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La mafia de la pizza

La gastronomía estatal nutre al mercado negro. El inspector por una caja de pollos calla, el jefe por un jamón

Augusto César San Martín, en Cubanet

LA HABANA, Cuba.- Sin poder atribuirse logros, la prensa oficial redunda el tema de la cruzada contra las ilegalidades e indisciplinas que describen la alarmante corrupción y desorden social.

El pasado día 5, el periódico Granma abordó la problemática en la esfera del comercio y la gastronomía. En la nota, la viceministra de Comercio Interior Odalis Escandel García exhortó a establecer el control de los recursos para enfrentar el delito.

La titular recomienda a “los cuadros” (jefes) disponer mayor tiempo a la planificación de visitas a los establecimientos de comercio y gastronomía.

Para tener una idea del problema es prudente mencionar el origen. Pocos años después de apoderarse del poder en 1959, el gobierno inicio la estatalización de la red comercial y gastronómica del país.

La dirección estatal de los pequeños y grandes negocios embargados, engendró una casta de administrativos que adquirieron poder económico mediante la malversación.

El control gubernamental de la gastronomía y el comercio se organizó en una especie de mafia regida por alianzas económicas. Por décadas estas asociaciones son sustentadas por tributos que a pesar de su cautela, dejan evidencias.

El nepotismo de estos consorcios determinados por lazos familiares, clanes o de carácter regionalista, propicia además la entrega de administraciones o puestos directivos.

El administrador favorecido mantiene la gratitud y tolerancia de los “cuadros municipales” ante las ilegalidades con el pago de no menos de 5 mil pesos semanales.

Para los que están dentro de la cuadrilla, el sistema de comisiones es ineludible. Con el pago aseguran la protección por parte de los funcionarios de las empresas rectoras.

El administrativo del establecimiento se libra de reales investigaciones policiacas, inspecciones de salud pública y auditorias sorpresivas. En el más desfavorecido de los casos recibe la advertencia del control ministerial al establecimiento.

Una política de cuadros diseñada para producir dinero mediante la malversación y la venta de productos del mercado negro introducidos en la red estatal de comercio.

Pertenecer al clan

Un ex almacenero de la pizzería “Maravilla” ubicada en el Cerro, confesó que para mantener la ganancia de 200 pesos diarios sobornaba a los inspectores, pero no fue suficiente.

La fuente que solicitó omitir su nombre por razones de seguridad declaró para Cubanet:

“Le dábamos a un inspector y detrás venían dos más buscando”.

El ex empleado recuerda como de la empresa municipal de gastronomía y comercio enviaron a una inspección de la policía económica.

 “Se limpiaron con nosotros. No éramos del clan, éramos de los que sirven de chivo expiatorio”, agregó.

Junto con el administrador del establecimiento se percató de las malas intenciones de los jefes y solicitaron la baja.

Para el ex gastronómico, es fácil saber quiénes son los del clan de la empresa.

“Nada más tienes que ver los años que llevan administrando y el nivel de vida”.

Al respecto el vicepresidente del Consejo de Ministros Marino Murillo Jorge declaró a la revista Bohemia: “…sancionan a un administrador en un lugar y luego vas y te lo encuentras en otro”. Lo que no aclaró el llamado “zar de las reformas”, es el porqué.

El porqué de las mafias

Según informes extraoficiales de funcionarios de la Empresa de Comercio y Gastronomía de Centro Habana, en el 2012 una inspección detectó el faltante de 7 millones de pesos.

La auditoría no identificó las comisiones que recibían los funcionarios de la institución municipal. Fuentes involucradas en la investigación develaron a este reportero que las comisiones a empleados económicos ascendían a los 25 mil pesos mensuales.

De acuerdo a los últimos informes publicados del Ministerio de Comercio Interior, al cierre del 2006 se registraron pérdidas de 291,7 millones de pesos. En igual periodo del siguiente año ascendió a 440,2 millones.

En el primer semestre del 2008 una investigación de la contabilidad reveló el valor de 95,1 millones de pesos.

Con relación al tema el entonces titular del ministerio Marino Mariño afirmó.

“De lo que se registra a lo que ocurre realmente sigue habiendo un tramo importante… Por el tipo de actividad es en la gastronomía donde más ocurren y por territorios fundamentalmente en Ciudad de La Habana, con el municipio del Cerro a la cabeza. La provincia está haciendo un trabajo serio de depuración de pérdidas y de responsables de ellas”.

Por regla general, los “cuadros” administrativos y responsables de las perdidas, son miembros del Partido Comunista comprometidos a combatir las ilegalidades.

La difícil tarea de eliminar la corrupción con funcionarios que viven de ella cohesiona a los transgresores. El tráfico de influencias entre funcionarios públicos es uno de los puntos neurálgicos en el comprometimiento de las instituciones sociales y políticas de la municipalidad.

Tales consorcios municipales dirigen sus “favores” hacia funcionarios cuya influencia acondiciona o deja el camino libre a la ilegalidad. Esta estrategia denominada “salve”, compromete el silencio que se rompe en los eslabones que no “salvan”.

Un ex empleado del establecimiento “Varsovia” en el municipio Plaza, ofreció a Cubanet, su testimonio al respecto. La fuente oculto su nombre por temor a represalias.

“Si llegan las inspecciones de los comprobadores de la empresa, con mil pesos y una caja de pollo se resuelve”, confiesa.

Agregó que como empleado le era difícil conocer si el director municipal (Plaza) recibe dinero. Pero aseguró que el jefe enviaba al chofer en busca de alimentos.

“Cargaba mercancías… un buen queso, una pierna de puerco, un tanque de aceite, cerveza…¨

Dentro del descontrol consentido que por años se mantiene en los establecimientos de comercio y gastronomía está el equipamiento de las unidades, llamado medios básicos. La misma fuente asegura que son cambiados por antiguos para luego darles de baja por deterioro.

 “Los medios básicos están inventariados como si fueran de la empresa pero son particulares”.

El problema abordado públicamente por el “el zar de las reformas” es otro tema convenientemente sin solución.

La gastronomía llegó a tal punto que en un momento, hasta los modelos para el control económico los ponían los administradores, además de vasos y otros insumos, y eso llevó a indisciplinas generalizadas e ilegalidades como la venta de mercancías “propias”.

Dedicar mayor tiempo a visitar los establecimientos, establecer controles de los recursos, incrementar la lucha contra el delito… Son frases de los dirigentes divulgadas por la prensa que ningún cubano se cree. Al menos mientras la corrupción convenga a la mafia de la pizza, esos quienes dicen dirigir la cruzada contra ella.

 

 

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