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 La Habana y el monopolio de la intolerancia

Osmar Laffita Rojas

LA HABANA, Cuba, diciembre, www.cubanet.org - No existe ninguna voluntad por parte del gobierno cubano de que la gente en la Isla conozca hasta dónde se ha avanzado luego de que el presidente Obama flexibilizara los encuentros culturales entre ambos países y, por supuesto, entre los cubanos que residen en ambos lados del Estrecho de la Florida.

Debido a la política gubernamental de ocultamiento que mantienen los medios oficiales, la mayoría de la población de la Isla desconoce que el pasado año nos visitaron cerca de medio millón de cubano-americanos, pues el régimen diluye las cifras, incluyéndolos en la categoría de “turistas”. Tampoco se habla de que el monto de las remesas, sumado al envío de alimentos y artículos varios, se elevó, en 2011, a 3,800 millones de dólares; o que diariamente aterrizan en los aeropuertos cubanos unos 9 vuelos chárter, procedentes de  Estados Unidos, con cubano-americanos que vienen a su país, cargados de dinero y regalos, para visitar a familiares y amigos, y ayudarlos.

A pesar de la estafa de su supuesta “reforma migratoria”, la  élite gobernante demuestra que en realidad no tiene interés alguno en abrir los caminos que posibiliten la verdadera unidad de la nación cubana. Su discurso sigue tan apegado como siempre a la confrontación y a la descalificación.

Los medios oficiales ocultan que continuamente numerosos músicos, artistas e intelectuales de la Isla se presentan en Estados Unidos, principalmente en Miami, donde tienen su público natural, con total tranquilidad y, en muchos casos, con gran éxito.

El gobierno trata de que nuestra gente no sepa que es raro el día en que en Miami no se presente, lo mismo en televisión, en centros nocturnos, en teatros, en la radio, o en cualquier tipo de espacio, algún artista o intelectual procedente de la Isla. Frecuentemente hay varios artistas llegados de La Habana, presentándose simultáneamente por toda la ciudad de Miami. La lista es interminable e incluye numerosas personas públicamente identificadas con la dictadura, que incluso alardean de su apoyo a la misma y su fidelidad al Comandante; junto a muchos otros que al desembarcar en Miami dicen no saber “nada de política”; ¡como si fuera posible para un cubano no saber nada de política!

La población cubana está ajena al hecho de que la Orquesta Sinfónica Nacional, después de  52 años de fundada, realizó, por primera vez, una gira por los Estados Unidos, la cual se prolongó durante casi todo noviembre. Su primer concierto fue en el teatro Matthey, de  Tampa; luego, se presentó en  Kansas, Iowa, Massachusetts, New York, New Jersey, y finalizaron en la Florida, con actuaciones en Daytona Beach, St. Agustine, Naples y West Palm Beach.

Tampoco los medios oficiales cubanos informaron sobre la reciente actuación de un grupo de famosas cantantes residentes en la isla, encabezadas por la vedette Rosita Fornés, que fueron clamorosamente recibidas por el público en el Miami-Dade County Auditorium, el pasado12 de noviembre.

Ania Linares, Mirtha Medina, Malena Burke y Ana María Pérez, divas de la canción cubana residentes en la Florida, participaron en el espectáculo “Grandes divas cantan a Las Diegos”, que sirvió de ocasión para rendirles merecido homenaje también a Celia Cruz, Olga Guillot, Elena Burke y Marta Pérez.

Se cuenta que, con sus 90 años, la Fornés provocó el arrebato entre los muchos asistentes cuando interpretó la canción “A mi público fiel”, especialmente escrita para ella por las homenajeadas Teresita y María Luisa (Las Diego), cantantes y compositoras cubanas, muy populares en La Habana durante las década de los 70, emigradas a los Estados Unidos durante el éxodo del Mariel.

Además de la Fornés, fueron desde La Habana, para el espectáculo, Beatriz Márquez, Yaima Sáez (con su personalísimo registro de contralto, que cautivó a los asistentes, a pesar de ser una desconocida para el público miamense), Vania Borges y Osdalgia Lemus, a quien el público comparó con la inmortal La Lupe.

Hubo una calurosa acogida para todas las artistas por igual, independientemente de su lugar de residencia. Con esta positiva reacción, los cubanos de Miami mandan nuevamente, sin proponérselo, un claro mensaje al gobierno: sus intentos de presentar al exilio miamense como una “mafia intolerante” y ocultar la gran tolerancia y apertura de la diáspora, están condenados al fracaso. Es por eso que los medios de nuestra mañosa dictadura ocultaron el hecho a los residentes en la Isla.

Los encuentros entre cubanos de ambas orillas testimonian que el amor por la tierra en que nacieron permanece intacto. Es precisamente ese amor el que derriba los muros de silencio, levantados por el régimen, para mantener la absurda separación que nos impone. Cuando los nuestros tienen una oportunidad, demuestran que Cuba, para la inmensa mayoría de nosotros, siempre ha sido una sola.

Desde hace ya mucho tiempo, el monopolio de la intolerancia tiene su sede en La Habana, no en Miami, ciudad tolerante donde las haya.

 

 

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