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La incumplida seguridad alimentaria

Osmar Laffita, Primavera Digital

Capdevila, La Habana, (PD) Todo el mes de agosto la prensa oficial cubana desplegó una profusa información de los reales peligros que representa para la población mundial la imparable subida de los precios de los alimentos.

De manera alarmista señalaron que por la prolongada sequía que azotó las principales regiones agrícolas de los Estados Unidos, los ya altos precios de la soya, el maíz, el arroz y el trigo, experimentaron una subida del 6%, algo realmente insostenible, principalmente para aquellos países que son tradicionales importadores de alimentos. Pero la prensa oficial no mencionó entre ellos a Cuba.

El Grupo de los 20 (G-20) celebró una cumbre de emergencia para tratar el tema, pero no hubo consenso en torno a la reducción de los aranceles e impuestos de importación, sobre todo de aquellos países que subsidian a sus productores, lo que hace más ventajosas sus exportaciones de alimentos.

En el conclave del G-20 no se llegó a un consenso entre exportadores y compradores de alimentos debido a la falta de trasparencia sobre las reales existencias y la producción posible.

Se atribuye como causa de estas subidas de precios el aumento de las compras de alimentos por parte de China e India y los altos precios del petróleo.

La opinión que prima en las esfera del gobierno cubano es que urge acciones coordinadas para enfrentar el encarecimiento de los alimentos para evitar una catástrofe, por eso plantean actuar con celeridad para lograr la seguridad alimentaria para la población cubana.

Pero la prensa oficial ha ocultado que entre los grandes importadores de alimentos se encuentra Cuba y que el gobierno cubano no acaba de hacer público un plan acerca de cómo resolverá este problema de producir, comerciar y consumir los productos del agro.

Es una realidad que en Cuba en estos últimos cinco años se han producido tres fuertes subidas de los precios de los alimentos. Llama la atención que ante esta crisis de la subida de los precios, en lo que va de año, la producción agrícola ha estado rodeada de un velo de secretismo. Tan es así que la prensa oficial no ha dado a conocer cuales fueron los resultados de la agricultura al terminar el primer semestre.

En la Asamblea Nacional del Poder Popular, celebrada a finales de julio, no se discutió nada relacionado con la importación de alimento, el monto de dinero que se destina para comprar los mismos y las medidas que se han tomado para detener la sangría de dólares que se destina a comprar alimentos que en su mayoría y sin ningún problema se pueden producir en Cuba.

La campaña a favor de la seguridad alimentaria es pura propaganda, algo que todavía los cubanos no ven concretado a la hora que van al agro a comprar los alimentos, que cada día que trascurre suben más de precio.

Es un secreto a voces que el peor de los ministerios cubanos es el de la Agricultura. Se ha podido conocer que en el semestre incumplió en 12 renglones. A esto se añade la desastrosa situación contable de sus empresas que a finales del pasado año entre cuentas por pagar y cobrar vencidas reportaban un monto de 63 712 000 de dólares.

Todo el desastre que reina en la producción agrícola es entera responsabilidad del Ministerio de la Agricultura, el cual está atrapado por una generalizada incuria, provocada por la acción cada vez más notoria de una burocracia corrupta, cerrilmente enemiga de todas las reformas.

Esta burocracia, desde sus privilegiadas posiciones, entorpece el normal funcionamiento de todo el entramado productivo del ministerio y sus dependencias, la cual propicia la dilapidación de los recursos, pérdidas injustificadas de cosechas y el control escandaloso de la comercialización de los productos.

La complicidad mafiosa de la burocracia con los revendedores evita que haya abundancia de mercancía en los mercados agropecuarios, lo cual contribuye a que los precios de los alimentos cada día sean mayores.

Todas las trabas que impone esta corrupta burocracia han dado lugar a la pasividad, la indiferencia, la apatía y la degradación generalizada que reina entre los trabajadores de las granjas estatales, los cooperativistas, campesinos y usufructuarios. Después de meses de duro trabajo ven impotentes que no tienen ninguna libertad de vender sus cosechas directamente, lo que desestimula la producción. Los productores no se interesen en alcanzar altas cosechas porque se les echan a perder porque no se las acopian a tiempo o se les paga menos de lo que realmente valen.

 

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