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¿La hora de los intelectuales?

Rogelio Fabio Hurtado, Primavera Digital

Marianao, La Habana.- Fieles a la ortodoxia stalinista, como en casi todo, los fidelistas cubanos asumieron el tradicional desdén por los intelectuales. Una y otra vez les endilgaron el calificativo "de partes blandas de nuestra sociedad", dando por sentado que ellos constituyen las partes duras y que los adictos al librito son los flojos de siempre.

Paradójicamente, el proceso revolucionario ha generado un buen número de intelectuales, formados con rigor en la propia isla y con frecuencia doctorados en prestigiosas universidades del campo socialista. A este abundante capital humano no ha sido fácil encontrarle empleo en la superestructura estatal.

Recuerdo un chiste radial del amigo Fernández Larrea donde en su popular Programa de Ramón donde dos graduados de sociología coincidían al botar los latones de basura de sus viviendas, única misión para las que se consideraban idóneos estos licenciados.

Pese a que muchas de estas personas han tomado en las últimas décadas el camino del extranjero en busca de ambientes y sociedades donde sus capacidades puedan aplicarse sin sospechas, aun quedan unos cuantos en Cuba.

La revista católica Espacio Laical, actualmente proyecto del Centro Cultural Padre Félix Varela, está cobijando en sus páginas a muchos de ellos, sin distingos generacionales. Así, en dicha revista podemos leer desde al veterano licenciado Félix Sautié Mederos (1938) hasta los no menos licenciados Dimitri Prieto Samsónov (Moscú, 1972) y Guennady Rodríguez Delgado (La Habana, 1981). Para condimentar mejor la oferta, se le concede espacio a Manuel David Orrio, ex oficial del Departamento de Seguridad del Estado, cuyos criterios en materia constitucional, por cierto, no son desdeñables.

A estos intelectuales los une indudablemente la necesidad común de hacerse oír. Leyendo los extensos discursos unánimemente inteligentes y críticos, se echa en falta los argumentos del abogado del diablo, porque apenas se produce debate. Si en los medios de difusión oficiales todos están de acuerdo en el aplauso, aquí el abucheo al discurso gubernamental es igual de monocorde.

Al parecer a los medios públicos bajo el control del estado se les prohíbe rigurosamente responder a los cuestionamientos que les llueven desde los cuatro puntos cardinales. Entonces, no cabe hablar de diálogo. Aunque los aparatos represivos registren cada coma emitida, lo hacen solo con fines de infligir eventuales castigos.

Los intelectuales cubanos conocen de sobra esta realidad y sin embargo están atreviéndose a formular sus criterios con claridad admirable. El monolitismo ha comenzado a agrietarse irreversiblemente.

Por ejemplo, el laureado novelista Leonardo Padura Fuentes no vaciló en confesar que la televisión cubana no se atrevió a entrevistarlo en vivo a propósito de su Premio Nacional de Literatura recién concedido. Este tipo de revelaciones eran impensables apenas dos o tres años atrás.

Otra de las novedades evidentes es la inclusión entre los autores publicados de estudiosos como Haroldo Villa Alfonso y Pedro Campos.

En el número 3 del presente año de Espacio Laical, el licenciado Lenier González Mederos emite juicios como el siguiente: "En torno a este pequeño núcleo, en cuyo centro están Fidel y Raúl Castro, es donde ha operado una reestructuración apreciable de nuevas personas en el ejercicio de tareas de gobierno. Se ha tratado de un proceso donde ha primado el desplazamiento progresivo de personas vinculadas al ex presidente Fidel Castro y su sustitución por cuadros formados en la escuela de Raúl Castro".

Sirva esta cita como botón de muestra.

Tal como en otras ocasiones he cuestionado los textos aparecidos en la revista Espacio Laical, ahora no puedo menos que aplaudirlos sinceramente.

 

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