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“La gente quiere comer, vestirse, vivir…”

Las calles habaneras hierven con los cambios entre EEUU y Cuba. Opiniones encontradas, acalorados debates, mas todo el mundo se encuentra expectante ante lo que está por venir. El 2015 traerá las respuestas a tantas interrogantes

Ernesto Pérez Chang, en Cubanet

LA HABANA.- El pasado 17 de diciembre, en una alocución televisiva desde su despacho, Raúl Castro anunció el comienzo de la normalización de las relaciones con los Estados Unidos.

“Aquí nada cambia para mejor”, nos dice Manuel Soto, un jubilado de 68 años, refiriéndose a los recientes anuncios del gobierno. “Pueden venir los americanos, los rusos o los chinos, aquí siempre los jodidos vamos a ser nosotros. Cuando éramos amigos de los rusos y ellos mandaban de todo, aquí había cantidad de gente que se acostaba sin comer y que el techo de la casa se le caía encima. El hambre no es de ahora, ni del Período Especial. ¿Por qué se fue la gente en los 60, y en los 70, y en los 80? Yo no sé por qué hay gente por ahí tan contenta si todo el mundo sabe que estos tipos [refiriéndose al gobierno cubano] no sueltan nada para el pueblo”.

Aunque nos aclara que no le gusta hablar de política y que no le interesa quién esté en el poder, José Tomás, sin dejar de limpiar el fruto de su pesca en el Malecón habanero, coincide con la desesperanza de Manuel Soto: “Aquí cada año es peor. La cosa se pone fea y al final allá arriba todos se dan la mano. La política es sucia. Es mejor ni hablar, que cuando vengo a ver ni me dejan pescar”.

Para Bertha Vega, vendedora de artesanías para el turismo, la noticia de la normalización de las relaciones con los Estados Unidos, sólo porque fue anunciada un 17 de diciembre, ha sido “un verdadero milagro” y una “respuesta a las plegarias de la gente”. “Entre tantas cosas malas en todos estos años, al menos hay una noticia buena. Yo creo que las cosas pueden mejorar pero tú sabes cómo somos aquí. Si no lo hacen a la entrada, lo hacen a la salida y de momento se paran y dicen que si los americanos esto o que si lo otro, y adiós. Entonces terminamos más atrás que antes. […] Vamos a rezar porque todo sea para bien”.

Daniela, una estudiante de preuniversitario que por temor a represalias nos pide discreción, se muestra escéptica: “No sé, es que lo dijeron así de pronto y me puse contentísima pero ahora yo no sé qué pensar. Lo peor de todo es que ahora no sabemos qué va a pasar con la gente que se quiere ir. Porque si a los americanos les da por cerrar y comienzan a virar a todos los que llegan a Estados Unidos, esto se va a poner muy malo. Aquí todo el mundo vive con la idea fija de irse en algún momento, si nos quitan eso, no sé qué pasará. Eso me tiene muy mal y en mi escuela y aquí en el barrio todos hablan de lo mismo. Ya a casi todo el mundo se le ha pasado la contentura. Nada, que aquí salimos de Guatemala para entrar en Guatepeor”.

Luis Mario, amigo y vecino de Daniela, también teme que sus planes de viajar a los Estados Unidos en un futuro inmediato terminen por frustrarse: “Yo todo esto lo veo un poco raro. Hasta hace unos días decían que no y ahora es que sí. Y después verás que hasta se dan besitos [se ríe]. Cuando vienes a ver me tengo que quedar trancado aquí, eso es lo que quiere esta gente [se refiere al gobierno cubano], obligarte a hacer lo que ellos quieren porque saben que todo el mundo está para pirarse, hasta ellos mismos quieren pirarse [se ríe]”.

Félix de la Paz, obrero de 37 años, es de los que esperan un cambio positivo, aunque no deja de pensar que todo puede ser una estrategia del gobierno cubano para ganar tiempo: “Ojalá que la cosa cambie y que se den cuenta de que los cubanos no queremos seguir pasando trabajo, que esto ya no da más. Sí es así, mejor para todos. No se puede seguir con los ojos cerrados, la gente quiere comer, vestirse, vivir como todo el mundo y no estar en esa bobería de que si el enemigo y que si la revolución, ya eso pasó. Pero también creo que aquí hay gato encerrado y están dando tiempo para que todos los viejos se mueran o para inventar cualquier cosa”.

Urbano Sánchez, chofer cuentapropista, no espera grandes resultados de los acuerdos entre los dos gobiernos porque: “aquí primero te dicen que estamos pasando hambre por culpa del bloqueo pero después te dicen que es porque nadie quiere trabajar y después que es porque el ciclón se llevó las matas de plátano y al final siempre hay un pretexto para todo. Ellos son los buenos y los americanos son los malos. Y cuando los americanos quiten el bloqueo y sean los buenos, entonces los malos somos nosotros por ser vagos y, pase lo que pase, siempre vamos a pasar trabajo. Yo llevo años oyendo lo mismo y no hay quien me haga cuento. Ya tú verás”.

A pesar de que los medios de prensa oficialistas han circunscrito la noticia de la normalización de las relaciones con los Estados Unidos al regreso de los tres espías presos y, de paso, a maravillarse ante los “vaticinios” de Fidel Castro (en un ridículo esfuerzo por endilgarle las cualidades de un santo milagroso), en las calles de la isla pocos prestan atención a tales enmascaramientos de la verdadera y más preocupante realidad de los acontecimientos que están por acaecer.