidades- se leen quejas sobre maltratos, microvertederos, derrumbes, tupiciones, retención de salarios, desalojos, sanciones injustas, expulsión ilegal, falta de medicamentos, peloteo, negligencias, descontrol, corrupción, y engaños, entre otros miles de actos que aquejan a la ciudadanía del país,  y son endémicos dentro de la revolución.

Más allá de publicar estos conatos de quejas, apenas sin solucionar aunque las entidades respectivas deban responder los reclamos de la población, los periodistas cubanos se dedican a elogiar los fantasmales éxitos de la revolución, y a señalar la paja en el ojo ajeno de otras naciones a nivel internacional, que si no son del Alba, la Celac o el Caricom, mucho mejor.

De ahí que la prensa en Cuba, según criterio popular,  sólo sirva para envolver desperdicios, taponar agujeros, rellenar colchones y, sobre todo, como papel higiénico en hospitales, centros recreativos, laborales, deportivos, escuelas, estaciones de ómnibus y el hogar. Y puede que alguien la lea una que otra vez.