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La ley con sangre entra

Amarilis C. Rey, Primavera Digital

Managua, La Habana.- El taxi en que viajaba recorría la capitalina Calzada de 10 de Octubre. El sol, en su punto más alto, castigaba con fuerza dentro del auto, que como muchos otros, había perdido el aislante del techo y las paredes interiores. Por la radio se escuchaba la propaganda gubernamental que exhortaba a asistir al desfile del primero de mayo como apoyo a la revolución (uno de los gobiernos más largos de la historia.)

De pronto, como si mirara un filme de acción a través del parabrisas, un hombre alto de la raza negra que corría delante de varios policías, fue impactado por otro auto que transitaba en sentido contrario al nuestro.

El perseguido cayó al pavimento. Luego, con una agilidad increíble, de un salto logró incorporarse y continuar la huida. Pero había perdido ventaja y en unos segundos fue alcanzado por los agentes. Con dificultad lo esposaron, pues el hombre daba brincos constantemente y forcejeaba con sus captores.

La primera impresión de quienes compartimos la escena fue de compasión por el atropellado, pero casi de inmediato la opinión varió cuando alguien del público que comenzaba a aglomerarse en la esquina de Tamarindo dijo al chofer del taxi: “Parece que el tipo lleva drogas encima.”

EL auto continúo viaje, y los pasajeros querían todos esgrimir su criterio, a la vez que contaban historias de sucesos recientes. Uno de ellos exclamó: “Hace varios días, por la zona de Fraternidad apareció la cabeza de un tipo.”

 “Esto esta malo, a la miseria y el hambre que hay, ahora se le suma el desempleo; aquí nadie va a poder ni ponerse una ropa buena porque a pleno día te van a dejar desnudo en la calle,” comentó una señora desde el asiento trasero del vehículo.

 “Es que mientras sigamos con los brazos cruzados, como estamos aguantándolo todo, pues vamos a seguir así”, expresó el chofer en voz alta.

Un señor que viajaba a su lado afirmó: “Aquí estamos presos en este país. ¿Dónde puedes ir? Porque a mí que no me vengan con cuentos. Si eres de Oriente, no puedes ni venir a La Habana, ¿tú crees que eso es libertad? Pero tú vas a ver el primero de mayo como la gente va y desfila. Y aquí no hacen falta desfiles, aquí lo que hace falta libertad.”

Identificada con las palabras de aquel desconocido, recordé la frase que me repitió varias veces recientemente un oficial de la policía política: “No vamos a permitir… no vamos a permitir…”

Aquella frase fue la idea central de una conversación, el 19 de abril, en la Sección 21, uno de los cuarteles de la Seguridad del Estado, cuando junto a la madre de la opositora Sara Marta Fonseca, tratábamos de averiguar su paradero pues hacía varias horas que estaba detenida tras recibir una golpiza por parte de una brigada de respuesta rápida. El delito de la opositora fue colocar en la fachada de su domicilio carteles antigubernamentales y en contra el VI Congreso del Partido Comunista.

En vísperas del 1 de mayo, nuevos arrestos y golpizas se vieron materializados en la persona de Sara Marta Fonseca, su hijo y su esposo, del opositor Rodolfo Ramírez, del expreso político Ángel Moya y de muchos otros que también en esta ocasión fueron golpeados y arrestados por manifestar su desacuerdo con el régimen.

El gobierno “no va a permitir” y para enfrentar a quienes protestan pone en práctica aquel refrán, que según contaban mis abuelos, vino de la madre patria: “La letra con sangre entra”. Solo que en este caso, quienes en Cuba mandan a reprimir, modifican la frase y parece que dijeran: “La ley con sangre entra.”

A las disímiles dificultades, la corrupción y la delincuencia que por años sufre la sociedad cubana, ahora se agrega un incremento en los conocidos métodos represivos. Quizás, eso es parte de los cambios esperados al pasar el poder de un hermano a otro.