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La historia no divulgada de Sarkis Yacoubian

Osmar Laffita Rojas, Primavera Digital

Capdevila, La Habana.- En 1993, Sarkis Yacoubian y Vahe Cy Tokmakjian, dos canadienses de origen armenio, dos lobos disfrazados de inocentes ovejas, con una mano delante y otra atrás, aterrizaron en La Habana.

Era pleno Periodo Especial, la economía cubana estaba sumida en una imparable crisis, como consecuencia de la abrupta caída del comercio con los desaparecidos países socialistas y la inesperada desintegración de la Unión soviética.

El Producto Interno Bruto (PIB) de Cuba había llegado un 37% de decrecimiento.

El gobierno cubano necesitaba de una urgente inyección de dinero, tecnología e insumos de todo tipo, que solo les podían proporcionar las empresas capitalistas extranjeras.

Fue en ese deplorable ambiente de crisis que estos dos canadienses vieron la oportunidad única de enriquecerse a costa de la necesidades que tenía el gobierno cubano.

En 1996, Yacoubian, separado de su socio Tokmakjian, fundó en Yarmouth, Nueva Escocia, Canadá, la firma comercializadora TriStar Caribbean Inc. Ese mismo año regresó a La Habana y la Cámara de Comercio de Cuba y el Ministerio de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, le dieron la patente de corso.

Yacoubian abrió la filial de su compañía en La Habana el 24 de julio de 1997. La representación de TriStar en Cuba estaba domiciliada en avenida 5ta-E No. 9418, en Miramar. En el momento de mayor actividad comercial llego tener 60 empleados, lo que la convirtió en la firma extranjera radicada en La Habana, con el mayor número de trabajadores contratados por la Agencia de Contratación a Representaciones Comerciales (ACOREC).

Antes de que cerraran definitivamente las oficinas de TriStar, la mayoría de sus ejecutivos, canadienses y cubanos, tuvieron que personarse a declarar ante el órgano de instrucción de Villa Marista, cuartel general de la Seguridad del Estado. Algunos de los que fueron interrogados, entre ellos Yacoubian, quedaron detenidos en espera de juicio.

Este fue comienzo del fin de Yacoubian, que era señalado como un empresario extranjero intocable, debido a que era un ejecutivo de máxima confianza en las altas esferas de los ministerios de la Construcción, Salud Pública, Trasporte, lndustria Sideromecánica, Industria Básica, Comunicaciones y MININT.

En el ambiente empresarial a Yacoubian se le conocía como el zar de comercio automotor en Cuba.

Hace años, entrevistado por un periodista extranjero, sobre el desempeño de TriStar en Cuba, Yacoubian afirmaba que veía “un futuro muy positivo porque una firma que tiene por filosofía la trasparencia y se ocupa de sus responsabilidades, en cualquier lugar tiene éxito y en Cuba, mucho más.”

La Fiscalía contó con el diligente apoyo del represivo aparato de instrucción de la Seguridad del Estado para conocer cuál era la verdadera labor del delincuente Yacoubian.

A Yacoubian, sus más destacados clientes lo describían como un honrado mecenas, que donaba parte de su dinero para aliviar las grandes necesidades del pueblo cubano. Traía a Cuba contenedores llenos de ropas usadas que recolectaba gratuitamente en Canadá, ambulancias para Salud Pública, equipos para la construcción y la industria minera.

La prensa oficial no ha dicho que este delincuente con disfraz de hombre bueno, durante mucho tiempo realizó turbias operaciones financieras en las que participaron, como cómplices y beneficiarios, funcionarios cubanos de diferentes ministerios y empresas.

El tendido del cable submarino de fibra óptica entre Venezuela y Cuba, cuyo costo fue de 70 millones de dólares, fue sufragado totalmente por el gobierno de Caracas. Los fuertes vínculos que Yacoubian mantenía con el Ministerio de Comunicaciones, le sirvieron a los corruptos funcionarios de la empresa de Telecomunicaciones Gran Caribe (TGC), fundada en 2007 y responsabilizada con el tendido del cable submarino: TriStar les sirvió para lavar el dinero, proveniente de las operaciones ilegales de funcionarios de TGC.

La firma de Yacoubian se desempeñó como una suerte e banco en el que se lavó mucho dinero de operaciones sucias sin levantar la menor sospecha.

Dios los cría y el diablo los junta. Su socio de aventuras, Tokmakjian, a quien el pasado 2 de octubre el Tribunal Provincial de La Habana condenó a 15 años de prisión, fue el principal instigador en contra suya. Le sabía mucho, porque ambos compartían de manera exclusiva en Cuba el negocio de la venta de vehículos automotores.

Tomakjian proporcionó la información que la Seguridad del Estado necesitaba para detener al presidente de TriStar, enjuiciarlo y condenarlo, en noviembre de 2013, a 9 años de prisión.

Así, Tomakjian logró quitarse de encima a tan molesto competidor.

Ya en prisión, Yacoubian, que conocía de los negocios turbios de su hoy enemigo Tokmakjian, con el solo propósito de poder librarse de la condena, tomó la innoble y cobarde decisión de cooperar con la Seguridad del Estado y les tiró lodo a bastantes funcionarios que se habían librado temporalmente de una condena. En recompensa por tan aborrecible acto de traición, lo indultaron y lo autorizaron a regresar a su patria adoptiva, Canadá.

Aquí ya no lo querían. Roma paga a los traidores, pero los desprecia.

 

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