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La ley de los que votan con los pies

José Hugo Fernández

LA HABANA, Cuba, www.cubanet.org - Suele decirse que la eliminación de la Tarjeta Blanca ha sido la más significativa entre las reformas aplicadas en Cuba durante la dinastía de Castro II. No creo que sirva de mucho discutirlo. Las cosas son más y menos significativas según quien las valore, y es natural que cada cual tienda a valorarlas a partir de los criterios e intereses que les condicionan sus circunstancias.

En cualquier caso, lejos de constituir un mérito, me parece vergonzoso que el resultado más significativo de la gestión de un gobernante sea abolir un edicto medieval, impuesto y mantenido desde décadas atrás por su propio sistema de poder, aun cuando fuera pieza de museo para cualquier país del mundo civilizado.

Los opositores

Puesto el parche, reconozcamos que algunos beneficios nos ha traído la medida. A los opositores, controversias a un lado, les allanó el camino para esclarecer ante el mundo sus razones. Si lo han hecho bien o mal, o si sencillamente desperdician la oportunidad, ya es asunto enteramente suyo. A los intelectuales y artistas indiscutiblemente les vino bien, sobre todo a los que disponen de medios o mecenas para sufragar los gastos. Y también le ha venido bien a la gente que, con ayuda desde el exterior, decide explorar los mercados laborales y las posibilidades de asentamiento en E.U., Latinoamérica o Europa.

Gracias a que la dinastía de Castro II nos permitió viajar más o menos libremente, y también permite, más o menos, el regreso temporal o definitivo de aquellos que se fueron de la Isla años atrás, ha mejorado, más o menos, el acercamiento entre la familia cubana, tan dispersa y tan fracturada por culpa de la política. E Igualmente la medida fue útil, hasta hace poco, propiciando que algunos paisanos emprendedores trajeran desde el exterior ropas y productos deficitarios aquí para comercializarlos al margen de las inanes y chupasangre tiendas estatales.

Queda entonces por ver qué ha significado esta reforma migratoria para el resto de la población, que es la mayoría, personas sin recursos y sin parientes o allegados en el extranjero, obreros, estudiantes, empleados y desempleados de a pie, negros en demasía, pobladores de la periferia, menesterosos por lo general.

A pesar de que no me convencen los resultados de las encuestas que se realizan en Cuba, donde la cerrazón y represión gubernamental propician que cualquiera se pueda inventar testimonios de personas cuya identidad y cuyas fotografías no está obligado a publicar, opté por ensayar mi propia cuasi encuesta entre ciudadanos de a pie residentes en los municipios habaneros de Centro Habana, Plaza y La Lisa. Así, pues, comprendiendo de antemano la lógica desconfianza de los lectores, me permito referir algunas opiniones recogidas mediante charlas informales, en la calle y en casas de amigos y conocidos.

Los jóvenes

Por ejemplo, entre los jóvenes a quienes pregunté (unos 40), primaron dos actitudes típicas: los que respondían cualquier bobería, como “eso está en talla”, o “sirvió, sirvió” (estudiantes de nivel medio generalmente), y los que ven la medida como algo muy positivo, aunque les preocupa, de cara al futuro próximo, que los trámites migratorios no puedan pagarse con moneda nacional y a precios que se correspondan con las reales posibilidades de la mayoría de la gente.

Las amas de casa consultadas (58) coincidieron casi en su totalidad a la hora de situar la reforma migratoria por debajo, en importancia, de otras medidas, como la extensión del trabajo por cuenta propia, o como el hecho ¿simple? de que por vez primera en 50 años se venda pan liberado, mejor aunque más caro que el de la libreta, y en horarios abiertos. Todas elogiaron la eliminación de la Tarjeta Blanca. Y muchas dijeron, quejosas, que ahora las trabas para que viajemos las ponen las embajadas de otros países, ignorando, o al menos sin tener presente que tales negaciones de visas se deben al miedo de los gobiernos ante posibles oleadas migratorias de cubanos, o sea, que la traba es igualmente culpa de nuestro régimen dictatorial y empobrecedor, del cual la gente quiere huir en masa, sobre todo los jóvenes, aunque ya no solamente ellos.

El derecho a regresar

Algo más de 60 mujeres y hombres agrupados a ojo de buen cubero en la edad laboral, vertieron criterios sustanciales, los de mayor peso dentro de mi cuasi encuesta.

Los más recurrentes coinciden en que mientras no se resuelva o al menos se alivie la dura crisis económica que afecta a la mayor parte de la población, la importancia de la reforma migratoria será siempre relativa. Insistieron en que a todos les parece una buena medida, pero son pocos los que pueden servirse directamente de ella. Incluso, aquellos que la ven como una opción, no se interesan en ella sino como otra variante de lucha económica, pues el pueblo cubano carece radicalmente de cultura turística. De modo que esta medida viene siendo a fin de cuenta la ley de los que votan con los pies. En tanto, los que optan por vivir aquí, o aquellos a quienes no les queda otro remedio, aun cuando consiguieran el dinero requerido para viajar, necesitan emplearlo en la solución de problemas más perentorios: alimentación, vivienda, pequeños negocios…

Tanto estos últimos como el grueso de los demás cuasi encuestados, se refirieron favorablemente al derecho al regreso (de quienes viajan o de quienes viven en el exterior) como otra de las aristas más positivas de la reforma. Mientras, sólo tres –ancianos- manifestaron no estar de acuerdo con la medida, pues, según ellos, favorece al régimen en mayor proporción que al pueblo. Y cinco de mis cuasi encuestados (dos mujeres y tres hombres, uno de ellos joven) la descalificaron sin matices, alegando que a los pobres no les hace falta viajar sino comer, vestirse y tener una casa y un empleo que les permita vivir sin sobresaltos.

En suma, fueron algo más de 150 criterios, acopiados informalmente entre gente de a pie, no profesionales ni artistas ni disidentes. Y aunque bien se sabe que un centenar de golondrinas no hace verano en una ciudad de 2 millones de habitantes, aproximadamente, tal vez sirva para dar una leve idea en torno al estado de opinión popular sobre este asunto. Si no resulta suficiente o creíble, qué remedio. También mis circunstancias me condicionan, así que apenas pude hacer uso de la posibilidad de describir el paisaje con trazos de pintor de brocha gorda.

Por lo demás, sea ésta o no la reforma más significativa de la dinastía de Castro II, creo que de todas maneras pasará a la historia, si no como la ley por la cual dejamos de ser rehenes del régimen, al menos como la que mejoró pálidamente nuestro estatus, convirtiéndonos en rehenes con disyuntiva legal para la huida.

 

 

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